Conciencia y libertad (recordando a Sartre)

El hombre nace siendo nada. La piedra es piedra y es inmutable. Lo que es inmutable no tiene conciencia y por eso nunca aspira a cambio alguno.

El ser humano tiene todas las posibilidades ante sí. Lo sabe porque es consciente y puede salir de la nada porque es libre.

Conciencia y libertad son los atributos que la piedra no posee. Nosotros,los mutantes, nos vamos conformando a través de nuestras decisiones.

Yo no estoy predeterminado, mis decisiones me transforman. Las decisiones no quedaron varadas en el tiempo como una ballena en una playa. Tras una viene la otra y nosotros nos vamos haciendo según sea el camino que hemos ido tomando.

La responsabilidad es nuestra. No vale refugiarse en no tuve remedio o en no pude hacer otra cosa. Echar la culpa a las circunstancias es esconder la cabeza en la arena. Ellas no toman decisión alguna, somos nosotros. Cuando nos refugiamos en esta excusa estamos en realidad dando la razón a Sartre cuando hablaba de mala conciencia. Las circunstancias no nos obligaron, lo que hicimos fue decidir no hacer algo. El propio Sartre nos pone el ejemplo de la libertad del esclavo. Él puede decidir no obedecer, sabe que si lo hace puede morir, pero la decisión está en sus manos. Si obedece es porque quiere vivir no porque esté obligado a obedecer.

Cuando elegimos actuamos. Nosotros decidimos lo que está bien y lo que está mal. Los valores no nos son dados, no están ahí para que los obedezcamos. La vida, la naturaleza carecen de valores.

Sabernos responsables es lo que nos provoca angustia. El precio de la libertad es la angustia.

El cobarde no hace, se queda paralizado, atenazado por la temporalidad, por la muerte segura. Volver a la nada y sabernos solos hacen que la responsabilidad sea un peso excesivo sobre nuestras espaldas. Nos refugiamos en dioses que todo lo pueden, que nos lo dan todo hecho, que nos muestran el camino, que nos dicen de qué árbol comer y de cuál no, que nos quitan, en definitiva, el peso de la angustia y de la duda .Pagamos,sin dudarlo, como tributo nuestra propia libertad.

El valiente, por el contrario, acepta el reto de hacerse a sí mismo y de ser, a pesar de que su último destino pueda ser desvanecerse en la nada de nuevo.

La conciencia nos hace presentes a los otros y nosotros lo estamos en ellos. Ellos existen, nos observan y nos piensan. No estamos solos. Nuestras decisiones les afectan. Cuando decimos que nada pudimos hacer por los demás estamos otra vez ante la mala conciencia. No vale alegar nuestra impotencia. Mentimos. Lo cierto es que elegimos no hacer nada. Quisimos dedicarnos en exclusiva a nuestra angustia.

Esa conciencia de los otros nos debería impulsar a liberar al ser humano, a pasar de la nada al ser. No importa que la vida en sí, tenga sentido o no lo tenga. Nosotros se lo damos. Esa es ,tal vez, la decisión más importante.

El valiente es generoso.

Nos guste o no, lo entendamos o no, también esto lo dijo Sartre , estamos condenados a ser libres.

Bendita condena.

Inadaptados

Estaba yo sentado a la sombra de un árbol viendo a J. jugar con sus amigos. He  echado un vistazo al entorno y he analizado a los individuos que lo poblaban.Algunos parecían encontrarse como pez en el agua, adaptados al medio.Otros, al contrario, mostraban bien a las claras sentirse  fuera de sitio, situación o contexto.De ser ese el único universo posible no haría falta ser Darwin para saber a ciencia cierta quiénes serían los supervivientes y quiénes serían siglos después estudiados como especie extinguida.La adpatación posibilita la supervivencia de los individuos.Quién lo consigue sobrevive.Cuando las condiciones no se alteran, todo permanece inmutable.Nada cambia.Las hormigas eran hormigas  y se comportaban igual que ahora desde la noche de los tiempos. Los humanos, por contra, somos como funambulistas caminando siempre al borde del abismo. Nos adaptamos, pero a medias.Vivimos constantemente luchando por ser parte del medio y por cambiarlo a nuestro antojo, por conservar y destruir al mismo tiempo.Esta esqizofrenia nos hace comportarnos de forma imprevisible y casi siempre en contra de toda lógica.La paradoja del desarrollo humano es que éste proviene de nuestra negativa a adaptarnos, a aceptar lo que una hormiga acepta sin pestañear y sin consciencia.Como pasaba el tiempo, J. no se cansaba de jugar y yo empezaba a no adaptarme he imaginado situaciones y comportamientos que apoyaran la hipótesis que quería demostrar: la contradicción, la no adaptación e incluso los comportamientos negativos y autodestructivos en apariencia colaboran en el desarrollo de nuestra especie.Hay muchos ejemplos posibles.Hoy, a mí, en una soleada tarde de parque, entre niños y ruido, se me han ocurrido tres.Habrá más.Así lo espero.

Pagar por adelantado

Es propio de quien no se ha adaptado adecuadamente a esto de vivir el agobiarse con antelación, sentir la angustia que nos apresa de antemano y que anida en nuestro estómago.No importa saberse capaz de llevar a buen puerto la tarea que se nos presenta como un reto. De nada vale que la cabeza nos diga y nos muestre lo inútil de nuestra preocupación extemporánea.Tampoco la experiencia acumulada nos ayuda. Sabemos que otras veces nos ocurrió lo mismo y que el insomnio y la úlcera de estómago fueron absolutamente inútiles. Una y otra vez tropezamos con la misma piedra.Esta piedra, más bien roca, compuesta de agobio y angustia a partes iguales, nos impide disfrutar del tiempo que media entre la pre-ocupación y la ocupación misma. Cuando el día D y la hora H llegan, el fantasma del miedo desaparece casi siempre y el resultado de nuestros actos no merecía casi nunca los desvelos con los que nos habíamos torturado.

Cuarenta y tantos

Habiendo pasado ya de la cuarentena, uno tiende a pensar,erróneamente, que nada nuevo queda bajo el sol.Comienza a resultarnos distante la nueva generación que asoma tras nuestros pasos. Miramos atrás y nos cuesta encontrar cosas interesantes, nuevas propuestas que nos atraigan. Nos sentimos en casa refugiados en nuestros asuntos.Creemos hablar un idioma diferente y vemos a los recien llegados como vulgares aspirantes.

Todo esto, no deja de ser una postura demasiado cómoda, un refugio del que no queremos salir por pereza y por soberbia. Nos cuesta mucho admitir que una idea, una canción, una película o un libro escrito por alguien más joven que nosotros pueda merecer nuestra atención.

Tener los ojos abiertos, siempre y en todo momento, es una actitud de personas inteligentes. No perder la curiosidad es no sólo un derecho sino una obligación de quien quiera considerarse verdaderamente humano.

Creación y sufrimiento

¿Está relacionada la creación con el sufrimiento? Parece ser, a las pruebas históricas me remito, que muchos de los grandes artistas cosechan sus obras después de haber sembrado sufrimiento. Voy más lejos. No es que tras el dolor surjan mejores obras, es que es el dolor quien parece provocar su nacimiento.Quien se siente feliz no siente necesidad de crear nada. En momentos de plenitud no echamos en falta cosa alguna y la propia vida satisface nuestras necesidades.No hay lugar, por tanto, para lamentar aquello que  no tenemos y que deseamos. Cuando, al tiempo, algo nos es arrebatado,sea la paz, el amor o la calma, comienza a dolernos el alma y tratamos de expresar y de explicar lo que nos pasa. Queremos entonces explicarnos, desahogarnos y ser oidos.Anhelamos dejar una huella en el tiempo. No importa que nos dirijamos a todos, a alguien o a nosotros mismos. Queremos conjurar la ausencia, llenándola de palabras, trazos, música, imágenes o pensamientos desbordados. La obra de arte es, en esos casos, un grito que quiere ser oido. No queremos morir, queremos recuperar lo perdido o conseguir lo ansiado.No nos basta casi nunca lamernos la herida como un perro.Igual que los suicidas que al anunciar su propia muerte  desean en el fondo evitarla, el artista sufriente se expresa para ser escuchado, no olvidado.El suicida verdadero se suicida, no pierde el tiempo avisando.El desesperado auténtico, está vacío de deseo. El artista crea porque, en el fondo, está asido a la esperanza de volver a sentirse lleno.

De forma paralela, en nuestra vida cotidiana,tendemos más a hablar de aquello que no nos gusta. La crítica es más rápida que la alabanza. Nos motiva más el descontento que la alegría.Estar contento paraliza la espada del pensamiento. Las palabras fluyen más rápido cuando atacamos, nos sentimos heridos y nos defendemos. Sería idóneo y deseable ser agradecido y cantar las alabanzas, pero nos guste o no acaba siendo cansino y hasta empalagoso.