La historia interminable

En la sociedad las fuerzas están en constante movimiento, la complicada red oculta de intereses extendida hasta el límite, la batalla constante por obtener ventajas, la subyugación que no cesa, las colisiones y las colusiones entre facciones, la jerga taimada de la moralidad, el déspota benigno que es la convención,la inestable ilusión de la estabilidad. Así estaba hecha la sociedad, siempre ha estado  y ha de estar hecha.

Philip Roth

Erase una vez un país,no era mejor ni peor que los demás.Hace ya muchos años España se apoderó de él y lo esquilmó hasta que lo usó como moneda de cambio y lo cedió a Francia.La noble, revolucionaria y libertaria Francia hizo trabajar a más de  trescientos mil esclavos para negociar luego con el azucar que con tanto mimo obtenía. Uno de sus más brillantes pensadores esgrimía,con absoluto convencimiento,que un dios bueno no podía haber plantado un alma blanca y pura en aquellos cuerpos totalmente negros.El mundo asentía ante tan sabias palabras.Los salvajes negros sin alma creyeron que encontrarían la paz y la libertad a través de la revolución. No lograron ni la una ni la otra pero consiguieron derrotar a las tropas de Napoleón. De hecho, fue el segundo estado americano que consiguió la emancipación. El primero fue su vecino del norte.Tras la revolución negra lograron, triste mérito, no ser reconocidos por ningún país del mundo.El propio Simón Bolivar no tuvo las agallas necesarias para dar el paso debido.

Estando así las cosas,ya en el siglo XX,los bisabuelos de los marines actuales invadieron la tierra liberada.Su argumento no deja lugar a las dudas: los negros son una raza incapaz de vivir de forma civilizada,lo mismo que la naturaleza repele la línea recta, ellos repelen la civilización.Su tendencia natural es vivir de forma salvaje.A pesar de esta ayuda desinteresada y bienintencionada el país sigue sumido en la pobreza más absoluta.

Desde su marcha, los Estados Unidos han venido apoyando, con el beneplácito del resto de países desarrollados, a una serie de dictadores a los que han manejado a su antojo.

Han pasado los años.Nos encontramos ya en el siglo XXI.Un  terremoto ha sacudido los cimientos de esa tierra desgraciada.El mundo entero asiste consternado, durante un par de semanas, a los terribles  acontecimientos que  asolan la tierra de la desgracia.Los marines vuelven para protejer a sus habitantes,el mundo entero llora y pretende lograr en unos días  lo que no quiso hacer durante siglos.Ahora todos somos sus protectores.Les queremos y ,lo peor de todo , nos solidarizamos.Ha pasado un mes desde  que la naturaleza la tomó otra vez con el más débil.Ahora hablamos de preparar la reconstrucción. ¡Ja!

En el fondo, la mayoría de nosotros,no  nos alejamos demasiado de las teorías que aparentemente nos escandalizan.El alma ya no es problema.Tampoco,quiero pensar, el color de la piel. Nos sigue importando muy poco el resultado de las acciones.La ayuda desatada en un impulso,la lágrima fácil,el donativo; eso nos consuela.Otra cosa es cambiar el estado de las cosas.Sabemos de antemano, que la palabra hueca,la desesperante lentitud de la burocracia,la inoperancia de un mundo interesado no conseguirán más que dar una palmada en la espalda de seres humanos que viven al borde de un abismo.

…la complicada red oculta de intereses extendida hasta el límite, la batalla constante por obtener ventajas, la subyugación que no cesa, las colisiones y las colusiones entre facciones, la jerga taimada de la moralidad, el déspota benigno que es la convención,la inestable ilusión de la estabilidad. Así estaba hecha la sociedad, siempre ha estado  y ha de estar hecha.

No quito mérito alguno  a los valientes que, sin dudarlo, hacen todo lo que está en su mano.Me admira la gente que actúa siguiendo su conciencia, que no piensa en  los pros y en los contras, que, a pesar de saber lo que todos sabemos,ponen su grano de arena para que el mundo sea un lugar mejor.La sociedad, ese monstruo que quiere comerse a cada uno de sus miembros, no piensa ni actúa de la misma manera.