Señor presidente

Estoy hasta la coronilla, hasta los huevos, hasta los cojones de que sólo seas capaz de hacer mohínes. No soporto las estrategias ni a los estrategas cuando las decisiones son imperativos morales. Cuando uno tiene la obligación de hacer algo lo hace y basta. No importan las consecuencias. Es más, un imperativo moral no contempla consecuencias. La necesidad obliga a actuar. No se reflexiona, no se piensa, no se negocia, no se calcula no se pospone ni se procrastina. ¿Qué estás haciendo tú sino eso? Postergas la  decisión sobre algo que debe atenderse inmediatamente. Te contentas con sustituir decisiones por cínicas, egoístas y cómodas esperas. Calculas, taimado presidente, los momentos. Pones en la balanza cosas incomparables. No puedes tratar de equilibrar la desesperación, el sufrimiento, el dolor, la impotencia y la desgracia de muertos vivientes en medio del océano con tus intereses.

Me importa un carajo a qué país le corresponde tomar la iniciativa, me importa una mierda quién propone o quién dispone. Un imperativo categórico es aquel que declara una acción como necesaria. Que sea o no necesaria lo dispone la razón, la tuya, no la divina europa ni ninguna de sus divinas instituciones. El ampedusaejemplo clásico de imperativo categórico dice que si quiero el bien común no debo cometer un asesinato. ¿Se puede aplicar esto a los que como tú nada hacéis pudiéndolo hacer y además no dejáis a los demás hacer nada? Kant te lo explicó hace ya mucho tiempo: sólo tu voluntad de manera autónoma y basándose en la razón puede ser moral. Tu cobardía, tu dependencia de los demás te impiden ser libre. No actúas con autonomía y por tanto no eres libre. Sólo un ser autónomo y racional puede ser moral. Racional te lo concedo, autónomo te lo niego, no careces de moral, puedes juzgar perfectamente tus comportamientos, no eres amoral por tanto. Tus acciones o tus omisiones son inmorales, son la exacta definición de lo incorrecto y de lo malo.

Basta de imperativos morales y categóricos, basta de Kant, de autonomía, de libertad y de moral. Basta ya de actos y consecuencias. ¿Para qué perder tiempo con palabras que no entiendes?

No pueden hablar, no pueden expresarse, no pueden reunirse, son detenidos, extorsionados, chantajeados, disparados, apaleados, torturados, violados, esclavizados, asesinados. No tienen nadie que les ayude, no tienen futuro. Escapan como pueden. Es imparable. La muerte es mejor a quedarse.

¿Qué hacemos? ¿Qué haces señor presidente? No quiero disolver tu culpa en la nuestra. Yo puedo exigirte que actúes y no lo haces. Yo puedo exigirte que hables y callas. Yo puedo exigirte que me representes y te niegas a hacerlo. ¿Qué me queda sino arrepentirme de haber pensado bien de ti, de haber confiado en la regeneración que decías defender, de haberte considerado autónomo, racional libre y moral?

Llevo días sintiendo vergüenza. Sé que este barco en medio del mar es sólo un ejemplo. Sé que hay muchos barcos, muchos abandonados e ignorados. Sé que todos somos culpables, sé que todos somos inmorales, pero tú, señor presidente, lo eres un poco más por engañarnos.

Estoy avergonzado y pido perdón por haber tenido cierta esperanza.

Que te den, señor presidente.