La Nada

Yo, de pequeño, creía que meditar era pensar detenidamente en cosas, en muchas cosas. Y, hete aquí, que después uno se entera de que la meditación consiste en no pensar en nada, en dejar la mente en blanco. La sensación más cercana a ese estado que conozco es la concentración. Yo, cuando estoy concentrado, salgo de mi, no soy consciente de que estoy y el tiempo fluye sin darme cuenta. Pero en el fondo yo sé que me engaño, que estoy pensando en uno, en algo, y uno es más lo contrario de nada que todo. Cuando uno piensa y divaga no se concentra y sin concentración no hay meditación. Cuando muchas ideas afluyen a nuestra cabeza acaban por dominarnos y algo, no sé qué, nos controla desde dentro. Nos gobierna y acaba dándonos órdenes. Meditar es vencer a ese invasor que se ha hecho fuerte en nuestro cerebro, es callar la voz que oímos dentro de nosotros pero que no es nuestra, es cerrar los ojos y no ver nada, es diluirnos, desaparecer, es el silencio o tal vez la muerte. Meditar es lo contrario de lo que estoy haciendo: pensar, razonar, escribir, elucubrar y concluir. Quien medita no concluye puesto que nada ha empezado. Quien medita no piensa puesto que nada hay que pensar. Quien medita contempla y solo se contempla la nada.