Quietud, tiempo, silencio y movimiento

Llevo una temporada en la que me interesa el movimiento. Llevo una temporada en la que no puedo estar quieto. Me da miedo. El movimiento siempre acaba trastornando lo que veo y lo que siento. En seguida llega la prisa y con ella el vértigo. El aceleramiento trastoca. La quietud aniquila. El movimiento es una excusa para vaciarme por dentro. La quietud es movimiento interno. La quietud sin él es muerte.

Llevo una temporada en la que me importa más el tiempo que el momento. Llevo una temporada en que no puedo dejar de estar despierto. Me da miedo. El tiempo todo lo crea y yo siempre soñé con vivir más allá del tiempo. Llega en seguida su boca grande y con ella el hambre que engulle todos los momentos. El tiempo es una excusa para no tener remedio. Sin tiempo sólo queda la muerte.

Llevo una temporada en la que descanso en medio del silencio. Llevo una temporada en que no invento palabras. Me da miedo. El silencio se extiende como una noche oscura y yo, aún habitando la noche, pensé siempre en palabras como luces. En seguida echo de menos el sonido suave de una palabra escrita o el eco que queda una vez dicha. La palabra se inventó para combatir el silencio.

Llevo una temporada con los pies en el suelo. Llevo una temporada mirando a los ojos de la gente. Me da miedo. No siempre me gusta lo que encuentro. Llegan deprisa el rencor y el desprecio. Se olvidan pronto las sonrisas y sin ellas uno se vuelve gris y taciturno. Me gusta el gris pero sólo si es color y no estado de ánimo. Sólo si lo escojo. Nunca si lo escogen.

Llevo una temporada en movimiento y busco de nuevo el momento de estar quieto.