Pobre de mí

Me suele dar cierto reparo participar en campañas orquestadas de solidaridad. Sé que el propósito es loable y que llamar la atención sobre un problema siempre es mejor que no hacer nada. A pesar de ello, me cuesta. Tengo a veces la sensación de que lo único que se consigue es apaciguar conciencias (la nuestra) .Vendría a ser lo mismo que la limosna que damos a un pobre por la calle. Nos sentimos bien durante un rato, ya hemos cumplido y luego lo olvidamos. Sólo hace falta dar la vuelta a la esquina. Me sucede igual con las manifestaciones. Soy incapaz de asistir a una, no importa cuán de acuerdo esté con el motivo. Puedo defender lo que pienso y enfrentarme a quien sea y donde sea en una disputa dialéctica para defender lo que creo que es justo y necesario. En grupo no puedo. Trato de imponerme la obligación y me digo que es más importante la causa que mis cuitas. Hasta ahora he fracasado.

El mismo problema se me plantea cuando veo surgir tantas ONGs y plataformas solidarias. Estoy seguro, me atrevería a decir que tengo la certeza de que la inmensa mayoría de ellas nacen de un propósito admirable.Tengo la triste impresión también, de que en muchos casos se han convertido en el impuesto a pagar por los afortunados. Tachamos de este modo de nuestra agenda ese deber, esa deuda que tenemos con nuestra conciencia. Pagamos la luz, el teléfono y la hipoteca. Hemos incluido junto con ellas los 30 € que mandamos todos los meses a Médicos sin Fronteras. No se trata de analizar si el dinero que enviamos llega puntualmente a su destino. Ni tan siquiera, en este caso, de si es útil o no para quien lo recibe. Lo que me asusta, lo que me temo, es que, en muchos casos, compramos con 30€ la tranquilidad de nuestro espíritu y de regalo, desgravamos de hacienda.

Hoy voy a hacer una excepción y me sumo en la medida de mis fuerzas y posibilidades a este Blog Action Day en torno a la pobreza.

En mi clase de esta mañana he hablado de estos temas con mis alumnos. Les he preguntado primero por la población en el mundo. Se miraban unos a otros desconcertados. Pensaban que la pregunta tenía truco. Cuando les he explicado que sólo quería averiguar si sabían cuántos vivimos en este planeta, han respirado aliviados pero no me han contestado. No entienden tales magnitudes. Su círculo es muy reducido. Tras esto, les he pedido que me dijeran cuáles son los países más poblados de la tierra. China o Japón ha respondido una (ambos, por lo que se ve, les parecen iguales), América, ha dicho otro. Cuando le he recordado que América es un continente me ha mirado asombrado. No han dicho Nueva York de milagro. Hemos hablado de China y de cuando China despierte, de la India y sus contrastes y de muchos países de África, Asia y América Latina. De algunos sabían algo, de otros no habían oído nunca nada. Luego hemos llegado a lo contrario. Hemos mencionado los países ricos. Por mucho que nos hemos esforzado no hemos pasado de veinte. En el camino se han quedado frases para la gloria: “Suiza es un paraíso fiscal”, “Fidel Castro es el dueño de todas las casas de Cuba”, “los países nórdicos son ricos porque hace frío y la gente no sale a la calle”, ¿quién es Lula da Silva?, “en China tienen que ser ricos porque todo lo que compramos es  chino”. Cuando les he contado que en Holanda un hermano denuncia a otro por no pagar los impuestos, han pensado que era un chiste complicado.

Tras escuchar todo esto me he encendido y cual profeta inspirado les he hablado sobre la engañosa renta per capita de Arabia Saudí, la diferencia entre gran potencia y reparto de la riqueza, el hecho de que unos pocos posean la inmensa mayoría de los recursos, la verdad de la mentira de que Estados Unidos es lo que ven en las teleseries, la terrible situación de las mujeres, la ingenuidad de pensar que en los países menos desarrollados el índice de natalidad es mayor porque son tontos y no le ponen remedio, lo sencillo y tranquilizador que es pensar que todos los políticos son unos ladrones, la deuda externa, la resignación y la pobreza. La pobreza de un mundo que se nos escapa de las manos. La certeza de que esto no acabará bien si no le ponemos remedio. Lo terrible que es mirar y no ver nada. La anestesia que nos produce la costumbre de observar el sufrimiento cotidiano. Desayunar con terremotos, comer con niños esclavos y cenar con guerras en directo. Ver un mundo así y no rebelarnos. Ser mansos como corderos y olvidar mañana lo que ayer contemplamos.

Todos parecían atentos, interesados, pero cuando ha sonado el timbre allí me han dejado, con la palabra en la boca. Triste, he recogido mis papeles y he mirado las mesas vacías antes de marcharme. Mientras bajaba las escaleras pensaba: otros no tienen lo que a vosotros se os regala: la educación, la enseñanza,la posibilidad de conocer, de opinar y de disentir. Llegará el día en que echéis de menos el tiempo perdido. ¿Qué mundo es éste que el que tiene ganas de aprender no puede y el que tiene oportunidad no la aprovecha?

Tras esta venganza musitada, me he sentado a mi mesa, he ordenado mis libros y cuadernos y me he dicho: éste es tu objetivo, ésta tu misión: hacerles ver, comprender, entender y asimilar que no pueden desperdiciar lo que tienen la oportunidad de disfrutar: el hambre de conocer.

Algo más satisfecho, he encendido el ordenador y he puesto negro sobre blanco lo que hasta aquí queda dicho. Sé que no es mucho, pero sé también que no me limitaré a encender una vela hoy, en memoria de los que padecen la pobreza y que cuando suene el timbre no me levantaré y me iré. Seguiré mañana, y al otro, intentando hacerles ver que otro mundo es posible.

P.S.: Mis alumnos tienen todos más de 18 años

Un perfecto equilibrio

Uno de los temas en que es más dificil ponerse de acuerdo es el de si el mundo, la humanidad, mejora o no con el paso del tiempo.No es sencillo llegar a una conclusión clara.Ya se ha comentado en otras ocasiones que esto depende del análisis que hagamos.Si lo hacemos desde un punto de vista cuantitativo, la conclusión es evidente: nunca en la historia de la humanidad ha habido un número de gente tan grande que viva dignamente como ahora.Eso no quiere decir que no haya una cantidad vergonzante de personas que todavía viven en condiciones indignas.Tanto más cuanto la diferencia entre los que viven bien y los que viven mal es cada vez mayor y debida en muchos casos al abuso de unos sobre los otros.Por eso es también lícito ver la botella medio vacía y opinar que un mundo donde se permiten esas diferencias,es todo menos el mejor de los mundos posibles, más bien al contrario.Permitir que esto suceda no es más que la prueba palpable de la degradación de la humanidad a un punto tal de ceguera, hipocresía y egoismo que hasta el retrato de Dorian Gray parecería bello comparado con el refllejo  que el mundo actual muestra en el espejo de la conciencia colectiva.

Se pueden aportar datos que corroboren sin lugar a duda alguna una u otra perspectiva.En los paises desarrollados la educación y la sanidad alcanzan al cien por cien de los ciudadanos,la democracia se extiende por el mundo imparable, aceptando que la libertad, la justicia y la dignidad son de todos y para todos y no de unos pocos,la mujer ha progresado en derechos y libertades en el último siglo más que en toda la historia conocida, la cultura no es ya un bien escaso al alcance de unos pocos privilegiados, sino que se extiende por todas partes y es creada por todos y para todos.¡Basta ya!Todo esto sucede al mismo tiempo que la otra cara de la moneda.Esa que nos muestra como en muchos paises del mundo la esperanza de vida no alcanza los cuarenta años,la mortalidad infantil hace que se nos hiele la sangre, la renta per cápita sea una broma de mal gusto o el testimonio en un juicio de una mujer valga la mitad que el de un hombre.¿Seguimos?

Creo que todos somos conscientes de todo esto.Unos ,los que vivimos bien ,cerramos los ojos y nos vemos forzados a engrosar las filas de los optimistas y asegurar sin que nos tiemble la voz que estamos en el buen camino y que al final  lograremos un mundo en el que todos disfrutaremos de lo que hoy disfrutan unos pocos.Otros, por el contrario, no pueden sino odiar una realidad que les señala como los parias de la tierra, aquellos que tienen que vivir de las migajas de los que les dominan y que tienen que soportar además como sus señores les hablan de libertad, igualdad y justicia al mismo tiempo que les devuelven a sus paises por el terrible delito de buscar trabajo y una vida más digna o ven como todos los recursos de sus paises se esfuman en el pago de los intereses de la deuda externa que les axfixia lenta y cruelmente pues les permite respirar  de vez en cuando con una limosna y así hacer más lenta su agonía.

¿Quién tiene razón? Ninguno y los dos.Me explico:desde un punto de vista práctico que no se detiene a pensar en los”daños colaterales” podemos afirmar que el progreso genera progreso, la educación cultura y formación y con ellos desarrollo, que es sólo cuestión de tiempo  y que más pronto que tarde la justicia reinará en este castigado planeta.Veremos como poco a poco más y más gente alcanza un nivel de vida en el que sonreir sea posible y donde las moscas en los ojos de los niños sean sólo una pesadilla del pasado.Desde otro punto de vista, sin embargo,podemos defender que la dura y terrible realidad nos demuestra que esto no será posible puesto que el bien de unos se basa en la explotación de otros.Que a unos les sobra porque a otros les falta y que el perfecto equilibrio no es más que el señuelo que tienden los poderosos para que los desahuciados piquen, se lo crean y les dejen seguir pescando.

¿Cuál es la solución?Para unos paciencia y esperanza ,para otros revolución y un millón de cheguevaras que les saquen las castañas del fuego.¿Hará falta otro diluvio universal que nos obligue a empezar otra vez de cero?

Tengo para mi que esta partida ya se ha jugado muchas veces y que siempre ganan los mismos.Y eso, como todo el mundo sabe es tremendamente aburrido.

P.D.:Pido perdón a Rohinton Mistry por apropiarme del perfecto título de su más que perfecta novela.