A palabras necias…

Pensaba, por parecerme obvio, no tratar de defender la entrega del premio nobel de literatura a un poeta. Me parecía inverosímil que alguien se rasgara las vestiduras al conocer al premiado de este año. Lo cierto es que lo inverosímil ha sido escuchar y leer la sarta de sandeces que muchos han dicho, et tu quoque Varguitas fili mi !

¿Por qué se creen dueños de las palabras? ¿Por qué si las palabras se cantan ya no sirven?

Me resisto a argumentar lo evidente. No quiero. Eso es lo que buscan. No hay que satisfacer su deseo. A palabras necias oídos sordos.

Otra cosa es que lo escrito, y luego cantado, por  Bob Dylan guste o no guste. A eso no tengo nada que decir. A mí me parece asombroso. ¿A ti no?

A mi tampoco me gusta José Echegaray y no me ha pasado nada.

Sin ánimo de ofender ni polemizar, os presento al próximo premio nobel:

Operator, number, please. It’s been so many years, will she remember my old voice while I fight the tears? Hello, hello there, is this Martha? This is old Tom Frost, and I am calling long distance, don’t worry ‘bout the cost. ‘Cause it’s been forty years or more. Now Martha, please, recall, meet me out for coffee where we’ll talk about it all.

Those were the days of roses, poetry and prose and, Martha, all I had was you and all you had was me. There was no tomorrows, we’d packed away our sorrows and we saved them for a rainy day.

I feel so much older now, and you’re much older too. How’s your husband? And how’s the kids? You know that I got married too? Lucky that you found someone to make you feel secure, ‘Cause we were all so young and foolish, now we are mature.

Those were the days of roses, poetry and prose and, Martha, all I had was you and all you had was me. There was no tomorrows, we’d packed away our sorrows and we saved them for a rainy day. I was always so impulsive, I guess that I still am, and all that really mattered then was that I was a man. I guess that our being together was never meant to be. And Martha, Martha, I love you, can’t you see?

Those were the days of roses, poetry and prose and, Martha, all I had was you and all you had was me. There was no tomorrows, we’d packed away our sorrows and we saved them for a rainy day.

And I remember quiet evenings
trembling close to you

La poesía está también en la música. ¿Alguien lo duda? Que no me entere yo.

La poesía también en la voz. El que tenga oídos, que oiga.

¡Pura literatura!

Navidad y todo lo demás

Último día de clase. Me he dejado embaucar por los alumnos y hemos pasado la hora hablando de la navidad. He dejado los libros sobre la mesa y, cambiando los papeles, me he dedicado a escuchar.

A está nerviosa porque mañana vuelve a la República Dominicana para pasar unos días con su familia. Recuerda las navidades de su infancia siempre acompañadas de sol y calor. Sin embargo, en su cabeza está siempre la nieve que no conocía. B no puede viajar. Los tiempos están difíciles y no hay más remedio que quedarse en casa. Su corazón está dividido entre su nueva vida aquí y los recuerdos de un pasado reciente que la llevan quiera o no quiera a la Rumanía que olvida y añora a la vez. Recuerda los regalos que recibió de niña, los paisajes que hace tiempo no ve y a su abuela que permanece viva en su memoria. Niebla poblada de los olores de los postres que ella preparaba. C nos cuenta como una víspera de reyes en Colombia se fue a la cama, sospechando pero sin querer saber. Apretó los ojos para no ver. Vio sin embargo las figuras de unos reyes sin barba y sin capa cargados de paquetes. No dijo nada y siguió pensando que la realidad era un mal sueño, que los ojos engañan y que aquella niña no había visto absolutamente nada. D nunca ha celebrado las navidades. En Kazajstan la religión y las costumbres son otras. Sus navidades son las que ahora como espectadora vive aquí. Quiere entender pero no entiende nada. Santa Claus en las películas, abetos por las calles y en las ventanas, misteriosos reyes magos de oriente que se acercan, pesebres, mulas, y una estrella en lo alto. Frank Sinatra celebrando la nieve, la palabra zambomba y El Corte Inglés. E las escucha sorprendido porque para él  la navidad no supone distancia. Siempre ha estado donde le enseñaron que debía estar. Sus recuerdos no viajen en el espacio. Un poco, tal vez, en el tiempo. Habla de turrón, de anuncios de televisión, de su casa llena de gente, de ruido, de la mesa ocupando toda la habitación y de aguantar el sueño. Días especiales en los que está prohibido dormir. Nunca ha pensado en la distancia sino tan sólo en el tiempo.

F,G,H,I,J, que soy yo, escucho en silencio. Los ojos mirando hacia afuera y también para adentro. Todos los recuerdos que le llenan la cabeza están poblados de niños. Sin ellos no hay navidad. En unos está él. Escribe una carta con su mejor letra, ayuda a poner la mesa, juega con sus primos a la pelota en el largo pasillo de su casa, saca de una enorme caja el belén que con paciencia infinita había construido su abuelo. El recuerdo más claro es su casa. Esa casa que es la misma, la de siempre, pero que es otra diferente. En otros aparecen otros niños y se ve a él cortando leña, encendiendo el fuego, poniendo luces en un árbol y disfrutando siendo Melchor, Gaspar o Baltasar mientras otra niña cierra los ojos para no ver. La memoria es traicionera pero es lo único que nos queda. Nos engaña y estamos encantados de que lo haga.

La navidad es tramposa. Nos hace recordar, pero también pensar. La navidad permite convivir a Colombia, Rumanía, la República Dominicana y Kazajstan. Papa Noel, los Reyes Magos, Santa Claus, la nieve y el sol. El turrón, las lentejas, las uvas, la familia y su ausencia. El belén, el árbol, las luces de colores, el papel de regalo y El Corte Inglés. Los niños que fuimos y los que ya no volveremos a ser.

La navidad es fría y caliente, sincera e hipócrita, triste y alegre a la vez. La navidad  es un anuncio de Coca Cola, mil doscientos perfumes, artificio y verdad. La navidad es memoria, propósito de enmienda, sonrisa y soledad.

La navidad, despojada de atributos, no es blanca ni alegre, no es pasado ni presente. La navidad, como todo, depende de nuestra voluntad de ser.

¡Feliz navidad!

Hitos

Uno puede escribir su biografía de muchas maneras. Cada una de ellas puede ser cierta, pero  siempre será incompleta. Cuando echamos la vista atrás y recordamos, no sabemos lo que nos encontraremos. El recuerdo es uno de los jueces más imparciales de nuestra existencia. Si realmente dejamos que el pasado se nos acerque, si no lo provocamos, no podremos dar razón de por qué hoy me viene un determinado recuerdo a la cabeza. Algunos según vienen se van, son como los sueños que no controlamos. Otros persisten y se hacen presentes por encima del paso del tiempo. Se quedan.

Es obvio que siempre habrá alguna razón que justifique el porqué de la permanencia de unos sobre otros. Esta razón, mientras permanezca oculta, es como si no existiera y podemos llamarla azar pero no destino.

Dejo de escribir, permito que el pasado se acerque y me encuentro asomado a un viejo paisaje en el que hacía mucho tiempo que no había pensado. Salto de un recuerdo a otro; lugares y personas se me aparecen y entran en mi presente sin que yo las haya llamado. Vienen y van.

Hoy no quiero hablar de recuerdos. Hoy quiero hablar de lo que siempre está presente. Ni el azar ni la causalidad  son su causa. Me refiero a su contrario: la libre elección que yo he ejercido para destacar a unos sobre otros. Hay cosas que se olvidan y que más tarde puede que regresen vestidas de recuerdos. Las cosas de las que hoy hablo un día llegaron para ya nunca marcharse. La impresión primera, el descubrimiento, la luz entre las tinieblas ha hecho que ellas formen parte de mi como forman parte mis ojos o mis brazos. Ellas soy yo y yo soy ellas. No necesito recordar para recordarlas. Están.

La música forma parte de mi vida desde que tengo consciencia. Mi biografía también está hecha de música. Los balbuceos fueron como los de todos: palos de ciego en busca de algo que no se puede definir. Luego llegaron los encuentros y las luces. El camino se desbroza a fuerza de insistencia y el que se cansa y abandona se da media vuelta o se pierde. Hoy quiero jugar un juego. El juego de los hitos. Momentos que llegaron para nunca marcharse. Descubrimientos que dan forma a mi biografía. Sé que si me esfuerzo y recuerdo surgirán otros muchos. Esto en mi juego es trampa. Es el juego del no-recuerdo. Sólo me interesa lo que está, lo que nunca olvido, lo que me conforma.

Es duro escoger, es difícil marcar prioridades pero si no lo hacemos, el juego pierde toda su gracia. Mis diez momentos estelares de mi biografía musical son los que son y no vale que otros se escondan en los recovecos de la mente.

Ahí van:

Beside you (Van Morrison): puedo decir que esta canción me hizo descubrir que el arte es emoción. El resto es pura mentira. Yo soy antes y después de Beside you.

Solid Air (John Martyn): originalidad, sensibilidad y fuerza. Es una canción que podría durar eternamente. Te arrastra y te lleva. Es inútil oponer resistencia.

Kentucky Avenue (Tom Waits): aquí miento un poco. No es sólo una canción lo que me acercó a Tom. Es Tom al completo.Disfrazado de ser marginal se esconde la poesía  de un artista único.Nunca una voz inhumana penetró tan adentro.

Famous blue raincoat (Leonard Cohen): algo tiene esta canción que me transporta a la soledad buscada de la madrugada, al momento completo e irrepetible. Su melodía vive en mi cabeza.

I want you (Bob Dylan): dos minutos de verdad. Bob Dylan es la prueba de que el arte es insípido si lo encerramos en técnica y disciplina.

Born to run (Bruce Springsteen): el rock, la calle, la fuerza descomunal que nos arrastra. La sinceridad, la falta de artificio. Energía que da vida.

Layla (Eric Clapton): canción en dos partes. Desesperación y tristeza. Nunca nadie hizo llorar así a una guitarra.

Place to be (Nick Drake): sus canciones son como él. Tristes, huidizas y tímidas. Desde la soledad llega al alma y te hiere.

Like a hurricane (Neil Young): tiene algo  hipnótico. La canción y la guitarra.

Older chests (Damien Rice): escucharle es como volver a cuando descubrí la música de verdad. No salgo de mi asombro.

Todos ellos son como mis apellidos. Me siento más cercano a estas canciones y a estos músicos que a cualquier identidad impuesta. Me importan un carajo la tierra, la patria y las banderas. Si yo soy yo , ellas y ellos son mis circunstancias. No son las únicas y nunca deja de haberlas.

Mi vida está llena de música, de libros, de películas, de paisajes, de personas y lugares. Nunca podré contarme completo, nunca podré encerrarme del todo en un grupo de palabras pero ellas son yo, no cabe duda.

Veo las portadas de los discos que un día compré y recuerdo. Recuerdo las portadas no la música. Ella está presente.

Jusamawi Morrison Martyn Waits Cohen Dylan Springsteen Clapton Drake Young Rice

Así me llamo (entre otras cosas)