La casa vacía

Y los campos seguirán cuando yo no los mire. Llegará el otoño y caerán las hojas. El día y la noche cambiarán sus papeles. Ya nadie mirará por la ventana. Las campanas, a lo lejos, sonarán, y su eco recorrerá el valle. La penumbra de la tarde iluminará mi alcoba solitaria. El frío se irá adueñando de la casa, poco a poco, lentamente. Nadie se mecerá a la sombra del almendro. La fruta caida y quieta será pasto de gusanos y la puerta de la entrada no aceptará más llave que la mía. El jardín, mustio y silencioso, no oirá voces por la mañana. No habrá ruido de tazas y de platos. El olor del café y del pan tostado no alegrarán nuestras miradas. El tiempo, que yo imagino detenido, devorará implacable tantas horas perdidas. La casa, vacía, dormirá rendida, soñando el día en que vuelva a ser poblada por nuestros pasos, risas y palabras. Mi sombra, mientras tanto, permanecerá a su lado.