Pensamientos oscuros a la luz del día

Ella dijo que se marchaba y yo no lo creí. Ella nunca miente y se fue. La verdad de sus palabras cayó sobre mí y desde entonces quiero vivir desterrado en la mentira. El otro día me detuve en medio de la calle sin saber por qué. Parado, mudo y quieto comprendí. La luz no es luz si no la miras. Los ojos cerrados viven al margen de cualquier verdad. Los pasos dados en el aire no son nada. Son un minúsculo salto en el vacío que nos deja siempre en el lugar de partida. Ir más allá requiere intención, tierra y ojos abiertos. En medio de la calle vi cristal, hierro, asfalto y cemento. En medio de la calle me vi a mi pisando fuerte el suelo bajo mis pies. La verdad que nos rodea se mostró en parte y desde entonces la persigo. No duermo por temor a perder la vista, no hablo para evitar que las palabras escapen de mi garganta para no volver. Camino sin parar, escapando del túnel, aferrándome a la idea de que todo está siempre un paso más allá, de que nada queda detrás de la mirada. El pensamiento es acción. Yo sin él no soy yo. Menos que una mota de polvo, menos que una piedra del camino, menos que una gota de lluvia. Menos que ayer. Menos que nada.

Ella me dijo que la buscara y yo cerré los ojos. El recuerdo nunca encuentra nada. Sólo busca refugio. Los refugios son lugares fuera del tiempo. Son el útero agobiante que siempre acaba por ahogarnos. Tarde o temprano tenemos la necesidad de asomar la cabeza, de escapar de aquel agujero al que nunca deberíamos volver. La vuelta es siempre cobardía. Tentadora y engañosa. Seduce con su apariencia tranquila, como esconder la cabeza bajo las sábanas. Negar la luz del día no crea la noche. El día es día más allá de nuestra ilusión. Los días pueden ser oscuros y las noches blancas. Nosotros habitamos sus luces y sus sombras.

El tiempo no cesa y lo sabemos. La vida se nos escapa de las manos y, a pesar de todo, las abrimos. La verdad nos aguarda y hacemos todo lo posible por olvidarlo. Miramos al sol con los ojos abiertos y nos cegamos. La verdad hay que mirarla con cuidado. La verdad siempre busca caminos oscuros. Nos gusta pensar que resplandece pero prefiere habitar las zonas oscuras del alma. Lo oscuro está ahí, al alcance de los ojos bien entrenados. Lo oscuro es oscuro porque no lo vemos. La verdad no es luz. Es oscura como piedra negra. La luz está en nuestra mirada.

Ella dijo que se marchaba y yo la seguí.