Conceptos entrelazados

Uno de los conceptos peor entendidos es el del respeto. Es un lugar común tratar de extender el respeto a todo aquello que nos rodea.Sólo quien sabe y puede gobernarse a sí mismo es digno de respeto.Digo digno y está bien dicho pues la dignidad es un concepto entrelazado con el respeto. No nos la puede dar ni quitar nadie.Una piedra no es ni será nunca nada más que una piedra.Es lo que es. Nosotros, los seres humanos, además de eso, somos lo que queremos ser.La voluntad, una vez más, es la que  marca la diferencia entre vida y vida posible, entre seguir los dictados de la naturaleza, que no es sabia,es naturaleza y la vida a la que aspiramos,la que queremos y deseamos.La dignidad, por tanto, es un concepto sólo aplicable a los seres capaces de tomar decisiones.La dignidad la tienen todos los seres humanos y todos por igual.A lo largo de la historia hemos asistido en infinidad de ocasiones  a situaciones en las que se ha utilizado la dignidad como parámetro para diferenciar unos seres humanos de otros. Si se da por bueno que las mujeres son inferiores que los hombres , lo hacemos basándonos, erróneamente e interesadamente, en que son mercedoras de menor dignidad, lo que es lo mismo que decir que son menos autónomas, que dependen de otros, que no pueden tomar decisiones que,en conclusión, no son libres.Ésta ha sido la coartada utilizada para poner a un sexo sobre el otro.Lo que ha sido una cuestión de dominio se ha disfrazado de falsa utilización de conceptos. Lo mismo  podríamos decir en los casos en los que las víctimas han sido determinados grupos humanos, religiones, orientaciones sexuales o discapacidades físicas o psíquicas.

Cuando estudiamos la biografía de una persona, lo que nos llama la atención, lo que la hace diferente de otra es la autonomía de pensamiento,la voluntad mostrada a lo largo del tiempo para hacer posible la vida que queremos tener o llevar.Un mono no tiene biografía.La libertad de pensamiento nos permite, por pura lógica, ser capaces de albergar cualquier idea.La persona capaz de pensar autónomamente es merecedora de respeto, las ideas que defienda no tienen por qué serlo.Este es un error muy extendido.Pensar que todas las ideas son respetables nos lleva al callejón sin salida de tener que aceptar como iguales cualquiera de las ideas que el ser humano ha sido capaz de concebir.Frases como” respeto lo que dices pero no lo comparto” no son defendibles ni tan siquiera desde el punto de vista de la buena educación.Todo aquel pensamiento que destruya la igualdad en dignidad de todos los seres humanos no es merecedora del más mínimo de los respetos y estamos obligados en tanto que personas a no respetarla en absoluto y a luchar contra ella aunque no nos afecte.Ese falso respeto ha sido el responsable en muchas ocasiones de que teorías perniciosas y contrarias al principio fundamental de igualdad se hayan extendido y hayan sido aceptadas por comodidad o ignorancia porque venían precedidas del sacrosantosanto principio del respeto mal entendido.

El problema surge, claro está,cuando tratamos de dilucidar quién nos dice lo que es bueno  y lo que es malo, qué lo conveniente o su contrario.Un Dios bueno que nos dejaba este trabajo hecho de antemano  ya no nos sirve.La existencia de verdades objetivas y universalmente aceptadas sería una buena cosa y nos facilitaría mucho la tarea, pero ,para nuestra desgracia,no existen.La moral habla de costumbres, no de verdades.La ética quiere enseñarnos o ayudarnos a vivir aceptando nuestra autonomía y libertad pero sus orientaciones no son igualmente entendidas por todos.No nos  queda más que el consenso.El hombre es libre por naturaleza, todos somos iguales  y todos debemos contar con las mismas oportunidades no son más que intentos  por conseguir un mundo posible donde la vida sea diferente y deje de aceptar por buenas las leyes de la naturaleza, que son todo menos buenas o malas.

Muchas de nuestras declaraciones están cargadas de buenas intenciones.No debemos confundir los buenos modales con el respeto.Está indudablemente bien no despreciar a los que no cuentan con las mismas capacidades.Esto no es una competición. No son sólo dignos los mejores, los más altos, los más listos o fuertes.Todos lo somos.Lo que sí es cierto es que hay ideas despreciables y las personas que las defienden lo son también.La capacidad de respeto nos lleva incluso en estos casos a no tomarnos la justicia por nuestra mano y a ser capaces, aun teniendo que hacer esfuerzos, de respetar a las personas pero no a apreciarlas y mucho menos a sus ideas.

Nos ayudaría mucho poder concluir que existen unos principios naturales que señalen la frontera entre lo correcto y lo incorrecto.En el derecho ya se habla de unos llamados principios generales del derecho que nos deben ayudar, a falta de ley concreta, a dilucidar entre lo justo y lo injusto en cualquier situación dada.Dudoso.Si aceptamos esto, estamos aceptando que esos principios existen ahí, fuera de nosotros, previos incluso a nosotros y a nuestra inteligencia.No nos engañemos, esto no es así. Lo más a lo que podemos aspirar es a que la mayoría alcancemos un consenso sobre los principios básicos sobre los cuales podamos construir nuestra existencia en comunidad.Si llegamos a ese consenso, deberá ser aceptado por quien participe de la comunidad. Esto, aplicado al derecho, es útil, pues nos permite establecer reglas del juego  y sanciones para los que se salgan del camino.En lo tocante a lo moral, el terreno se vuelve más resbaladizo ya que no estamos juzgando actos o comportamientos, sino ideas.¿Quién decide si una idea es buena o mala?Por mucho que lo meditemos sólo hay una respuesta posible: nosotros.No hay nada fuera de nosotros que nos saque de este atolladero.Y si lo hay no interviene en estos asuntos.

Volvamos al principio.¿Por qué no es respetable pensar que una raza es inferior a otra?¿Porque es evidente?,¿porque dios me lo ha contado?,¿porque así ha sido pensado por las mentes más preclaras?, ¿porque me lo dice mi conciencia?Podríamos lanzar una y mil hipótesis y nunca conseguiríamos demostrar la certeza de ninguna de ellas.No nos queda más remedio que aceptar que las bases de la convivencia las hemos sentado nosotros y que la fuerza de esas bases es directamente proporcional al acuerdo que exista entre sus  defensores. De la misma forma que inventos como  el tiempo, concepto artificial y subjetivo,son aceptados por todos hasta el punto de vivir dentro de él,  la libertad , salvo que creamos en un determinismo absoluto, por otro lado tan indemostrable como su contrario,la dignidad , excepto si caemos en la aberración de hacer escalas dentro de ella y el respeto por los demás, en tanto que seres individuales, autónomos y dotados de voluntad, han surgido no a priori, sino fruto de la reflexión y como necesidad para poder llevar una vida en común.El único argumento que podemos esgrimir para la defensa de estos valores es el consenso al que se ha llegado.No nos sirven, en este caso al menos, iluminaciones, verdades reveladas ni palabras de dioses.Nos gustaría que la pura lógica nos llevara sin titubeos a comprender que tales conceptos son axiomas indiscutibles. La prueba evidente de que esto no es así es la propia historia de la humanidad que ha dado y sigue dando pruebas constantes de que no acepta como suyos tales principios sin discusión.

El hombre es digno, su comportamiento puede ser indigno.El ser humano posee voluntad y por tanto capacidad de decidir y libertad para hacerlo,el problema surge cuando hace dejación de su facultad y se convierte en un ser abúlico.El hombre es respetable como ser autónomo que es, sus ideas pueden no serlo y entonces se convierte en un ser despreciable.Cuidar de los animales y de la naturaleza es una lógica obligación de todos,aunque simplemente sea por instinto de supervivencia, respetarla  no tiene ningún sentido.Proteger a los que tienen sus capacidades disminuidas es una obligación moral que hemos de aceptar aunque nadie ni nada nos obligue.Amarnos los unos a los otros no es más que un deseo y como tal no sirve para ser base de ninguna convivencia.Las ideas son creaciones humanas que definen a quienes las defienden.No se puede prohibir tener ideas, sean estas las que sean. Lo que si se puede  es impedir ponerlas en práctica cuando van en contra , no de la naturaleza,muy poco convincente es el argumento de que algo es contra natura,sino del acuerdo logrado por las conciencias.Hay que respetar a los individuos, no a los pueblos o culturas.Estaremos ante el terrible error de anteponer los derechos colectivos a los individuales.Los pueblos y culturas así tomados, sin contar a los individuos que las componen,no son nada.

En cuanto un individuo es consciente de su existencia ha de admitir automáticamente la existencia de los demás individuos.En cuanto surge el primer contacto, en cuanto nace la comunicación surge la comunidad y no nos queda más remedio que tratar de convivir.Para ello intercambiamos ideas y opiniones.Unas viajan con nosotros a través del tiempo creando costumbres que acaban anidando en nosotros dotándonos de un sentido moral.Las costumbres cambian, los individuos también.Algunas ideas permanecen.Lo que hacemos es reflexionarlas  y reformularlas costantemente.Son éstas las que  tratamos a veces de elevar a la categoría de axiomas.Nos equivocamos.La constante reformulación de los mismos conceptos a través del tiempo es la prueba clara de la necesidad que tenemos de reafirmarlas.Por eso el consenso puede ser cambiante.Esto nos impide  frecuentemente juzgar imparcialmente ideas del pasado desde la perspectiva actual.

Si indagamos, aunque sea un poco,dentro de nosotros, veremos con claridad meridiana que somos absolutamente incapaces de respetar aquello que va en contra de nuestra conciencia.Si tenemos la suerte de que nuestro código de conducta coincida con el de otros muchos será más fácil nuestra existencia y seremos personas más alegres.Nos apoyaremos además en esa confluencia de las conciencias para negar el derecho del respeto a todas aquellas ideas que se muestren contrarias a los valores que juntos defendemos.De nada tendría que servir el que se nos diga que otros tienen otros valores y otra cultura.Nada nos costará aceptar que en la otra parte del mundo adoren al sol, o  no coman carne de ciervo.Lo que nunca podemos ni debemos permitir es que la diferencia cultural permita a otros llevar a cabo actos en contra de la dignidad de las personas.Simplemente porque así lo hemos decidido.Porque ese ha sido  nuestro acto de voluntad.Nunca podremos demostrar a quien no llegue a esa conclusión por su cuenta que la esclavitud,la marginación de las mujeres, la ablación del clítoris, la tortura,la dictadura,el fanatismo,el racismo,la no separación de poderes,la falta de libertad de expresión no  pueden ser  defendidos.Lo que sí podemos hacer es no aceptar el argumento de que todas las culturas y costumbres son respetables.

Yo no soy respetable por lo que pienso sino porque pienso.Si no os gusta podéis no hacerme caso,discutirlo o incluso, llegado el caso, despreciarme.Me lo tendré merecido.Pero seguiré pensando.

Amor propio

¿Llegamos alguna vez a tomar una decisión por nosotros mismos?Desde que nacemos nos vemos expuestos inevitablemente al contacto con otras voluntades,que de una manera o de otra nos inculcan su parecer.Aprendemos imitando lo que vemos.Repetimos lo que oimos y nos comportamos como nos han enseñado a hacerlo.Todo lo que nos rodea nos influye (no podría ser de otra manera).Para cuando adquirimos eso que algunos llaman uso de razón, estamos modelados,esculpidos,formados,educados,condicionados hasta tal punto que es dificil saber si nos queda algún grado de autonomía en la toma de decisiones que afectan a nuestra vida.Si la libertad es optar y decidir autonomamente,y esto nos parece un bien necesario,es claro que damos por hecho que  es posible.

Nuestra vida no sólo es un cúmulo de experiencias y vivencias sino que, fundamentalmente, es el camino que han ido creando nuestra decisiones.¿Qué papel juega el azar?,¿es la casualidad la que nos hace torcer por una calle a la derecha y encontrarnos con el que será nuestro amigo, la que nos hace levantar la vista hasta un libro que luego leeremos y nos marcará para siempre,quien nos empuja a conocer Londres o París en vez de Tombuctú o Buenos Aires,la que, en fin,marca el trazado de nuestra existencia?Asusta pensar que sí.Consuela más creer que nosotros tomamos parte activa en todo este proceso.Cuando digo “creo que”,¿qué estoy diciendo?,que no estoy seguro de lo que digo o de verdad  quiero transmitir una conclusión a la que tras larga reflexión he llegado.¿Cuánto de original hay en mis pensamientos?.Tal vez nos limitamos a expresar lo ya dicho con “nuestras palabras”,como muchas veces dicen los niños.¿Hay puntos de inflexión en la historia del pensamiento?¿Hay ideas nuevas o llevamos miles de años planteándonos las mismas preguntas formuladas de diferente manera?Parece claro que no seríamos las mismas personas de haber nacido en un lugar distinto,o haber visto otras películas y tenido diferentes maestros.¿Habría, en cualquier caso, alguna semejanza porfunda en nuestras ideas y opiniones que nos permitiera reconocernos a nosotros mismos?Decidir,a pesar de todo, es probablemente la tarea más dificil que nos ha tocado en suerte.En consecuencia si no aprendemos a tomar decisiones, a optar por nuestra vida y nuestra alegría, nunca seremos libres.El camino es árduo y muchas veces la tentación de dejarse llevar por las ideas dominantes es demasiado apetecible.Nos da seguridad y tranquilidad.Que piensen otros, que decidan ellos.Para eso les pagan.Para eso les hemos elegido.El dulce bálsamo del olvido, de la ignorancia,de pasar desapercibido, de no pensar,de no decidir, de dejarse llevar y de llegar a dónde la vida nos lleve.Actuar así es no ser responsable, es no quererse a uno mismo,y este,para tomar decisiones es el primer mandamiento.

Optar es arriesgado.También lo es enamorarse y nos enamoramos.