Pereza gris

Me gusta el color gris cuando tengo luz a mi alrededor. El otoño ha llegado vestido de tristeza y con la amenaza de un gris taciturno. La ventana me muestra un mundo mortecino donde la rutina pasea solitaria. Me encuentro cansado, sin fuerzas. Todo parece inmutable. El tiempo ha lanzado el ancla para quedarse. La lluvia amenaza, el agua sabe ser desagradable. La luz se esconde y no puedo ver a través de esta niebla insoportable. Espero la noche para que me acompañe, suena una música antigua en mi cabeza. Paseo y me canso. Cierro los ojos y duermo.

Pereza de levantarme y pisar un nuevo día. Trabajos de Hércules. Que pase el tiempo y se vaya la vida. Pereza de hacer, de decir, de decidir. Sueños escondidos. Qué difícil es ocultar la mirada. Pereza perpetua que anida en mi alma. Ayer más que mañana. Qué fácil perderse en la melancolía. Pereza que todo lo llena disfrazada de noche y de día. Suspendido en la nada. Qué esfuerzo transformar en palabras pensamientos inmóviles.

Me miro la mano y la veo sin vida. Los ojos se abren sin ver nada. Recorro caminos estériles. Mi cerebro es espeso y los pensamientos duelen como amenazas. El cansancio me lleva de la mano y yo, dócil, lo sigo en silencio buscando descanso y no pensar en nada. Me siento, me callo y el gris de la vida me arrastra.

La noche cae y me quedo con ella. La miro, le hablo y no recibo respuesta. Pereza que me impide hacer  nada. Silencio, oscuridad y cansancio. Adiós a los días azules.

Pereza extenuante. Pereza, espero, pasajera.