Osama y Obama

No puedo dar crédito a lo que está pasando. Esta mañana me he desayunado con la noticia del asesinato de Bin Laden. Tras escuchar durante largo tiempo los detalles de lo sucedido, lo que me ha dejado perplejo es que ningún periodista se preguntara ni tan siquiera se molestara en explicar cómo es posible que un comando entre en un país no amigo, se dirija al lugar del escondite de su víctima, le mate de un tiro en la cabeza y se vaya tan tranquilo con el cadáver a cuestas ¿Es eso justicia?  El premio nobel de la paz Barack Obama considera que el asesinato de Osama Bin Laden es un acto de justicia. Hace 51 años el agente del Mosad Peter Malkin justificaba el secuestro de Adolf Eichmann en Argentina y su posterior traslado a Israel como un acto humano.

Momentos después de conocerse la noticia miles de norteamericanos salían enfervorecidos a las calles gritando USA, USA, USA.

El secuestro de Eichmann no fue un acto humano fue un secuestro. No importa lo repugnante que fuera la víctima del secuestro. El asesinato del terrorista  y arquitecto confeso del asesinato de miles de personas no es el asesinato de un terrorista es un asesinato. No importa la cantidad de víctimas inocentes que el asesinado tenga sobre su conciencia. Los gritos de miles de personas celebrando tal asesinato es fanatismo  y nada tiene que ver con la justicia. Nada importa que disfracen su sed de venganza en un absurdo patriotismo. El silencio de los periodistas al no indagar  el fondo de la cuestión es ignorancia en el mejor de los casos y cobardía en el más probable de ellos. La falta de crítica en las declaraciones  de los dirigentes políticos que se autodenominan democráticos por los métodos utilizados por el gobierno norteamericano es una de las mayores muestras de falta de ética, de bajeza moral, de cobardía  a la que he asistido en mucho tiempo.

Me siento un bicho raro. Ninguna de las personas con las que he hablado de este tema estaba extrañada por lo que había sucedido. Sólo eran capaces de articular el titular de la noticia. Nada había más allá. Un periodista  americano al ser preguntado por la cuestión de la legalidad de los métodos utilizados no se ha molestado en contestar y se ha limitado a decir, en un tono más bien jocoso, que más vale un Bin Laden muerto que escondido. Pensamiento peligroso, por cierto, pues lo podríamos poner fácilmente en boca de Hitler, Stalin o Pinochet por citar sólo unos cuantos ejemplos.

Es comprensible que los familiares de las víctimas de los asesinados en Nueva York, Londres o Madrid sientan alivio al conocer lo sucedido en Pakistán. Es humano incluso que se hayan alegrado y que duerman hoy un poco más tranquilos que ayer. Lo que no es de recibo es, una vez más, el silencio de los corderos que asisten impávidos a cualquier tropelía que su pastor tenga a gala llevar a cabo. Da igual que los que llevan la piel de cordero sean ciudadanos de a pie, periodistas o dirigentes políticos. Ese silencio los hace colaboradores y les deslegitima para más tarde enarbolar la bandera de los valores democráticos. Los corderos no hablan. Se limitan a balar.

La justicia no es saldar cuentas. Esto es lo único que hizo el Mosad y lo único que ha hecho la CIA. Ojo por ojo, diente por diente ha sido el lema. El peligro de este lema es que nunca tiene punto final.

Otro periodista, en un oportuno desliz, ha comunicado a sus oyentes que Barack Obama, en un discurso a la nación, había anunciado  el asesinato de Obama (Bin Laden).Tal vez este suicidio poĺitico sea tambíen un acto humano y de justicia.