Idea y sensación

Si me preguntaran, no dudaría en decir que no suelo recordar frecuentemente mi infancia.Ahora mismo me pongo a pensarlo y me reafirmo.Mis años de niño pasaron hace ya mucho tiempo y ahí permanecen.No me tengo especial cariño, tampoco me caigo mal cuando me recuerdo, pero siempre he pensado que  no he padecido excesiva nostalgia por  mi infancia.Lo que sí  permanecen imborrables son lo que yo llamaría sensaciones modelo.De niño cuando uno está alegre está alegre y cuando se llora se llora pensando que el mundo se acaba en ese mismo instante. La muerte aparece un día  y se nos abre un agujero negro que se traga de un bocado el  mullido colchón por el que hasta entonces caminábamos. La figuras del padre y de la madre también se desmoronan cuando las hacemos humanas, cuando descubrimos que no están hechos para encerrar nuestras vidas en ellos.Sus manos son de carne y hueso y no pueden abarcar todo lo que quieren, se tienen que conformar con lo que pueden.

Hay sensaciones redondas que, al menos en el recuerdo, se nos muestran como perfectas.Plenitud a nuestro alcance.Cuando un niño juega no escapa de un mundo para inventarse otro, no inventa uno nuevo para escapar de otro.Surge de las ganas, de la curiosidad y de la imaginación en su versión más auténtica.El niño se deja llevar en el juego, no se hacen las cosas por algo, se hacen y punto. Esa invencible capacidad de crear sin propósito es puramente infantil.Los artistas que han tratado de imitar este proceso son por ello llamados naives.

Recuerdo cuando descubrí la lectura y creo que nunca podré ya leer como entonces.El libro te absorbía y parecías vivir dentro de sus páginas.Recuerdo los viernes por la tarde cuando después de jugar con mis amigos, llegaba a casa y me bañaba.Me veo tumbado en la bañera saboreando el cansancio que me cerraba los ojos.Recuerdo, como si fuese ahora,las mariposas que me llenaban el estómago el día anterior a salir de vacaciones.Recuerdo los domingos por la mañana cuando tras salir de misa, mis padres me dejaban asomar mi cabeza a la barra de un bar y comer con fruición una gamba a la gabardina.Recuerdo tan pocas cosas que parece increíble que entre tantos recuerdos futuros sigan todavía ahí asomando la cabeza.Creo que lo que recuerdo son sensaciones.Sensaciones que,aún hoy, representan momentos perfectos.Perfectos y probablemente instantáneos. La diferencia está en que el adulto sabe que lo perfecto es efímero y el niño ni tan siquiera se lo plantea.Por eso las sensaciones modelo se nos muestran repetidamente a lo largo de la vida como ejemplo,como terrible consciencia de que una vez nos sentimos completos.

El paso del tiempo fragmenta las sensaciones.La totalidad es ya inimaginable como una.Aristas diversas se  nos muestran simultáneamente y esa frustración de ver siempre la cara y la cruz,el pro y el contra, la causa y el efecto nos hacen pisar con cuidado ,temerosos siempre de que algo acabe, de las consecuencias,de los efectos.El tiempo, la consciencia y los recuerdos superpuestos van haciendo mella en nosotros.La sensación modelo llega a adquirir la misma dimensión que las ideas platónicas.El mundo inmarcesible  que pueblan llega a ser algo parecido a la sublimación que hacemos de la infancia. No  me refiero a la felicidad  o su falta de nuestra experiencia sino a la forma en que llegamos a recordar lo que entonces experimentamos.Bueno o malo pero total, completo. No había lugar para el resquicio.Tan lejos queda todo aquello, no la infancia,sino la plenitud de sentir que acaban también habitando mundos lejanos e indestructibles.Por eso permanecen. La realidad que se nos viene encima con el tiempo nos hace sensibles al cambio constante.Lo inmutable llega a ser considerado un imposible, una simple entelequia.

Recuerdo un diminuto caramelo de nata que comí una fría mañana de invierno.Recuerdo el caramelo y la sensación de un instante perfecto.Me veo sentado en el suelo,solo en la habitación abriendo con mis pequeños dedos el papel rojo que envolvía el tesoro.No recuerdo el sabor del caramelo, siento la placidez de un momento redondo.Recuerdo la mañana de reyes, la emoción al despertarme y recuerdo los juguetes que me esperaban.Cuando pienso en esos objetos no veo trenes ni pistolas ni camiones, veo ensimismamiento.No quiero comer otro caramelo de nata, no quiero jugar con mi camión de bomberos, quiero sentir que todo está aquí y ahora.

Todo el pasado pasa por el tamiz del recuerdo.Incluso cuando creemos recordar algo perfectamente sabemos que estamos mintiendo.Las sensaciones platónicas  habitan un mundo inaccesible.Ahí las conservamos como referencia, como ejemplo de lo que un día creímos sentir.Nuestro pasado son nuestros recuerdos.Es inútil tratar de ser objetivo cuando echamos la vista atrás.

Creo que los adultos creamos con la principal intención de explicarnos a nosotros mismos.Indagamos recuerdos en busca de sensaciones que ya no podemos experimentar.Es doloroso comprobar que lo que fue real aparece ahora distante e inalcanzable.El mundo de las ideas de Platón es para nosotros el de las sensaciones infantiles.Vistas a través del recuerdo se nos antojan perfectas, eternas e inmutables.La vida de un adulto es cambio constante,devenir.Es, bajo todo punto de vista, imperfecta.Buscamos la perfección en el recuerdo.Añoramos la quietud del círculo.Las sensaciones ,decía Platón, no son suficientes para percibir el mundo.nos ayudan a reconocer, nunca a conocer.

La inmensa tarea que nos hemos echado a la espalda, la aventura del conocimiento nos quita la vida.El ser humanos no puede, con todo, renunciar a ella.En los momentos de desfallecimiento recuerda  y recrea lo que un día sintió y contempló.Experimentar la emoción que de niño vivió   se convierte en añoranza perpetua.Podría ser,después de todo, que tuviéramos que darle la razón a Hume y reconocer que las ideas no son mas que simples copias de las sensaciones.