Brainstorming

Cuando me siento a escribir me gusta dejar que las ideas vengan a mi mente. A veces es duro. Si te empeñas en que algo brillante ocurra, nunca ocurre. Sin embargo, si son los dedos los que marcan el camino, puede que sucedan cosas sorprendentes. No es en absoluto seguro que el resultado merezca la pena pero lo que sí se puede garantizar es que escribir al vuelo nos lleva a lugares inesperados. Brainstorming con las teclas. Viaje a lo desconocido. Lo importante es no parar y dejarse llevar por lo primero que a uno le pase por la cabeza.

Hoy es  el último viernes de mayo. El día amaneció nublado pero ahora entra la luz del sol por la ventana. Pienso en la semana que se acaba y veo muchas horas de trabajo. El mes que viene será aún peor. Lo compensa, en parte, el hecho de que entro a trabajar una hora más tarde. Para un noctámbulo empedernido como yo eso es media vida. Al final acabo durmiendo tan poco como siempre pero lo que cuenta es la sensación nocturna de tener todo un mundo por delante. Navegar, escribir, leer y escuchar música en un tiempo robado al tiempo.

Bob Dylan ha cumplido setenta años (me gusta escribir los números con letras). He pensado estos días en él y en su música. Es curioso como este tipo huraño y misterioso me lleva acompañando bastante más de media vida. (Paro un momento, busco la carpeta de música, dentro de ella al viejo Zimmerman y pulso una canción al azar y suena The man in me. Sigo ahora escribiendo mientras llevo el ritmo con el pie. Siempre me ha costado hacer varias cosas a la vez. No me gustan especialmente los rankings ni los top-tens. Precisamente por eso me torturo tratando de escoger mi canción favorita de Robert. Lo pienso un segundo y I want you asoma otra vez su patita por debajo de la puerta. Forever Bob.

De música al cine, otro abuelo, otro judío, otro norteamericano, otro amigo del alma. He visto hace unos días  su última película y otra vez he vuelto a sentir una desesperante envidia. ¿Por qué no la he dirigido yo? ¿Qué tiene este hombre que todo lo que hace me gusta? Preguntas sin respuesta. Midnight in Paris.  Vivo al lado de Francia pero nunca me había gustado tanto como a través de sus ojos o de sus gafas, según se prefiera. Pura inteligencia hecha palabra. Luz llenando las imágenes y yo embobado tratando de que no pasara el tiempo.

Once upon a time canta Bob, yo pensando en París y la tarde se escapa lentamente mientras tanto. Play, replay. You are on your own, with no direction home.

Antes he estado viendo fotografías. Me he dado cuenta de que hace años que no imprimo una sola. Lo mejor es que tampoco lo echo en falta. También el azar me ha guiado. Ha sido un repaso sin guión de los últimos años. Los niños de ahora no pueden olvidar su infancia. Al menos recordarán fotografías. Cuando yo recuerdo la mía tengo que esforzarme por crear imágenes. Las pocas que tengo en papel duermen el sueño de los justos en cajas de cartón. Sí, de vez en cuando las miro, pero no es lo mismo. Verlas no reconstruye mi vida. Ahora uno puede ver su vida clasificada en carpetas con fecha. Con un dedo podemos recorrer los días, los meses y los años. Ninguna imagen está aislada. Desde la primera ecografía hasta el día de ayer, todos los cumpleaños, todos los viajes, todos los días especiales del colegio. No sé si será bueno saberse su propia vida de memoria. El espacio ya no es problema. Yo tengo guardados los últimos diez años en menos de treinta gigas.

Me gusta ir a trabajar andando. Me lleva unos cincuenta minutos pero siempre compensa. Hay que poner tiempo y distancia entre la cama y la mesa de trabajo. Suelo ir rápido luchando contra el sueño y el ánimo que se empeña en arrastrarse por el suelo. Poco a poco, entre la música que me acompaña, el ejercicio y la luz de la mañana consigo al menos guardarlo en el bolsillo. Allí parece quedarse dormido y yo aprovecho para mirar hacia delante. Hoy he encontrado mi mesa con un fardo pesadísimo de tareas pendientes. Hasta hace unos meses yo era el hombre postit. Podía encontrar mensajes en cualquier parte: en las páginas de un libro, en el bolsillo, en el microondas, en la bolsita donde llevo las llaves. No es que tenga mala memoria sino que los postit y las notas hacían que mi cerebro dejase de pensar en lo que tenía que recordar. Al legar a casa postit, en el trabajo postit, al calentarme un colacao postit. Todo por mi salud mental y para ofrecer un poco de descanso a mis atribuladas neuronas. No hace mucho decidí cambiar de vida. No me fui de la ciudad al campo, ni cambié de trabajo. La responsable de esta transformación fue una agenda Moleskine. Ahora sólo apunto cosas en ella. Ya no me permito caer en la tentación de dejarme notas en cualquier parte. Ahora sé que todo se encuentra allí. Sé que al día siguiente todas mis obligaciones, devociones y quehaceres se me aparecerán cuando abra sus páginas. Cada día, cuando la cierro, doy vacaciones al cerebro que vive en mi cabeza y así, los dos, descansamos. Mi casa y mi lugar de trabajo ahora respiran el ambiente minimalista que siempre había soñado. Los papelitos de colores pegados por todas partes han desaparecido.  Muerte al postit. Larga vida a Madame Moleskine. Pensará la gente, cuando me ve concentrado escribir en ella, que voy de Hemingway por la vida. Pues no. Lo más probable es que esté anotando que no debo olvidar llamar al fontanero mañana por la mañana o, tal vez, que debo visitar a mi madre. Últimamente la tengo abandonada. Esto me permite, por el mismo precio, que Madame ocupe el lugar de mi cerebro y  de mi conciencia. A este paso acabará siendo la agenda de Dorian Gray.

De Dorian a los libros y de los libros a las palabras que hace ya más de mil comenzaron este viaje improvisado. Es la primera entrada que escribo en el modo fullscreen de WordPress. Me gusta. Es casi como mi blog ideal. Un espacio en blanco salpicado por todas las combinaciones posibles  de las veintisiete letras del alfabeto.

Bob Dylan ya no canta,  no es medianoche en París. Mi Moleskine guarda hasta mañana todo el peso de mi conciencia y yo mientras tanto dejo que las ideas vengan a mi mente. Sentado, ante la pantalla, las espero.

Un perfecto equilibrio

Uno de los temas en que es más dificil ponerse de acuerdo es el de si el mundo, la humanidad, mejora o no con el paso del tiempo.No es sencillo llegar a una conclusión clara.Ya se ha comentado en otras ocasiones que esto depende del análisis que hagamos.Si lo hacemos desde un punto de vista cuantitativo, la conclusión es evidente: nunca en la historia de la humanidad ha habido un número de gente tan grande que viva dignamente como ahora.Eso no quiere decir que no haya una cantidad vergonzante de personas que todavía viven en condiciones indignas.Tanto más cuanto la diferencia entre los que viven bien y los que viven mal es cada vez mayor y debida en muchos casos al abuso de unos sobre los otros.Por eso es también lícito ver la botella medio vacía y opinar que un mundo donde se permiten esas diferencias,es todo menos el mejor de los mundos posibles, más bien al contrario.Permitir que esto suceda no es más que la prueba palpable de la degradación de la humanidad a un punto tal de ceguera, hipocresía y egoismo que hasta el retrato de Dorian Gray parecería bello comparado con el refllejo  que el mundo actual muestra en el espejo de la conciencia colectiva.

Se pueden aportar datos que corroboren sin lugar a duda alguna una u otra perspectiva.En los paises desarrollados la educación y la sanidad alcanzan al cien por cien de los ciudadanos,la democracia se extiende por el mundo imparable, aceptando que la libertad, la justicia y la dignidad son de todos y para todos y no de unos pocos,la mujer ha progresado en derechos y libertades en el último siglo más que en toda la historia conocida, la cultura no es ya un bien escaso al alcance de unos pocos privilegiados, sino que se extiende por todas partes y es creada por todos y para todos.¡Basta ya!Todo esto sucede al mismo tiempo que la otra cara de la moneda.Esa que nos muestra como en muchos paises del mundo la esperanza de vida no alcanza los cuarenta años,la mortalidad infantil hace que se nos hiele la sangre, la renta per cápita sea una broma de mal gusto o el testimonio en un juicio de una mujer valga la mitad que el de un hombre.¿Seguimos?

Creo que todos somos conscientes de todo esto.Unos ,los que vivimos bien ,cerramos los ojos y nos vemos forzados a engrosar las filas de los optimistas y asegurar sin que nos tiemble la voz que estamos en el buen camino y que al final  lograremos un mundo en el que todos disfrutaremos de lo que hoy disfrutan unos pocos.Otros, por el contrario, no pueden sino odiar una realidad que les señala como los parias de la tierra, aquellos que tienen que vivir de las migajas de los que les dominan y que tienen que soportar además como sus señores les hablan de libertad, igualdad y justicia al mismo tiempo que les devuelven a sus paises por el terrible delito de buscar trabajo y una vida más digna o ven como todos los recursos de sus paises se esfuman en el pago de los intereses de la deuda externa que les axfixia lenta y cruelmente pues les permite respirar  de vez en cuando con una limosna y así hacer más lenta su agonía.

¿Quién tiene razón? Ninguno y los dos.Me explico:desde un punto de vista práctico que no se detiene a pensar en los”daños colaterales” podemos afirmar que el progreso genera progreso, la educación cultura y formación y con ellos desarrollo, que es sólo cuestión de tiempo  y que más pronto que tarde la justicia reinará en este castigado planeta.Veremos como poco a poco más y más gente alcanza un nivel de vida en el que sonreir sea posible y donde las moscas en los ojos de los niños sean sólo una pesadilla del pasado.Desde otro punto de vista, sin embargo,podemos defender que la dura y terrible realidad nos demuestra que esto no será posible puesto que el bien de unos se basa en la explotación de otros.Que a unos les sobra porque a otros les falta y que el perfecto equilibrio no es más que el señuelo que tienden los poderosos para que los desahuciados piquen, se lo crean y les dejen seguir pescando.

¿Cuál es la solución?Para unos paciencia y esperanza ,para otros revolución y un millón de cheguevaras que les saquen las castañas del fuego.¿Hará falta otro diluvio universal que nos obligue a empezar otra vez de cero?

Tengo para mi que esta partida ya se ha jugado muchas veces y que siempre ganan los mismos.Y eso, como todo el mundo sabe es tremendamente aburrido.

P.D.:Pido perdón a Rohinton Mistry por apropiarme del perfecto título de su más que perfecta novela.