Crimen y castigo (recordando a Spinoza)

Decía Martín que Crimen y castigo no era más que la historia de un tipo que liquida a una vieja y se arrepiente. Lo decía y pensaba que con ello hacía una broma, que condensaba artificialmente lo incondensable. No se daba cuenta de que su irónico resumen encerraba toda la enjundia de aquella gran novela. En efecto, el mal, el arrepentimiento, el castigo, la culpa, el remordimiento, el miedo y el olvido están dentro de tan pocas palabras.

Decía Spinoza que el arrepentimiento no es virtud. Que el que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable. El arrepentido es dos veces vencido: primero por un deseo malo y después por la tristeza.

No le falta razón al bueno de Benito.

El arrepentido es vencido sí pero también alcanza la cómoda paz que el arrepentimiento busca: el perdón. La moral cristiana nos ha llenado la vida de miedos. Sin él es imposible manejarnos. La moral católica mejor que la cristiana trajo consigo la oscuridad y la luz al final del camino. Quién sino ella permite en un minuto postrero de arrepentimiento borrar toda una vida de maldades.

Ciertamente es perverso: pecado original, miedo, maldad pero al final arrepentimiento y perdón eterno. Perdón como goma de borrar que deja en blanco lo que casi siempre era absolutamente negro.

Cuesta quitarnos siglos y siglos de contemplar el perdón y el arrepentimiento como bondades, como frutos que la razón madura. Pensemos por un momento que no, que todo es su contrario, que no hay que arrepentirse de lo hecho, que semejante idea no es una virtud, que no proviene siquiera de la razón. El perdón es imposible por ello mismo, porque la razón nunca perdona. Sólo nosotros, pobres lunáticos, buscamos perdonar y que nos perdonen tan sólo para alcanzar la paz y el olvido. Llegamos incluso a soñar con el castigo como único medio de equilibrar la balanza. La redención por el castigo está lejos también de ser razonable.

El arrepentimiento no conduce a nada. Sería como negar que fuimos libres cuando decidimos actuar de una determinada manera. Si pedir perdón no deja de ser una convención social como cuando le pisamos involuntariamente el pie a alguien, el arrepentimiento lo es también ya que sólo busca algo a cambio. Yo me arrepiento, tu me perdonas y yo descanso. Llegado el caso tú podrás hacer lo mismo.

El sentimiento de culpa tiene al menos el aspecto positivo de preocuparnos por el otro. De sabernos causantes de su mal. Nos sentimos mal. Esto es noble. El que así no se siente es incomprendido. Quien hace mal y no siente nada por el mal causado es considerado un psicópata. Es un monstruo pero un monstruo enfermo y eso hace que sus actos nos perturben menos. La culpa no existe para ellos. No por un hecho en concreto, por ninguno. Sería como hablarle de conciencia a un árbol.

Spinoza no es duro sino razonable. Es la razón la que nos hace humanos. Culpas, remordimientos, arrepentimiento, castigos y perdones son convencionalismos. Loables algunos, otros no tanto. Nos permiten convivir y ello es bueno. Pide perdón si quieres pero no niegues lo que ya has hecho, no lo puedes borrar de un plumazo. Ponte en el lugar del otro pero no implores su perdón para tu propio beneficio. El único arrepentimiento lógico sería el suicido y eso acabaría como una plaga con todos nosotros. No sería tampoco muy razonable. Hasta el harakiri encierra una gran parte de teatro. Que quede mi honor por encima de mis actos.

No arrepentirse de nada no es soberbia sino algo tremendamente razonable. Además no tengo otro remedio. Lo quiera o no lo hecho hecho está y nada puede cambiarlo.

Perdonar a los que no saben lo que hacen sí es un acto enorme de soberbia y de desprecio.

Perdonar con un objetivo es más razonable. Ya lo dijo el irlandés y aquí lo repito una vez mas: perdona a tus enemigos, nada les molesta más.

Los crímenes existen. No importa que haya también castigos. Existen vayan o no vayan unidos.

Crimen y castigo no es más que la historia de un tipo que decide liquidar a una vieja.

Saber vivir

Dice Martín que Crimen y castigo es la historia de un tipo que liquida a una vieja y se arrepiente.De la misma forma nuestra vida se puede, tal vez, resumir en un par de líneas.Los más afortunados se van, dejando tras de sí un epitafio inspirado, los menos,los más, no dejan ni un triste recuerdo.¿Por qué nos obsesiona la posteridad?,¿de qué le sirvió a Van Gogh la gloria que ahora disfruta su obra?.Lo que nos debe importar de aquellos a quien admiramos es su forma de vida. Mejor dicho:hemos de admirar a aquellos cuya forma de vida nos gusta.Haber sido capaces, haber sido lo suficientemente valientes como para vivir como han querido hacerlo.Estar pendientes de lo que digan de nosotros cuando hayamos muerto, de los homenajes póstumos,el orgullo que los incautos sienten al imaginar cómo serán recordados no son más que pruebas de  mediocridad  y de no haber entendido absolutamente nada.

Lo que hace sublime a Crimen y castigo no es Raskolnikov,su protagonista, sino Dostoievski.Lo que hace admirable a Dostoievski no es él sino sus novelas.¿Cómo salimos de este callejón sin salida? Oscar Wilde siempre recalcaba que él había puesto sólo su talento en su obra pero todo el genio en su vida.Saber vivir es la más dificil de todas las artes, y en ella hemos de poner todo nuestro empeño.Admirar la obra de Van Gohg es comprensible.Querer ser Van Gogh es de necios.Las fantasías son para tenerlas, no para vivirlas. En cuanto las llevamos a cabo dejan de ser lo que eran y dejan  de interesarnos.Quedarse contemplando algo, concentrado, sin hacer nada, puede ser más productivo que la suma de muchos actos estériles.El crimen es vivir la vida soñando en la gloria futura, el castigo, que nunca podremos ser conscientes de la admiración que soñamos con despertar cuando ya no estemos.

El anonimato nos parece poca cosa, queremos brillo y lentejuelas.Venderíamos nuestra alma al diablo por un estruendoso aplauso.Es curioso, además de deprimente, cómo muchos niños y jóvenes sueñan con ser, no ya felices o con hacer lo que les guste, sino que anhelan ser simplemente famosos.Se vive para fuera.Importa más  lo que dicen de nosotros.De hecho, nuestra personalidad acaba tan desdibujada que somos lo que dicen que somos, lo que los otros ven en nosotros.Ese viaje al que dirán acaba por devorarnos y acabamos siendo una silueta, una sombra que respira por boca de otros.

Aquella abrasadora tarde de primeros de julio un joven abandonó su zaquizamí de la plaza de S***, logrando evitar en la escalera el encuentro con su patrona, y dirigió sus pasos, tardos e indecisos,al puente de K***.Así empieza la novela de Dostoievski.Así empieza la novela de nuestra vida,con sucesos nimios que adquieren importancia porque nosotros se la damos.Si Raskolnikov hubiera tomado ese día otro camino. Si se hubiera detenido por un momento a contemplar el agua del río, tal vez jamás hubiera matado a hachazos a la vieja. Tal vez hubiese sido un hombre distinto, oscuro, anónimo y por qué no, feliz con su oscura existencia. De no haber sido un asesino el resumen de su vida sería aún más corto que el de la novela.Sólo su lápida nos recordaría las fechas de su nacimiento y de su muerte.Nada más.Apenas nada más.En el largo paréntesis entre esos números,artificio creado por los hombres, sucedieron muchas cosas que sólo a su autor competen.Pensó, habló,conoció, estudió, amó, leyó,odió, viajó,sufrió…Al final ,la única pregunta posible, es si vivió como quiso vivir.Eso es lo único verdaderanmente envidiable y, a veces, admirable.

Dostoievski pasaba gran parte del día sentado a su mesa escribiendo, día tras día, noche tras noche.Cuando decimos que le admiramos,¿qué queremos decir?:¿que nos da envidia cómo escribía?, ¿que admiramos su talento?, ¿que queremos ser  y vivir como él?¿No será que nos ciega la fama , la gloria, el prestigio y lo que imaginamos que todo ello trae consigo?Vivir para los demás o para nosotros. He ahí el dilema.

Hacer lo que nos gusta, decir lo que pensamos,sentirnos en definitiva a gusto con nosotros mismos, querernos, ser valientes y tomar decisiones es nuestra tarea si queremos vivir dignamente.Si aceptamos esto y admiramos a la gente que hace esto, ganaremos además otra cosa:el destinatario de nuestra admiración no será siempre alguien que piense como nosotros, algo bastante extendido y deprimente por cierto,sino que podremos admirar a aquellos que saben vivir, independientepete de lo que digan,escriban o piensen.Si al final el resultado de una vida es una novela de aventuras con peligros, sexo, suspense y emoción o se condensa en un breve haiku, qué más da si es la que yo quise llevar, la que elegí,la mía.La frustración y el pesar vienen de no conseguir esto.Yo quiero mi vida ,el honor y la gloria futura que se la coman con patatas quienes lean mi biografía novelada o quienes un día de paseo por un olvidado cementerio se encuentren con la borrosa inscripción de una lápida partida en dos por el tiempo.