Escribo

Escribo para entenderme. En el camino me pierdo en los recuerdos. Uno tras otro deberían traerme hasta aquí, hasta hoy, hasta ahora. Hasta estar en esta mesa de mármol blanco, junto a la pequeña lámpara roja que ilumina el papel en el que escribo.

Debería ser así, pero invariablemente me pierdo en los entresijos del tiempo que una vez fue y ya no es pero yo reinvento.

Retorcer recuerdos para explicar por qué miro fijamente a través de la ventana, por qué no hay horizonte sino ayer y palabras, por qué una mirada perdida dice más que todas las letras.

Recuerdos que siempre son puntos de partida hacia mundos que no son ese en el que estaba, en los que tampoco están la mesa de mármol blanco ni la pequeña lámpara roja. No está siquiera la música que me llevó por ese viaje en el tiempo.

Escribo para explicarme, para no perderme, pero al final siempre me pierdo.

Cierro el cuaderno, guardo el lápiz verde. Me levanto de la mesa, miro mi silla vacía. Me invento otra vez, allí, escribiendo.

El bar se llena de gente. Yo me pierdo en las calles y en el tiempo.

Escribo para encontrarme.

Pluma, lápiz y veneno

Hoy he vuelto a escribir con pluma. No sé cuánto tiempo hace que no lo hacía. He guardado absoluto silencio para escuchar el sonido de la pluma sobre el papel. He escogido un papel grueso y tinta negra. El azul se me hacía demasiado cotidiano. Después de escribir unas pocas líneas me he detenido y he observado. La mano me pide  lápiz, el corazón tinta y mi mala letra se consuela con el sonido de las teclas.

La pluma tiene la ventaja de que te hace disfrutar del camino. Él es el objetivo. Con la pluma eres como un viajero. No importa lo que escribas. Basta deslizarte sobre el papel.

La tinta, además, huele. No es tinta china pero huele y deja en el aire un halo que hechiza.

La pluma que ha llegado a mis manos es simplemente una pluma. No tiene pretensiones. No es de oro, no tiene brillantes que la engalanen ni tan siquiera una marca para lucirla. Es simple y llanamente una pluma. Negra de cuerpo y con un capuchón plateado. Es ligera. Uno se siente a gusto con ella entre los dedos.

Me gusta también el clic que hace cuando la cierras. Lo pruebo una y otra vez y me reafirmo. Me gusta. La pluma escribe, se desliza, huele y suena bien.

Cuando pienso en plumas veo manos de gente mayor sosteniéndolas. Dedos que han vivido muchas vidas. Dedos que las cuidan, que las llevan consigo y que las guardan en el bolsillo de su chaqueta. Cuando pienso en plumas, no sé por qué, pienso en manos masculinas. Demasiadas veces las plumas en manos de mujer son joyas y no plumas. No me gustan.

El lápiz, ahora desocupado, me recrimina. Él humilde. Ella tan pretenciosa, tan compleja. Él efímero, ella perdurable. Él consume su vida rápidamente, se deja la piel a tiras en el esfuerzo. Ella nace con la vocación de quedarse. Los lápices se pierden, se van como vinieron. Casi por cualquier parte. Ellas son  siempre cuidadas y hasta mimadas. A ellas nos da miedo perderlas y echarlas de menos.

Negra tinta sobre papel blanco. Pluma y literatura. Carta a un ser querido, solemnidad. Notario y testamento. Firma de médico y nota de profesor añejo.

Los niños las miran como a insectos extraños. Curiosos por un momento pero dispuestos a olvidarlas por  un destello fosforescente.

Dos páginas repletas de letras y palabras escritas con prisa. Casi no las entiendo. La pluma las estira, las aplana. Me gusta también así. Ver lo escrito como un dibujo, como una línea continua sin significado. La satisfacción viene al contemplar la hoja llena de tinta.

Pluma o lápiz, ¿qúe más da? Al final lo único que importa es el veneno de la escritura.

Veintisiete letras

Escribir es ponerse a ello.Yo, últimamente estoy seco.La pereza siempre acompaña a la sequía.Quiero pero no puedo.Tal vez no puedo porque no quiero.No es por falta de temas.Mi cabeza siempre bulle de actividad y me suele costar mucho detenerla.Los temas, las ideas llegan pero se van sin que pueda atraparlas.En estos días, cuando estoy tranquilo, el cuerpo me pide no hacer nada, no hablar, no pensar, callar.

Escoger un tema sobre el que escribir no es como elegir unos zapatos en una tienda.Si existiera un almacén  de ideas no serviría de nada.Uno no se lleva una brillante idea en una caja y luego, en casa, la desenvuelve y la plasma negro sobre blanco.

No busco inspiración. Hablo de decisión y de ganas.Hay veces en que es suficiente teclear dos palabras, las que sean, y las demás les siguen como corderos, parece que vienen sólas. Todo fluye.Entonces es cuando escribimos fuera del tiempo y sólo el sonido de las teclas o el rasgar del lápiz sobre el papel ocupan todo nuestro  universo. Cuando noto  que tras un párrafo me quedo inmóvil, que leo y releo lo que ya he escrito, entonces, sé que es inútil seguir.Si lo hago ya no seré yo quien escriba.No merecerá la pena.Eso es artificio.

No negaré que hay ocasiones en las que un tema me parece interesante,abro mi cuaderno y lo anoto.Más tarde, cuando encuentro el  tiempo, me pongo a escribir sobre él. Casi nunca funciona.Escribir es ponerse a ello en el momento oportuno.No vale de nada retrasarlo.A mí no me funciona anotar ideas, hacer esquemas y borradores.Casi todo lo que escribo no es premeditado, tampoco lo llamaría improvisado pero se acerca más a esto último.No quiero caer en la tentación de hablar de musas y de inspiración.No creo en ellas en absoluto.Como casi todas las creencias no son más que una imagen poética de algo mucho más mundano.Uno escribe lo que es, incluso si plagia no puede evitar dejar algo de sí mismo en la copia.

El tema que más interesa a todo aquel que escribe es uno mismo. Somos la medida del universo.La intención final de todo lo que hacemos es explicarnos a nosotros mismos.No quiere decir esto que tengamos que escribir expresamente sobre nuestra persona.Los escritores, malos o buenos, son irremediablemente egocéntricos.Ven el mundo, tratan de describirlo pero lo hacen de la manera menos científica posible.Si no lo hicieran así sería mejor dedicarse a las matemáticas y seguir devotamente el método científico.La literatura objetiva es una falacia, una contradicción.Incluso el periodismo, que dicen debería tratar los asuntos objetivamente,peca casi siempre de lo contrario, haya o no oscuras razones entre bambalinas.

Cuando escribo las palabras forman un todo.Siento que la expresión de ideas, la  explicación de conceptos o el mero ejercicio de colocar palabras juntas me libera.Me quito, literalmente, un peso de encima.De la misma manera que el que practica deporte se relaja  a través del cansancio dulce tras el ejercicio, yo libero mi mente de palabras que hasta entonces parecían vivir ocupando lugares ignotos de mi cerebro.

Escribir es ponerse a ello en el momento oportuno y hablar de lo único que sabemos hablar: de nosotros mismos.

Yo no sé escribir para los demás.Yo soy cuando escribo mi interlocutor y mi futuro lector.Es grato ver las palabras, que minutos antes bullían en la cabeza a la velocidad de la luz,ahora detenidas, ordenadas por puntos y comas, formando un conjunto bello como un cuadro. Comtemplar una hoja llena de palabras, tener entre las manos un papel que suena diferente ahora que está lleno basta para encontrar satisfacción tras el esfuerzo.

La vanidad viene después.Que a uno le lean,que uno provoque reacciones,que guste lo que ha escrito es casi siempre halagador.Es ridículo negarlo.Incluso el poeta enamorado que declara su amor a través de las palabras más bellas necesita primero expresarse a sí mismo, vaciarse.Si luego su amada lee las palabras que ella inspiró y provocó, el poeta obtendrá doble premio pero no el único.Escribir llega a ser algo irremediable.La experiencia de la escritura es completa en sí misma.Lo demás es adyacente.

La escritura es un círculo.Los círculos son cerrados.Las palabras que lo dibujan no forman una barrera compacta.Las palabras se entrecruzan, se enlazan con otros círculos.Tienen un inmenso poder: la comunicación.La magia de la comunicación es que se da entre elegidos.Así,al menos, sentimos a aquellos que parecen habernos comprendido.

A Newton le cayó una manzana encima.Vio la luz.Comprendió lo complejo a través de lo simple.El que escribe,ve en la palabra flor, en la palabra mesa mucho más que cuatro letras.

Escribir es precisamente eso, atrapar lo difícil gracias lo simple.Uno y el universo encerrados en veintisiete letras.