Las horas de nuestras vidas

Cuatro de febrero. Llueve y el horizonte no existe. La niebla se interpone. Estoy volviendo a casa y esas cuatro tímidas letras se me antojan más acogedoras que nunca. Las calles están casi vacías. Sólo se ve algún que otro ser humano refugiado bajo un paraguas. Es un día solitario en una ciudad desierta. El… Sigue leyendo Las horas de nuestras vidas