Señas de identidad

Podemos estimar que en el mundo se hablan aproximadamente unas 6000 lenguas.Una lengua diferente por cada millón de habitantes.La lengua es parte esencial de la identidad de una comunidad determinada.En ella está expresada simbólicamente la concepción que del mundo tiene cada grupo.En ella se escriben o se narran las costumbres, las tradiciones y las fantasías locales.A pesar de ello no es lo único que nos define, por mucho  que se empeñen algunos.

Cuando uno está solo en territorio extranjero, lo que más le hace sentir como en casa es, sin duda,encontrar a alguien que hable su mismo idioma.La comunicación estrecha lazos.Hablar no es, claro está, la única manera de comunicarse, pero las palabras, los conceptos y los giros peculiares de cada comunidad lingüística conforman su identidad más íntima.

Los estados  acaban uniformizando el territorio donde se han organizado.La seña de identidad de un país es su lengua.La tendencia del mundo actual es la globalización.Con el paso del tiempo y si todo sigue por el mismo camino,acabaremos siendo todos mucho más parecidos de lo que lo hemos sido nunca.¿Hablaremos todos una sóla lengua?,¿irán desapareciendo poco a poco todas las lenguas minoritarias?,¿que es lo que muere cuando muere una lengua?,¿es posible concebir un mundo unido, global,en el  que pervivan tantas lenguas diferentes?

Hasta hace pocos años, lengua y cultura marchaban  indisolublemente unidas.Las distancias y la falta de comunicación con otros pueblos y costumbres hacían de cada comunidad una isla que poco o nada tenía que ver con  los grupos vecinos o lejanos.Hoy en día, cuando vemos que ya no hay distancias, cuando tenemos información al instante de lo que sucede en las antípodas y cuando sentados en el sofá de nuestra casa podemos contemplar como vive la última tribu del último rincón del planeta,lengua y cultura ya no forman ese tandem inseparable.Las señas de identidad de las personas van mucho más allá de su pueblo, su lengua y sus tradiciones.Cierto es que es una pena que lenguas milenarias estén en peligro de extinción.Loable es que los gobiernos hagan esfuerzos por intentar evitar que esto suceda; pero cuidado, también estamos ante el peligro de idealizar nuestro propio pasado,falsificarlo a base de memorias y recuerdos trastocados.Tanto es el peligro que esa idealización nos lleva a considerar lo ajeno como extraño, como contaminante y acabamos rechazándolo sólo por ser diferente.Cuando eso sucede, ya sabemos lo que viene a continuación: fin de la comunicación y comienzo de la violencia.

Las naciones se han ido formando siempre fruto de la mezcla, las invasiones y las colonizaciones.El resultado ha sido una nueva comunidad que, a su vez, irá cambiando con el paso del tiempo y con la llegada de  otros invasores, vengan estos con tanques, con los Beatles o con hamburguesas.Resistirse a esto, buscar la identidad en un pasado idealizado y remoto no es sólo ir en contra de los tiempos sino que el resultado final es siempre el aislamiento, el complejo de superioridad,el desprecio de los demás,la ideologización de los componentes de la comunidad, la imposición de la cultura y de la lengua, la xenofobia y el subdesarrolllo cultural.

Vivir en un mundo global no tiene por qué significar vestir de uniforme con cuello mao, considerar a Bob Dylan nuestro profeta,desayunar,comer y cenar con coca cola y amar a Bill Gates por encima de todas las cosas.

Es compatible la globalización con el mantenimiento de nuestra idiosincrasia.Eso sí, tenemos que aceptar que ni lo mejor ni lo más conveniente es siempre lo nuestro.Todos pensamos que los otros son chovinistas.Ellos piensan lo mismo de nosotros.

Yo tengo una lengua materna,el español.Hablo o entiendo más idiomas pero en ninguno me expreso como en el mío.No quiero dejar de hacerlo.He leido muchos más libros de autores extranjeros que de españoles, he visto mucha mayor cantidad de películas no españolas y he escuchado un porcentaje infinitamente mayor de música de fuera que de casa.El paisaje que veo a diario no es mi paisaje preferido, me gustan más otros climas y a menudo prefiero gastronomías ajenas a la mía.A pesar de todo eso, sigo siendo de aquí y todo lo que me rodea forma parte de mi identidad.Lo único que sí nació conmigo es mi lengua y esa la llevo conmigo a todas partes, aunque sea en mi pensamiento.

Global no significa homogéneo.Global lo entiendo como que todo nos afecta a todos, lo bueno y lo malo.Global es que las fronteras desaparecen,que la comunicación es más fácil y fluida,que puedo acceder a mundos antes desconocidos, que las distancias no se recorran sólo en medios de transporte, que mi voz se escuche donde yo nunca llegaré, que conozca lo que hasta ahora estaba oculto.Global, en suma, es que todo pueda estar al alcance de todos.La globalización no ha sido una decisión tomada por alguien, no se trata de un experimento, no tiene vuelta atrás.El éxito lo alcanzaremos si  conseguimos llegar a acuerdos a través de la razón y la palabra en vez de con armisticios, si la palabra patria deja de tener sentido y si la lengua es comunicación y no enfrentamiento.Muchas de las lenguas desaparecerán como desaparecen especies todos los días.Es ley de vida.Podemos protegerlas pero no forzarlas a vivir. Eso no es vida,es artificio.

Las señas de identidad serán otras, pero serán.

Cerezas compartidas

Estaba yo comiendo cerezas, mi particular fruta de la pasión, y, al ver que no podía parar, me he tenido que contener y obligarme a dejar alguna para los demás. Ha sido un acto heroico puesto que estaba sólo y nadie más sabía de su existencia. Esto me ha llevado a reflexionar sobre lo difícil que es compartir. Probablemente el primer concepto que un niño tiene claro, además de los consabidos mamá y papá, es el de propiedad. Mío, mío, mío es el peculiar maullido de todo niño que se precie. No hacemos esfuerzo alguno para que un niño nos quiera, pero conseguir que asimile el concepto de compartir es un empeño muchas veces abocado al fracaso. En muchas ocasiones el máximo logro es que comparta como algo impuesto, por disciplina. ¿Es compartir algo antinatural? ¿Viene la propiedad privada incrustada en un gen? ¿Somos acaso rubios, altos, de ojos marrones y propietarios por naturaleza? ¿Han fracasado el socialismo,el comunismo y el mismo cristianismo por no tener nada que ver con las leyes de la genética? ¿Es este el secreto del capitalismo?

Fuera de bromas, si la vida es un aprendizaje permanente esta es una de la asignaturas más difíciles y a casi todo el mundo le queda pendiente para septiembre. Luego pasa lo que pasa, en verano es muy duro estudiar, tenemos demasiadas distracciones y así es imposible hincar los codos.

No sólo hablo de compartir cosas materiales. Me refiero también a lo difícil que se nos hace compartir información, conocimientos, trabajo, amistades y por supuesto sentimientos.

El mundo actual basa su organización en el concepto de propiedad. Merece la pena hacer algo si con ello obtengo beneficios. Desde que nacemos se nos inculca la necesidad de acumular. Primero objetos, luego conocimientos y más tarde información. Esto ya de por sí es un serio problema, pero lo es más aún, cuando nos damos cuenta de lo difícil que se nos hace compartir aquello que poseemos.Todo gira en torno al poder. Tengo más que tú, sé más que tú y dispongo de  información privilegiada. Si ya tenemos poder, pasamos a la segunda fase: el secreto. Cuanta menos gente tenga o conozca lo que tenemos y sabemos mejor. Pertenecemos al club de los elegidos. El resto es morralla. Las relaciones sociales las organizamos en base a estos criterios y los modelos a seguir casi siempre representan estos valores.

Hemos llegado a a tal extremo que cuando sabemos de alguien que hace algo a cambio de nada o por el puro placer de compartir, o bien lo tachamos de loco, si no de idiota, o pensamos que ahí hay gato encerrado. Nos inspira desconfianza. Si en el trabajo sabemos algo que los demás desconocen pensamos que es mérito nuestro y eso justifica reservárnoslo para nosotros. Si tenemos alguna información que los demás no tienen, la utilizamos para conseguir algo. Y si somos más expertos que otros en una materia determinada nos cuesta dios y ayuda algo tan sencillo como compartir lo que conocemos.

Tenemos poder porque tenemos secretos. Nos admiran por ello y nos envidian. Esta es la tercera pata del banco: la vanidad. Somos vanidosos, nos encanta que nos adulen y envidien. Eso nos hace sentir diferentes. La corrupción es una consecuencia lógica. Con tal de conseguir un éxito fácil, con tal de triunfar somos capaces de cualquier cosa. No me refiero a cometer delitos, que también, sino a algo más cotidiano. De niños copiamos en los exámenes, nos reímos de los más débiles para agradar a los demás, de adolescentes fingimos lo que no somos, aseguramos haber tenido experiencias que no hemos tenido para quedar bien, de jóvenes criticamos un mundo en el que luego nos instalamos cómodamente a vivir y de adultos completamos la faena. Bastante tengo yo con lo mío como para pensar en los demás. Si no muerdes te muerden.

En la sociedad actual cuando alguien promueve iniciativas que trastocan el orden establecido es inmisericórdemente atacado. La sociedad capitalista se ha convertido en una constante competición por conseguir más cosas que el vecino. En esa cruel carrera los menos dotados o los más desafortunados van quedando por el camino. Es entonces cuando papá estado tiene que intervenir y acoger en sus brazos a esos necesitados. Son víctimas y así nos los presentan. Nosotros, cariacontecidos, exclamamos: pobrecillos y seguimos comiendo cerezas. El estado somos todos. Esto ya nadie lo entiende. Eso nos obligaría a ser todos los que compartimos y ayudamos. Pero no, hoy el concepto estado se ha convertido en algo abstracto e impersonal que a nada ni a nadie representa concretamente.

La globalización, pese a quién pese y a pesar de todas las dificultades puede abrir una pequeña puerta a la esperanza. Ahora es imposible fingir que no sabemos lo que pasa en el mundo. Nada está tan lejos como para que no nos afecte. Los problemas son, cada vez más, globales. Las soluciones también. Compartamos problemas y compartiremos soluciones.

P.D.: ¡Dios, que mal me han sentado las cerezas!