Días de virus y rosas

Días extraños estos en los que no hay ruido. Días extraños en los que el mundo solo se ve a través de la ventana. Días extraños en los que sabemos que detenerse es posible. Días extraños en los que vimos parar el tiempo y el futuro lo queremos imaginar diferente. Días extraños en que los muertos están más solos y los solos más solos que nunca. Días extraños donde caminar es un recuerdo y la lluvia, el frío, el calor o el viento son personajes ajenos a nuestro mundo enclaustrado. Ellos, extraños, viven ahí fuera. Días extraños en los que todo está preparado para el recuerdo. Días extraños donde luchamos entre habitar un paréntesis o plantear propósitos para un futuro más o menos cercano. Días extraños en los que, si la enfermedad y la muerte pasan de largo, somos capaces de vivir los momentos tranquilos sin el peso del tiempo. Días extraños en los que apreciamos, a veces, lo mejor del ser humano. Días extraños en los que además de virus y muerte también podemos encontrar rosas. Días extraños en los que él y ella también son nosotros. Días extraños que pasarán pero no se irán. Se van a quedar, nos guste o no, dentro de nosotros. Días extraños que un día recordaremos como uno recuerda la quietud y el silencio: con paz o con miedo. Que sea la paz la que pueble nuestros recuerdos y el temor y la muerte nos hagan más fuertes.

Dear Keaton Henson:

Keaton Henson singer-songwriter and artist

Las sorpresas son a veces agradables. Los encuentros pocas veces sorprendentes. Tú has sido las cuatro cosas: encuentro, sorpresa, agradable y sorprendente.

De ti, vergüenza me da confesarlo, no conocía ni el nombre. Una canción, música y palabras que casi siempre pasan desapercibidas, llegó para quedarse. Fulminado. Creo que esa era la palabra. Así me sentí. Tras reponerme te busqué. Primero tu nombre. Después a ti, en persona y al verte vi también tu música.

Pocas veces, más bien casi nunca, coinciden lo imaginado y lo real. Yo no podía intuir tu cara o tu mirada pero sí el halo que desprendes. Delicadeza, fragilidad y hondura. Tanto en ti como en tu música que atraviesa el aire casi sin tocarlo. Tu cara escondida tras la poblada barba. Tu cuerpo siempre vestido de invierno. Presente y ausente si es que este sinsentido puede ser posible.

He recorrido durante días tu música. La he escuchado quieto y en silencio. Hipnotizado. He paseado con ella. He vivido y he sentido. Aquí estoy ahora, rendido.

Tu música duele y no me importa. Tu música respira vida aunque hables de la muerte. Tu música se siente y eso, no tengo la menor duda, es lo único importante.

Earnestly yours,

J.