El presidente matemático

No es una cuestión de lucha de clases, es una cuestión de matemáticas. Decía esto Obama para tratar de convencernos de que era necesario que las grandes fortunas pagaran más impuestos y, de este modo, evitar un recorte en gastos sociales.

Hasta aquí nada sorprendente, incluso normal. Cosas similares están ocurriendo en muchos países afectados por la crisis económica. Llama la atención, sin embarco, que algunos medios de comunicación califiquen esta frase como de histórica, llegando a decir, incluso, que en el futuro será repetidamente citada.

¿Dónde está lo histórico? Yo me he esforzado por averiguarlo. Lo he hecho a pesar de que la he escuchado muy temprano esta mañana y yo , a esas horas, no doy pie con bola.

La frase puede ser analizada de dos maneras diferentes: o es evidente y su significado es literal y, por tanto, no tiene nada de deslumbrante ni, menos aún, de  histórico, o significa todo lo contrario de lo que el presidente quería decir.

Un político que confunde la justicia social con las matemáticas no debería haber pasado de primaria. Un político que cree que en su país no hay, no puede haber o no debe haber lucha de clases es un ingenuo, y eso no se lo cree nadie, o sigue convencido de que la política es el arte de lo posible y abandona lo que  sus pocos satisfechos ciudadanos quieren oír. Los satisfechos siempre consideran imposible lo que no les gusta, lo que les escuece, lo que les perturba o molesta.

Obama y cualquier gobernante que se precie no tiene que hacer pagar a los más ricos por una fría cuestión matemática. Lo tiene que hacer por justicia. Lo debe hacer independientemente de que las cuentas cuadren o no. Es algo imperativo, no es una mera cuestión desiderativa. Obama y todos los que le siguen tratan de no mentar la bicha. La lucha de clases no existe. No es más que una reliquia del pasado que ellos hicieron que se convirtiera precisamente en eso: reliquia. Los buenos ciudadanos no deben angustiarse.

Todas las injusticias no son resultado del abuso de los unos sobre los otros sino de un mero error matemático que un buen presidente subsana regalándonos, además, una frase para la historia.

Qué decir del periodista que escucha todo esto y lo único que es capaz de concluir es que la frase es histórica. ¿Por qué los titulares tienen tanto atractivo para ellos? ¿Por qué se dejan seducir por la parte en vez de por el todo? ¿Por qué?

Los periódicos acabarán publicando sólo titulares, frases redondas e históricas, momentos estelares de la humanidad. Detrás de todo ello sólo queda el vacío, el desinterés, la voluntaria enajenación y falta de información de quien la ofrece y de quien la recibe.

Los políticos, reflejo vivo de todos nosotros, transformarán la falta de libertad en una ecuación mal planteada y la desigualdad se convertirá en un simple problema aritmético. Reducido todo a eso, ¿qué nos queda?

Hablar de lucha de clases, ser tan tonto como para pensar que el reparto de recursos se debe hacer por justicia quedará como un mal chiste de un pasado remoto.

Pobres matemáticos. No saben el fardo que les ha tocado llevar a sus espaldas. El mundo está ahora en sus manos. Los demás podemos dormir tranquilos y dejar de escudriñar en nuestras conciencias. La culpa de todo no estaba allí. El remordimiento que atenazaba a los incautos ha sido eliminado por Obama y su histórica frase.

Temblad matemáticos. Necesitamos que despejéis bien la incógnita y que la x nos de la solución para encontrar la paz y la justicia mundial.

Si Marx levantara la cabeza, estudiaría matemáticas.

Ahora ya sé, y me siento atribulado por no hacerles caso, por qué mis padres nunca quisieron que fuese por letras.

La conciencia está llena de palabras. La justicia sólo entiende de números. Si a tu lado encuentras a un desnortado que pretende cambiar el mundo no lo dudes: regálale una calculadora.

Democracia y poder (Yes, we can)

Platón quería dejar el mando de la república en manos de los filosófos.Como eso lo dijo y escribió hace miles de años, no nos provoca asombro ni enfado.¿Para qué la democracia si al final sólo unos pocos tienen poder de decisión?, nos preguntamos.Creemos, ilusos, que lo que hoy en día defendemos ha superado la propuesta platónica y se nos llena la boca al decir que todos tenemos voz y voto y que es el pueblo quien marca los designios de los países.La realidad es bien distinta.Nos gusta saber que llegado el momento podemos ser preguntados por nuestra opinión sobre un tema determinado.(Yes, we can).Cuando ese momento llega, casi nunca sabemos qué responder.Preferimos, más bien, que sean otros los que nos saquen las castañas del fuego.Esto trae, además, una ventaja añadida:luego podemos criticar la decisión tomada.Podemos alegar sin rubor que eso no lo decidimos nosotros e incluso llegar más lejos y pedir la inmediata dimisión del objeto de nuestras críticas.(Yes, we can).Es, evidentemente, una postura muy cómoda.Sobre el papel gobernamos, votamos, elegimos, aprobamos, censuramos y criticamos. En la práctica hacemos dejación de nuestro poder y lo ponemos en manos de otros que para nuestra desgracia casi nunca son filósofos.Decimos que el pueblo manda, pero el pueblo nunca es nadie en concreto.Caemos en lugares comunes, conceptos manidos como el de la sabiduría del pueblo y no sé cuantas zarandajas más para luego adorar como a becerros de oro a los líderes que más adelante nos encargaremos de defenestrar.¿Por qué hacemos todo esto?Yo lo tengo bien claro.La responsabilidad nos asusta,es  tremendamente más cómodo y fácil ver los toros desde la barrera y luego criticar la faena.Muy pocas personas tienen la preparación y la cabeza suficiente como para entender los temas de los que hablamos en el café con los amigos o en las tertulias con compañeros de trabajo.El ser humano tiene una clara, tal vez innata, tendencia a preferir que los demás decidan por él.Somos como borregos que un día leyeron a Marx y creyeron haberlo entendido todo sin haber, en verdad, comprendido absolutamente nada.Nos dejamos deslumbrar por palabras como pueblo, democracia, ley, igualdad y justicia y nos quedamos sólo con la luz perdiendo  la vista, quedándonos ciegos.Lo que nos gusta es saber que podemos decidir(Yes, we can) pero luego optamos por no hacerlo. Que se equivoquen otros.¿Cómo se entiende, si no, esa necesidad de líderes a los que seguir,esos héroes modernos que nos prometen la felicidad en la tierra, por los que somos capaces de llorar, aplaudir, vitorear y aclamar?¿Cómo un ser adulto y responsable puede alcanzar el delirio antes las mismas frases mil veces repetidas sin ponerse rojo de vergüenza?(Yes, we can).¿Cómo es posible que nos engañemos otra vez, y ya van…,y que creamos que el mesías volvió a la tierra el 20 de enero en Washington?Son tantas las preguntas que se me acumulan que no habría sitio para todas.Perplejo, tengo que admitir que la mayor verdad de todas es aquella que dice que el ser humano es el único ser capaz  de tropezar una y mil veces con la misma piedra.También es de destacar la capacidad de nuestra especie para engañarse a sí misma, para quitarse responsabilidades y para echar la culpa siempre al empedrado.Bush ha dirigido su país y parte del universo durante ocho años.Durante todo este tiempo lo más suave que se ha dicho de él es que era tonto de remate.Bush no llegó al poder él solo.Millones de personas lo apoyaron, lo votaron e incluso lloraron en éxtasis en su presencia.¿Eran todos idiotas?¿Por qué permitieron que un mequetrefe les gobernara?La respuesta está en el viento pero se lee muy claramente.Preferimos que nos manden a mandar. Nada hay tan complejo como tomar decisiones.Mejor si las toman otros en nuestro lugar.Cuando nos cansemos derribaremos al héroe con pies de barro y esperaremos la llegada del nuevo mesías para adorarle un ratito.No creemos en dios pero sí en sus enviados, creemos en el poder del pueblo pero no lo ejercemos,hablamos de libertad, igualdad y fraternidad y ni tan siquiera sabemos qué supuso la revolución francesa,nos indignamos con la guerra de Irak y olvidamos las de África,despreciamos el capitalismo salvaje y vivimos bajo su cobijo,adoramos al Che porque está muerto y queda bien en las camisetas,despreciamos a los Estados Unidos y no hacemos otra cosa que parecernos a ellos más cada día,exigimos poder para nunca ejercerlo,hablamos, urbi et orbi,de lo que debería hacerse,de lo fácil que sería solucionar los problemas de nuestro barrio,ciudad, país e incluso del mundo entero pero cuando llega el momento de la verdad preferimos que sea otro el que tome las decisiones,estamos hartos de asistir a las injusticias que se cometen en todo el mundo pero luego miramos a otra parte,decimos que hacemos lo que podemos cuando lo que podemos es muy poco, si podemos hacer mucho, entonces,preferimos no hacer nada(Yes, we can),somos, al mismo tiempo o sucesivamente, creyentes, agnósticos y ateos,defendemos los impuestos pero hacemos ingeniería financiera para no pagarlos, exigimos nuestros derechos sin tan siquiera conocerlos,perdonamos a nuestros enemigos sólo si están lejos,reivindicamos nuestra cultura y acamos siendo xenófobos,nos manifestamos en favor de la paella y comemos hamburguesas, hablamos de formación y cultura y vemos la televisión, comemos viendo a niños que mueren de hambre y lloramos porque nuestro equipo perdió el domingo.

Platón quería dejar el poder en manos de los filósofos porque consideraba que sólo ellos tenían la preaparación suficiente y el sentido de la justicia necesario para velar por los intereses de la comunidad.Hoy, como es lógico, no nos fiamos, de que unos pocos decidan lo que ha de ser nuestra vida.Defendemos con uñas y carne el poder para el pueblo.Al fin y a la postre el resultado es aún peor: dejamos todas las decisiones en manos de unos pocos, que para mayor vergúenza, ni siquiera son filósofos.Podemos decidir(Yes, we can) pero no nos gusta hacerlo.