Autorretrato incompleto

No soy rencoroso. Se me olvidan todos los males que creo que me han hecho. No soy vengativo. La venganza, además de improductiva, requiere atención constante y, eso, es demasiado laborioso. No soy envidioso. Me encuentro bien con lo que tengo y soy como soy sin más ambiciones. No soy avaricioso. Vivo sin saber lo que poseo. No por tener demasiado sino suficiente. No soy mentiroso, o al menos en lo importante. Siempre suelo decir lo que pienso y guardo las mentiras para lo conveniente. No soy presuntuoso. Trato de no dar nada por sentado. No soy cobarde. Lucho por vivir como pienso. No soy ambicioso. Tal vez me equivoque pues algo debe de tener la ambición cuando hay tanto empeño en valorarla. No soy egoísta, o no lo soy de manera desmedida. Pienso mucho en mí, pero también en nosotros. No tengo prejuicios. Lo que sé o sospecho no trato de utilizarlo en contra de nadie. No soy imparcial. Tamaña labor queda en manos de los jueces y ellos, que son como yo, tampoco pueden serlo. No soy violento. No porque no pueda sino porque no quiero. No soy manso, que dios me perdone. Siempre he preferido el lobo al cordero. No soy idiota. Nunca miro el dedo cuando señala a la luna. No soy vanidoso, aunque después de lo dicho parezca serlo.

No soy nada de eso. Al menos así lo creo. Y sin embargo, no me siento bueno.