Pluscuamperfecto de subjuntivo

Hoy  hablaba con unos amigos sobre las relaciones entre padres e hijos. No hay, evidentemente, un patrón único de comportamiento y toda generalización contiene, por definición, errores.Creo que podemos decir que, en general, los hijos pasan por dos fases opuestas. En la primera,marcada por la dependencia,ven a sus padres como símbolos de totalidad, todas las necesidades se solventan en ellos y no son capaces de concebir un mundo y una vida sin ellos.La otra, la más dura para los padres, es cuando los hijos descubren que sus progenitores representan una intromisión,una molestia y hasta una carga.Los padres pasan a ser unas máquinas expendedoras, que hacen bien su papel si se limitan a su tarea:cajeros automáticos.Puede, en algunos casos haber una tercera fase, y es cuando padres e hijos se reencuentran y aceptan que cada uno debe llevar una vida independiente del otro.Sólo con esa aceptación es posible llegar a tener una relación adulta y civilizada.Tampoco estos encuentros en la tercera fase suelen ser un lecho de rosas, ya que finalizan siempre con la transformación de los padres en hijos y los hijos en padres.Es esa última etapa en la que tenemos la obligación, la cumplamos o no, de cuidar de nuestros padres, que poco a poco se han ido convirtiendo en seres absolutamente dependientes.

Tendemos a pensar que el origen de todos los problemas está en la infancia.Queremos creer que cuado un adolescente o un joven manifiesta un comportamiento que nos parece equivocado, negativo, malo o contraproducente, es porque algo sucedió en su infancia que desbarató la posibilidad de un desarrollo adecuado de su personalidad y temperamento.De la misma manera, es más fácil comprender el comportamiento, muchas veces egoista, de las personas mayores si lo relacionamos con la pérdida paulatina de sus facultades.No niego que en ocasiones sea así.Acepto incluso que la infancia marca de manera indeleble nuestro paso por la vida. Lo que me parece inadmisible es quitar siempre la responsabilidad de los actos a quien los lleva a cabo.Si nadie es responsable de nada, más vale que nos dediquemos a otra cosa.Los manuales de psicología barata son muy aficionados a transformar todos los lados oscuros de nuestro comportamiento en más oscuras vaguedades con el único fin de echar las culpas a entes indeterminados como la familia, el entorno, la sociedad o los estados unidos.Yo nunca tengo culpa de nada.Yo soy víctima de un entorno hostíl que me corrompe con sus tentaciones.Nos gusta, no, necesitamos vivir en el pluscuamperfecto de subjuntivo para poder imaginar que hubiera sido de nosotros si esa etérea sociedad responsable de todos nuestros males no nos hubiera obligado a ir por el mal camino, o , al menos, por el camino equivocado. Yo no quería, yo no sabía, me he visto obligado a hacerlo. Estas son algunos de los más comunes  lugares comunes en los que caemos para justificar nuestros actos.Sé que aceptar que existen niños malos dificulta nuestra comprensión de las relaciones humanas.Ser adulto lo convertimos en ser capaz de tomar decisiones, en ser responsables.De hecho hasta tenemos leyes que nos dicen desde cuando tenemos responsabilidad penal.Ayer no, hoy sí.Esto último no es más que un arreglo práctico a un problema al que de otra forma no encontraríamos solución.Me parece bien. La responsabilidad penal es una cosa.La voluntad de obrar mal y de hacer daño la tienen por igual niños, jovenes y mayores.

Los hijos necesitan a los padres tanto como los padres a los hijos.Los hijos para sobrevivir y los padres para entender, al menos una vez en la vida qué es eso del amor al prójimo.Cuando un padre no duda de que sería capaz de dar la vida por su hijo, está, de alguna forma,acallando sus problemas de conciencia.Ya sé lo que es la bondad y el amor. Hijo mío, yo daría todo por tí, sin pestañear ni titubear.Una vez sentido eso, no nos importa ya reconocer que en ningún otro caso haríamos algo semejante.Si nuestro hijo se comporta mal con nosotros, buscamos la culpa y la responsabilidad en nosotros mismos.¿Qué he hecho yo mal?, ¿en qué me he equivocado?.Necesitamos también, por si acaso, que alguien saque la culpa de nuestro vástago. Pagamos a un psicólogo, para que nos diga lo que queremos oir.La culpa está fuera de nuestro retoño.Tiene malos amigos, malas influencias,ve demasiadas series norteamericanas o dibujos animados japoneses.Problema resuelto y a otra cosa mariposa.Echar la culpa al aire se ha convertido en el deporte favorito de una sociedad compuesta por personas hechas de mantequilla.No está mal buscar explicaciones a los actos humanos.Lo que no procede es echar siempre la culpa a Bush que bastante tiene con lo suyo.Los abuelos, hasta que se convierten en niños otra vez, son seres con voluntad propia que pueden hacer daño y actúan en consecuencia.No todos sufren alzheimer.Quiero decir, en definitiva, que una sociedad, unas personas que buscan siempre la explicación de lo que les incomoda más allá de su voluntad es una sociedad que se engaña a sí misma.El complejo de Edipo, es muy interesante, pero no todos los niños matan a su padre porque están enamorados de su madre.La demencia seníl,es, cada vez más, compañera de viaje del final de nuestras vidas.No podemos, sin embargo, pensar que todos los actos de los mayores surgen de la irresponsabilidad y la inconsciencia.Los hijos,como todo a veces en la vida, también nos pueden salir rana.Cuando no nos quieren como queremos que nos quieran no siempre es debido a un trauma que surgió en su más tierna infancia. Simplemente no nos quieren.Les sobramos.¿Se arrepentirán?Es problable.Ahí estaremos nosotros para perdonar y echar balones fuera.Esa seguridad que tienen los hijos en el perdón perpétuo de los padres es la que les permite actuar en presente.No necesitan pensar ni en el pasado ni en el futuro. A los padres siempre les quedará el refugio del pluscuamperfecto de subjuntivo.Si hubiéramos hecho, si hubiéramos dicho, si no…

Todos somos responsables de nuestros actos.Por más explicaciones e interpretaciones que les demos, por muchos manuales de psicología que leamos, al final, hubo una voluntad que tomó una decisión.Lo bueno y lo grande es que unos pueden rectificar y otros perdonar.

Que así sea.

Para J. y M.E.