Tormenta de verano

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Me gustan mucho las tormentas.Más en verano.Más todavía en el campo.El calor aprieta, el aire se hace irrespirable y ansiamos la llegada del agua refrescante. Se vislumbra un relámpago  a lo lejos.Contamos los segundos que tarda en sonar el trueno y luego lo multiplicamos por 340.La distancia es cada vez menor.Las nubes negras, cargadas con el agua prometida, se resisten a derramarla sobre la tierra sedienta.El día se hace noche en unos minutos y el espectáculo da comienzo.

Hoy, al ver que la tormenta se acercaba, he hecho algo diferente.Al sentir que ya llegaba, me he sentado a esperarla frente a una pared blanca.El sol le daba de lleno.Hacía daño mirarla.La luz de la pared cambiaba. No hacía falta levantar la vista  hacia el cielo.Quería plasmar el momento previo al agua.Difícil explicar con palabras los colores.Diferentes tipos de blanco,grises, azules y sombras que aparecen,primero a medias, después trasformando los brillos en mates,finalmente resaltando los colores.Si no se ve el antes y el después no se comprende. La luz es más luz gracias a la sombras.Blanco resaltado por el negro.Colores transparentes.

El agua llega y arrasa con todo. Durante unos minutos todo pierde su color.Todo es monótono. La luz  es igual en todos los rincones.Es un paréntesis de agua. Cuando deja de caer la lluvia y el sol asoma de nuevo entre las cansadas nubes, vuelve a reinar la luz, otra vez distinta.La tierra, la hierba, las plantas y las flores respiran aliviadas.Todo huele distinto.

Miro la pared de nuevo y brilla como antes.La tormenta que llega está ahora atrapada en la cámara.Ya se ha ido pero la tengo.El agua está a punto de caer, sólo falta un segundo.En la fotografía no hay tiempo y ese segundo siempre será eterno. Nos queda la luz para mirarla.