Contando cuervos

Llevaba tiempo con ellos merodeando en mi cabeza. Algo me empujaba a escribir sobre los cuervos. Decir algo es no decir nada pero un impulso es algo indescriptible. Hace años que cambié mi opinión sobre los cuervos. Si los cuidas no te sacan los ojos, te dan vida. Nunca había sido tan consciente de todo lo que ofrecen. Estos últimos días he vuelto a escucharlos obsesivamente y no tengo más remedio que rendirme, no a sus pies sino a su grandeza. Pasa de vez en cuando pero cuando sucede te deja clavado y no dudas. La duda nos perturba y, como la niebla, no nos deja ver el camino. Los cuervos lo han despejado y puedo seguir adelante agarrado a la música de sus alas negras. Son ellos, también asoma Rem de vez en cuando y estoy seguro de que han escuchado a Van Morrison casi tanto como yo. El resultado es música que te atraviesa, que no te puede dejar indiferente.

Llevan veinte años, seis discos y dos o tres puñados de canciones que superarán la prueba del tiempo. Ahora escucho y escribo y sin quererlo me detengo. Las palabras ceden el paso a su música que llena todo el espacio que me rodea. El sonido de las teclas me molesta. Preferiría que fueran las teclas de un piano que acompaña la voz auténtica que me llega directa al alma como un puñetazo. ¿Qué más decir? No es tiempo de negro sobre blanco.

Round here
Perfect blue buildings

P.S.: Espero Ch. que te ayude a empezar bien el sábado y que acompañes la música con un sabroso té verde o con café. Lo que prefieras.