Yo quisiera

Yo quisiera ser trompetista de jazz y tocar en locales llenos de humo. Quisiera abrir los ojos, entonces, y ver pequeñas mesas redondas, lámparas que apenas iluminan y unos ojos que me miran interrogantes.

Yo quisiera ser fotógrafo de cuadros de Hopper. Detenerme entre sus gentes quietas y sentarme a la luz de sus ventanas. Quisiera ver el sol que salió de sus pinceles.

Yo quisiera escribir por las noches, cuando todos duermen y se respira silencio. Liberar palabras de su cárcel de grafito y verlas adquirir sentido. Nombrar con ellas lo innombrable y tenerlas ante mí recién nacidas.

Yo quisiera vivir lejos del mar, pisar la tierra caliente y olvidar el monótono ruido de las olas. Ver el campo desde mi ventana, recorrer caminos y sentarme a la sombra del único árbol.

Yo quisiera leer una novela interminable, dejarme llevar por la vida de los otros. Verlos, conocerlos y amarlos. Cerrar el libro cada noche y saber que allí me esperan, dormidos, hasta que mi mano traiga a sus vidas un nuevo día.

Yo quisiera construir mi propia casa. Pintarla de blanco y contemplarla desnuda de todo recuerdo. Pisar descalzo la madera de su suelo y, poco  a poco, vaciar las cajas llenas de mi vida.

Yo quisiera vivir en una inmensa ciudad que a nadie conoce. Recorrer una tras otra todas sus calles. Mirar, oler, ver sin ser visto y perderme entre infinitos colores.

Yo quisiera escapar de la sombra que me ata y me persigue y, como Peter Pan, vivir sin ella, sin ese recuerdo constante que me dice que estoy aquí, que estoy ahora.

Yo quisiera ser yo con todas las consecuencias. Ser yo por la mañana, ser yo por la tarde y por las noches estar solo sin estarlo.

Yo quisiera  tocar la trompeta delicadamente ante un cuadro de Hopper en una noche oscura. Mirar después por la ventana los caminos quietos, las calles llenas de luz y movimiento.

Yo quisiera estar en mi casa blanca buscando entre los libros el libro de mi vida y escribirlo lentamente en un tiempo sin prisas.