Cien puertas

Cada vez estoy más silencioso. Por dentro, sin embargo, no consigo acallar las voces que preguntan, que me hablan. Aquí sentado, frente a tus piedras caldeadas por el sol que ya se escapa, dejo fluir esas palabras. Ya no retumban en mis sienes. Cien puertas se abren y escapan. Yo, callado, por fin puedo sentir el silencio. Miro tus piedras naranjas, el alabastro de tus ventanas y la luz que apenas atrapas. Cierro los ojos, los abro otra vez y tus piedras parecen rosadas. Las sombras amenazan a lo lejos, y ellas, las voces, surgen de nuevo de la nada y me atormentan. Me aferro a tus cálidas piedras, pero no me dicen nada. Las cien puertas permanecen cerradas. Derrotado, pero alegre, emprendo, como siempre, el camino de vuelta a casa.