Un verano sin cerezas

Este año las cerezas se han adelantado. Infieles a su cita conmigo, se han marchado todas antes de que yo llegara. Me consuelo pensando en el festín que se han dado los pájaros. Cinco cerezos para ellos solos. He estrenado mi comida en los árboles con unas pequeñas ciruelas rojas. Suena bien pero no es lo mismo. Enseguida será tiempo de albaricoques y,  con suerte, de ciruelas claudias.

La casa vacía y oscura se ha llenado de luz para recibirme. Parece que fue ayer cuando cerré ventanas y puertas. Han pasado meses pero en mi mente no llegan a unas horas. Cuando llegas a un lugar que guarda parte de ti el lapso de tiempo se desvanece. Luz del sol que entra por las ventanas recién abiertas, polvo acumulado y dormido (¿qué sentido tiene el polvo?) y ruido de pasos que recorren pasillo y habitaciones. Tiempo de maletas. Ropa en los armarios, camas por hacer, alacenas que hay que llenar con comida, libros que esperan ser leídos, cámara de fotos, ordenador, cables y una carpeta con el trabajo pendiente.

El jardín habitado de nuevo. Un vaso de vino bajo el almendro tantas veces recordado. Un libro cerrado a mi lado. No es tiempo de palabras sino de paisajes. Pierdo la vista en los campos que se pierden en la distancia. Colores de verano. Brisa que me hace sentir vivo. Un lugar en el mundo.

Primer paseo entre el trigo. Piso de nuevo la tierra que dejé fría y ahora se siente caliente. Polvo que se levanta al andar. Primera pausa, primera fotografía. Una vez más mi mirada se fija en un camino vacío. Parece blanco en la distancia. Corta en dos los campos y me invita a seguir caminando. Wilko me canta al oído That’s what you said. Acaba y la escucho de nuevo. Llego en volandas a la ermita y me detengo. Me siento en una piedra y la contemplo. Mil años lleva ahí detenida. Atravieso su pequeña entrada y aparezco en un mundo de sombras. Oscuridad y frescor. La luz del sol se intuye a través del alabastro. Tiempo de silencio.

De vuelta en casa. Preparo la comida. Melón, tomates, queso y vino de pueblo. El sol está en lo más alto. Es el momento de verlo desde la sombra. Cierro los postigos de las ventanas, corro las cortinas y me refugio en la penumbra de la alcoba. Me tumbo en la cama. Leo a Boris Pahor hasta que un dulce sueño me vence. Tiempo de siesta.

Por la tarde siempre se levanta el cierzo. La temperatura va cayendo y el jardín se puebla del sonido que producen las hojas de los árboles al agitarse. Descubro en un rincón una gata con tres lindos gatitos. Tienen hambre. Los tres pequeños huyen. La madre aguanta mi mirada. Devoran la leche que aparece como por encanto en un plato.

Película de media tarde. La fortuna de vivir. Me gusta y asiento. Yo también soy afortunado. La vida tendría que ser así. Algo para ser disfrutado. Vivir lo que uno quiere vivir. Elegir y no ser elegido. Tiempo de reflexión.

Los días largos de verano. Un paseo por el pueblo. Recorrer sus escasas calles, ver a los niños que pasan corriendo con una sonrisa cosida en la cara. Imaginar las vidas dentro de las casas, mirar por las ventanas, detenerte a charlar con algún conocido. Volver a casa y respirar tranquilo. El jardín de noche. Tiempo de estrellas. No sé el nombre de casi ninguna pero no por eso dejan de ser mis estrellas.

Pepino y acelgas de la huerta de un vecino. Ha sido su regalo de bienvenida. Comer de tu propia tierra. Recoger los platos y el mantel de la mesa. Encender una luz  y escuchar el silencio que llega desde el jardín dormido. Decido escribir lo vivido. Tiempo de palabras.

Punto final. La cama con sábanas blancas. Las paredes vacías y también blancas. Me acuesto. Abro el libro y sigo leyendo. Tiempo robado al tiempo. Dejo de leer por un momento. Miro al techo y suspiro. Mañana también será tiempo de ciruelas, caminos, gatos hambrientos, tomates y estrellas.

19 comentarios en “Un verano sin cerezas

  1. No sé al resto de personas que vienen a leer por aquí pero en mi caso, cosigues llevarme y siento el viento en la cara y en el pelo, noto el tacto de la piedra fresca de la ermita, la sensación del trigo y la tierra seca, el sabor del vino y del queso… he sentido hasta vergüenza de meterme en tu casa y tu espacio. Como a todo el mundo le pase lo mismo se te va a acabar la tranquilidad y la soledad.
    Definitivamente prefiero leer a este J.

  2. La puerta está abierta. No te preocupes. Cuando estás bien en un lugar también es más grato recibir a los amigos.
    Conseguir con unas palabras todo lo que dices me produce una gran satisfacción. Me temo que en muchas ocasiones esto es más mérito del lector.

    Yo también prefiero a este J. No lo dudes.

  3. Vaya por dios. Que cambio más radical. Ya no se respira melancolía ni dudas, solo tranquilidad y paz. Te sientan bien las cerezas que no te has comido 🙂

    Me encanta esa sensación veraniega acompañada ya sea por la brisa del mar o del campo que te susurra al oído la vida es bella.

    Buena comida, buen vino, buen paisaje y buena compañía= definición absoluta de felicidad.
    y si a eso le sumas un buen libro o una buena película y un atardecer…qué más se puede pedir?

    Me voy a comer un puñado de picotas a tu salud.

  4. Imagina cómo estaría si me las hubiera comido.
    Lo terrible de la felicidad es que parece estar al alcance de la mano. En la realidad resulta ser terriblemente esquiva. Cuando estoy aquí le cierro la puerta para que no se escape.

    No tengo picotas (de momento). Voy a comer unas almendras recogidas en el jardín.

    Salud!

  5. ¡Ja ja ja ja! Tengo ganas de brincar y bailar. De escuchar música durante un largo rato o quizá de irme a caminar por horas, sólo parando para tomar algunas fotografías, inevitables. Lo interesante (para mí) de esto es que sé que no haré nada de lo anterior. Siento ganas de hacerlo simplemente porque estoy feliz. Hay una sutil diferencia, que comprueba una vez más que la felicidad no es más (ni menos) que el logro de metas, grandes o pequeñas. No depende de absolutamente nada más. En este caso, saber feliz a mi vecino querido.

    Cris, sólo hay un J. Un J único, irrepetible e indivisible. Y tú y mi vecino y yo sabemos muy bien cuál es.

  6. Ésta es una entrada afortunada. Me agrada ver los efectos beneficiosos que está produciendo.Me dan ganas de contar mi día a día para seguir haciendo el bien.
    No sé si soy uno, duo o trino pero de momento me quedo con este uno

  7. Faltaban dos cosas para completar el círculo. Una eran las cerezas y esas ya no tienen remedio. La otra era VM y tú se lo has puesto.
    Gran canción, además.
    Gracias por traerlo.

  8. Gracias Charlotte,
    Me encanta descubrir cosas nuevas. Nunca lo había escuchado. Mi conexión rural a internet me hace oir la canción entrecortadamente. En cuanto mejore lo escucharé como se merece.

  9. La vi anoche (Les enfants du Marais). Es muy buena. Me dejó con una sensación de tranquilidad y paz. Cuando acabo me acordé de mis abuelos y de la única vez que estuve en su casa del pueblo. Mi abuelo terminó borracho y tocando la trompeta jajaja yo era muy pequeña para entender que su borrachera se debía a la alegría de ver a sus nietas.

    For some reason I’m craving french wine now 🙂

    Have a nice day.

  10. PS: devuelvo la recomendación en cuanto a pelis
    Las dos últimas que he visto:
    An affair to remember (me encanta el cine clásico, es como viajar en el tiempo) y El árbol (una peli australiana curiosa como poco).

  11. Lo sé Karen, sé que J es uno sólo e irrepetible, es una forma de expresar que me gusta más leerle cuando está contento y disfrutando. Las otras entradas también son buenas por eso me gustan menos, porque arrastran igual y prefiero que me arrastren hacia este tipo de sensaciones 😉

    Estoy absolutamente de acuerdo contigo en lo de la felicidad, sino cómo se podría entender lo felices que nos sentimos a veces en unas circunstancias que… en fin dejarían bastante que desear en cuanto a terminos de vacaciones, playa, relax, silencio, helados y esas cosas.

    J. me quedo más tranquila con eso de que la puerta está abierta y que no me preocupe.

    Un abrazo silencioso.

  12. Charlotte,
    ¡Qué rapidez! Me alegra que te gustase. La relacioné instantaneamente con tu entrada porque me produjeron sensaciones similares. Ambas son tremendamente positivas. Al acabar la película entiendes perfectamente el título español.

    De tus recomendaciones conozco el clásico y coincido contigo. Cary Grant es otro símbolo del optimismo. La australiana no la conozco. También me la apunto.

    Cris,
    Estás en tu casa.

    M,
    Creo que es el comentario más corto que he recibido. Veré si puedo superarlo. Tengo que pensar en algo que pueda decir con una sola letra.

  13. Es que en verano vivo de libros y películas y más un domingo =)

    Si te digo la verdad tenía por delante en la lista “Sospechosos habituales” pero ese día el optimismo ganó. Este domingo le hago hueco al señor Keyser Söze.

    PS: M, qué significan las siglas YW? You Win?

  14. Charlotte,
    Me parece una excelente elección. Ten la cabeza fresca para verla y espera alguna sorpresa.
    Que la disfrutes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s