Mi casa está hecha de papel. Las paredes se sujetan en libros, las mesas sostienen libros. Junto a la cama, libros; allá donde mires, libros. Es la única cosa que me gusta comprar. La única vez donde la palabra comprar no me da cierta dentera. El olor del papel, el olor de la tinta escondida entre sus páginas, el tacto de los libros dan vida a la vida. Lo primero que salvaría de mi casa, si se quemara, son las fotografías porque los libros sería imposible salvarlos. El papel tiene esas cosas: te acompaña siempre y te deja en un instante.

Mi infancia estuvo rodeada de libros. Los años de mi vida están acompañados de libros que leí y que se quedaron conmigo. Libros que habitualmente miro, toco, ordeno y guardo. Libros que quedan esperando a que mis manos y mis dedos vuelvan a abrirlos y leerlos. El futuro, espero, estará lleno de libros.

No puedo deshacerme de los libros. Es un empeño inútil. Llevan conmigo demasiado tiempo. Son conmigo, forman parte de mí. Estar sin ellos sería impensable. Una vida sin libros solo es el título de una distopía.

Cuando pienso en algo creado por el hombre, en algo imperecedero, siempre me viene a la cabeza un libro.

Llevo años escribiendo con teclados y pantallas. En realidad, no es una elección libre. Lo hago porque detesto mi caligrafía. Es lo que menos me gusta de mí. Adoro los lápices, las plumas, los papeles en blanco, pero en cuanto trato de escribir en ellos, me compadezco. Ahora, para mi consuelo, adoro las tipografías. Me paso horas hurgando entre ellas.

Después de tantos años compartiendo palabras en el blog, he publicado un libro con textos seleccionados, corregidos y aumentados de esta bitácora que en años de blogosfera es ya bastante anciana.

Me hace ilusión compartir contigo esta noticia. Me gustaría mucho que quisieras tener en tus manos las palabras y los textos que hemos compartido durante todo este tiempo.

Son muchas palabras reunidas en sus páginas; no son manuscritas, gracias a dios. Son letras escritas con la Georgia que tanto quiero. Son palabras, solo palabras. Sin imágenes ni música. Ellas solas llenan las páginas que yo al menos abriré, releeré y luego guardaré entre tantos otros libros para que me espere allí hasta que el azar que todo lo mueve haga que unas manos vuelvan a cogerlo, tocarlo, abrirlo y leerlo. Espero que el fuego no se lo lleve mientras tanto.

El libro se lo dedico a todos y a todas los que, por el motivo que sea, han pasado por aquí y se han detenido siquiera un instante.

Una paradoja es una idea, proposición o situación que resulta lógicamente contradictoria, absurda o contraria al sentido común, pero que puede encerrar una verdad profunda o revelar los límites de un sistema de razonamiento. El tiempo permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Las paradojas del tiempo son constantes en nuestra vida. Tratar de comprenderlas nos convierte en seres diminutos que, no contentos con vivir en eternas paradojas, tratamos de situarlas en el tiempo.

Al menos nos quedan las palabras. Con ellas formularemos paradojas que resistan las trampas del tiempo.

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