Santa Claus is coming to town

Días de ausencia. Días de silencio. Paul Auster en la mesilla. El invierno que llega. Música detrás de las palabras. El árbol vestido de  rojo, verde y amarillo. Frío que entra por las rendijas. Bill Evans en la memoria. Voces en la casa. Vaho en los cristales. Un dedo dibuja la luna. Olor a castañas. Calma pintada de blanco. Nieve que no llega. Pasos que no cesan. Santa Claus is coming to town. Compota de manzana, turrón de yema. Fuego que calienta las manos. Bing Crosby  a través del silencio. Qué bello es vivir. Blanca Navidad. El milagro de las campanas. De ilusión también se vive. Largas noches. Sosiego. Recuerdos de infancia. Recuerdos inventados. Juguetes olvidados. Cartas a los Reyes Magos. Calles de ciudad en grises y blancos. Paseos por el campo. Árboles desnudos. Tierra que tirita. Silencio lleno de vida. Palabras de Styron. Wynton tocando la trompeta. Chet caído por la ventana. You better watch out. La puerta que se cierra. La palabra casa. El concepto casa por fin aprehendido. Olor a pueblo. Sarmiento en llamas. Vino dulce que calienta la garganta. Paréntesis. Parada. Pausa merecida entre el todo y la nada.You better not cry. Doce uvas. Besos y abrazos. En busca del tiempo perdido. El sol también saldrá mañana. Cinco de enero. Ilusión en los ojos. Tú antes que yo y antes que nosotros. Sueño imposible. Sombras y delirios. He sees you when you are sleeping. Libros leídos. Fotografías apresando la risa. Días que se van para no volver. Noches que anidan en el alma. El mundo imponente ante nosotros.Aún tenemos el tiempo. Todavía hay esperanza. Santa Claus is coming to town.

Happy Christmas!


Espacios privados

Son las 23:30 del sábado 20 de septiembre de 2008. Estoy sentado a mi mesa.  Tengo un cuaderno negro abierto ante mí,  pero nada de lo que he escrito en él me interesa en este momento. Si miro a mi derecha veo una ventana cerrada. A mi izquierda un sofá rojo me reclama y enfrente, tengo la pantalla de mi ordenador y una pared blanca vacía de toda distracción. En la mesa, sí, tengo más cosas. Mi pequeño macbook duerme el sueño de los justos, un disco de Eli”paperboy” Reed y papeles, muchos papeles que ansían ser colocados en su sitio. También tengo una piedra de color arena. Podría ser una piedra cualquiera, pero no lo es, al menos para mí. Es totalmente redonda, casi una esfera perfecta, la recogí este verano de mi trozo de camino de  santiago que nunca llega a santiago pero que es mío. Para que no se sienta inútil le he hecho creer que es un pisapapeles y ahí está cumpliendo fielmente su misión. Yo la miro y recuerdo la mañana en que la encontré caminando solo por caminos dorados. En los papeles reina un caos lleno de sorpresas. Apuntes y notas se han ido acumulando con el paso del tiempo. /etc/modprobe.d/alsabase,isight, pedir hora para el homeópata en diciembre, I couldn’t help it if I tried searching for the young soul, gmailmanager, la literatura por encima de las demás artes, si llueve saldremos a la lluvia, a lavar las vidas que van acumulando mugre de palo de gallinero,  abrir puertos router, no preguntar nunca, pase lo que pase. También veo una inscripción en japonés pero que, por desgracia, no puedo reproducir aquí. Tengo también varios objetos: un ciclista de juguete que apareció un día tras una estantería de libros. Tiene muchísimos años, casi tantos como yo, fue uno de mis primeros juguetes conscientes, sus compañeros de fatigas han sido devorados por el tiempo y las mudanzas. Este no , milagrosamente ha resistido a mi olvido. Ahí esta ahora, todavía pedaleando. A la derecha, bajo la ventana, tengo dos objetos queridos, uno es un dibujo, regalo de una niña de cinco años. Yo siempre creí que era una piruleta, pero no, la autora me desveló la verdad:  es un caracol. El otro es una foto de tres mujeres que siempre me miran, si no lo hacen les miro yo y les digo que no se distraigan, que su miśión es esa, mirarme y recordarme que están ahí aunque yo no les vea. De vez en cuando, de reojo, las observo y compruebo anonadado como lo negro deja de serlo al sentir que están a mi lado. También tengo plumas y lápices sin veneno, una libreta de direcciones y dos cajas plateadas donde guardo lo que no sé dónde guardar, es decir, casi todo. El resto no es muy poético: cables, ratones, routers y módems. Cuando  el cuarto está a oscuras, sus lucecitas, rojas, verdes y amarillas titilan como estrellas de este espacio privado. Si alzo la vista y miro al otro lado veo libros, muchos libros y veo a mi abuelo. Entre tantos lomos nuevos, de colores vivos y brillantes, reposan los otros, pardos y marrones, que yo descubrí cuando aprendí a levantarme del suelo. Ellos también, como el ciclista, han viajado siempre conmigo. Bill Evans toca el piano con sus delicadas manos. Siento pena de que estos momentos terminen, que se vayan de mi lado. La noche nunca se detiene, no importa que le plantemos cara al tiempo. Ahora ya es domingo, comienza hoy el otoño. ¿Qué más da, si tengo una piedra, una foto, un cuaderno, lápiz, libros, un ciclista y a Bill Evans tocando en esta noche clara y tranquila? Son las 00:10 del domingo 21 de septiembre de 2008. Estoy sentado a mi mesa. Tengo un cuaderno negro ante mí. Ahora ya está cerrado.