El pensamiento fragmentado

A veces pienso que la gente no es que no piense. Lo hace, sí, pero fragmentadamente. Recibimos a diario decenas de píldoras de información. Nuestra labor es digerirlas y procesarlas. Con esas pequeñas dosis elaboramos nuestra representación del mundo, tomamos también partido y formamos nuestras opiniones. Somos a partir de entonces nuestro propio fragmento.

La información que parte de nosotros también tiene formato de cápsula. Correos electrónicos, mensajes telefónicos, chats y así, en reducción, hasta la nueva magnitud de pensamiento: los ciento cuarenta caracteres. El folio es cosa del pasado. Toda la información del mundo cabe dentro de un postit. Referencia sin sentido.

Tengo para mí que ya casi nadie reflexiona detenidamente sobre nada. Queremos información rápida, breve e inmediata sobre todos los asuntos. Palabras huecas. Minimalismo mal entendido.

Internet guarda información múltiple pero pocas veces extensa. Entramos y salimos de una enciclopedia dejando millones de palabras olvidadas, escuchamos fragmentos de música, leemos blogs, echamos un vistazo a periódicos digitales, los links nos hacen saltar de un mundo a otro sin detenernos a pensar nunca en un punto. No compramos discos, compramos canciones, leemos mensajes de texto, abreviamos palabras. Las noticias mueren en los titulares. Los índices ocupan más que los textos. Las películas son ahora series que no son sino mera sucesión de fragmentos. El estudiante prepara esquemas y resúmenes. El profesor hace presentaciones en powerpoint. El periodista va al grano. La televisión se multiplica y se fragmenta como el universo. La comida es rápida, el pensamiento breve y la reflexión inexistente. Fast thinking.

Ése es el nuevo mundo: un powerpoint que se repite incesante con ligeras variaciones.

Hoy he ido a trabajar y lo primero que he hecho es leer las anotaciones de mi agenda, he contestado correos pendientes. He ido a clase y he escrito un esquema en la pizarra. Me han pasado después un informe. He recibido mensajes en el móvil. Los he contestado escasamente. He puesto una nota en el corcho. He tenido una reunión y para abreviar hemos sido breves. Antes de marcharme he anotado las tareas pendientes. Mientras comía, ya en casa, he escuchado un resumen de noticias por la radio. Después he mirado mi rss. Títulos, tres líneas y seguir leyendo.Tweet, tweet.

Ahora estoy sólo ante la página en blanco y  me parece un desierto plagado de trampas. Mundo desconocido y sin límites. Algunas letras, supero ya las ciento cuarenta, forman palabras y descubro asombrado que surgen ideas. Me detengo y pienso. Es una sensación desasosegante. En busca del tiempo perdido.

De la falta de información al exceso, del pensamiento único al múltiple, de lo extenso a lo intenso. De la palabra al carácter. Del uno al fragmento (parte o porción pequeña de algunas cosas quebradas o partidas).

Somos víctimas de nuestro propio tratamiento. El chat nos ha paralizado, el tweet es el elogio del fragmento. Ingenio condensado que pierde, casi siempre, toda la gracia en los límites arbitrarios del reglamento. El reto como fin y como medio. La palabra convertida en conjunto de caracteres. El pulgar es la pluma de los fragmentados. Pásalo y lo paso.

De Heráclito solo quedan escasos fragmentos. En ellos intuimos movimiento, reflexión perdida por el paso del tiempo. El mundo actual está lleno de Heráclitos que jamás sospecharon que “En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos” no fue el primer tweet sino el comienzo.

El contenido del mensaje es ahora secundario. El pensamiento fragmentado no nos deja ver el bosque, nos coloca en un extremo o en otro pero jamás en el medio. El pensamiento fragmentado nos hace, contradictoriamente, ansiosos y terriblemente perezosos.

XX XY

Durante siglos y siglos de historia hemos asistido al bochornoso espectáculo de ver cómo media humanidad era silenciada por la otra mitad. Los hombres con su actitud arrogante han cerrado las bocas de las mujeres no sólo por la fuerza sino con la más sutil artimaña de hacerles creer que estaban mejor calladas, que su misión era reírles las gracias a ellos y  asentir a lo que  su amo y señor decía, que su mundo estaba en otra parte y que su realidad era diferente.

Sé que el mundo ha estado siempre hecho a la medida del macho y sé también que para ocultar esta situación se han creado los más horribles de los tópicos: detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer, la que de verdad lleva los pantalones  es ella…Son siniestros realmente y quien se los cree lleva la peor de las vendas sobre los ojos: la de la ignorancia y el engaño.

Todo eso es una absoluta mentira. La triste realidad es que las mujeres han estado condenadas al silencio y las pocas que han osado abrir la boca han pasado por muchas más penalidades por el mero hecho de tener diferentes cromosomas.

El siglo XX ( cromosomas femeninos) ha sido tal vez el siglo donde más avances se han conseguido en lo que llevamos de historia. La medicina, la ciencia y la tecnología pueden dar fe de que esto es cierto. Con todo, el avance más importante ha sido, sin ninguna clase de duda, la equiparación, al menos sobre el papel y sólo en ciertas partes del mundo, de la mujer con el hombre. No se ha conseguido aún igualdad real alguna pero por primera vez una cantidad importante de los habitantes de este planeta acepta este prodigioso cambio con naturalidad.

A pesar de todo la mujer guarda demasiado silencio. Su participación en el mundo público, no en el mundo de los hombres, es todavía muy escasa y el camino que queda por recorrer es, sólo con imaginarlo, agotador.

Hay una excepción en este mutismo generalizado. Hay un mundo en el que esta tendencia se está rompiendo y en el que asistimos  día a día a la creación de una realidad diferente. Ese mundo es internet, más concretamente los blogs y las redes sociales. Tal vez la razón primera sea que ese mundo es nuevo, que todos hemos empezado de cero. Es un mundo que tiene menos barreras de entrada puesto que cada uno es dueño de su espacio. Sentados frente a la pantalla del ordenador podemos, independientemente del sexo, decir o hacer lo que queramos. La imagen, gracias a dios, no cuenta a la hora de valorar lo que cada uno crea. En unos pocos años las mujeres han mostrado en público más ideas, palabras, músicas, pensamientos y opiniones que en todos los siglos pasados.

El mundo de la creación parecía vedado a la mayoría de las mujeres. El arte era masculino y esto, obvio es decirlo, es tan tonto como pensar que la expresión de inquietudes venía determinada en los genes. La comunicación entre iguales ha dado un paso de gigante gracias al ratón y al teclado, benditos sean.

Uno puede pensar que la explicación a este fenómeno es la posibilidad de ocultarse tras una pantalla, de no exponerse en vivo y en directo a la indiferencia del otro. Es una forma de verlo y no niego que haya parte de verdad.  La misma verdad, en todo caso, que se oculta en cualquiera, independientemente de su sexo, que aprovecha el anonimato de la red para expresar lo que siente.

Según parece hay más mujeres que hombres en Facebook, hay más lectoras de blogs y  el número de blogs escritos por mujeres crece exponencialmente. No es un asunto anecdótico. La blogosfera, el ciberespacio es un mundo virtual tan real como el que  vemos y tocamos todos los días. En él todo el que quiera puede dejar constancia de lo que piensa, puede mostrar sus opiniones, puede comunicarse, intercambiar información, enseñar sus creaciones cuando y como desee.

Si esto es una señal de lo que está por venir no lo podemos asegurar todavía. Lo que sí demuestra es que lo natural no son los papeles repartidos como en una obra de teatro donde el director siempre es el mismo. Lo natural es que en un mundo nuevo la participación no se impone y cada cual decide cuándo, cómo  y de qué quiere hablar.

Los blogs más leídos siguen siendo los escritos por hombres, los temas más buscados responden a lo que culturalmente se ha aceptado como masculino. Estamos ante el atisbo de un cambio y, eso, que parece poco, nunca jamás lo habíamos atisbado.

La posibilidad de un cambio real en la sociedad donde cada uno actúe, exprese, cante, pinte, escriba, cocine, fotografíe, sueñe, rece, piense y diga lo que quiera es demasiado bonita como para creérnosla todavía. Internet y todo lo que conlleva está todavía en pañales, le quedan todavía años para llegar a la adolescencia y más aún para una época estable y madura. No es malo lo que de momento nos ha dejado.

Yo podría ser una mujer y a nadie le importaría.¿O sí?