Reflexiones sobre la educación

El hombre no llega a ser hombre más que por la educación. No es más que lo que la educación hace de él. Es importante subrayar que el hombre siempre es educado por otros hombres y por otros hombres que también fueron educados. Inmanuel Kant

El tema de la educación es un tema complejo. En algunos países del mundo se han hecho grandes avances. El primero, considerar la educación como una necesidad. El segundo, y más importante, considerarla una necesidad de todas las personas, no sólo de una parte. La consecuencia de esto es que el estado ha de hacer suya la obligación de ofrecer un servicio público y gratuito para que todos los ciudadanos, sin excepción, puedan acceder a él. Hasta aquí creo que no debería haber  problema en ponerse de acuerdo. No pequemos de ingenuos. El problema persiste. La educación es todavía el derecho de unos pocos en muchos lugares de este planeta. No es la falta de medios el mayor problema sino la terquedad, el fanatismo, la repugnante creencia de que no todos somos iguales, el desprecio de parte de los otros, la diferencia entre puros e impuros, dignos e indignos, ricos y pobres, hombres y mujeres como sujetos de derecho. No nos podemos refugiar en que las culturas son diferentes y que todas son respetables. Las culturas, obvio es decirlo, no son, por sí mismas, merecedoras de respeto.

Los países del mundo no se diferencian por la cantidad de habitantes que tienen sino por lo que se ha dado en llamar su capital humano. La cultura, la costumbre de aprender, la capacidad de discernir la correcta información en las fuentes adecuadas, el fomento de la curiosidad, el  grado de preparación y la cualificación profesional son los aspectos que marcan las diferencias entre unos países y otros. La autonomía personal debería  ser el principal objetivo de cualquier sistema educativo. El estado debe dejar de ser papá o mamá para ser nosotros. El estado no tiene la misión de adoctrinar sino de dar la oportunidad a los ciudadanos de alcanzar la libertad. La ignorancia y el adoctrinamiento conducen por diferentes caminos al mismo lugar: la tiranía.

Lo que no podemos evitar es que cada época tenga unos valores predominantes y que estos sean transmitidos a los que serán los ciudadanos de mañana. El único argumento que podemos esgrimir para actuar de esta manera es el consenso. No hay otro posible. La clave está en que enseñemos que eso que transmitimos ha sido alcanzado mediante el acuerdo y que de la misma manera podrá ser cambiado. Esa es la diferencia fundamental con el adoctrinamiento. Quien adoctrina no abre puerta alguna al cambio. La ética, entendamos bien el término, está basada en el egoísmo, todos queremos estar y sentirnos bien. Si conseguimos que el bienestar se extienda entre los demás  estamos garantizando  el propio.

La ilustración sostenía que sólo la razón podía conseguir un verdadero desarrollo de la humanidad. El desarrollo intelectual parece ser el único medio de hacer desaparecer la ignorancia y el oscurantismo. Para que uno sea dueño de su propio destino ha de ser capaz de tomar decisiones. Las decisiones se toman sólo en libertad. En último término es la razón quien nos puede librar de la tiranía y por tanto la que que nos puede hacer conseguir la libertad.

Las élites intelectuales han ido marcando los cambios históricos que, mal que bien y  poco a poco, nos han ido conduciendo a un mundo, no sé si mejor pero al menos con más oportunidades de extender la justicia. Durante la mayor parte de la historia las élites se formaban, no por los más dotados intelectualmente, los más preparados o los más esforzados sino por aquellos que ya habían nacido dentro de ella. Era un club privado al que no se podía acceder. La puerta estaba cerrada desde el mismo día de su fundación. La extensión de la educación es el único medio no de entrar sino de conseguir que tales clubs desaparezcan. Las élites, en cualquier campo, siempre existirán. La diferencia debe estribar en que las puertas estén siempre abiertas y  que el acceso esté permitido sin excepción. Siempre habrá mejores matemáticos, físicos, arquitectos, escritores, filósofos y políticos. Esto es cierto  como lo es que nuestra misión es que todos tengamos las mismas oportunidades de serlo si nos interesa.

La educación es, vistas así las cosas, el derecho más elemental, más allá de los considerados básicos para sobrevivir. La mera supervivencia no nos concede dignidad alguna. La dignidad humana se alcanza gracias a la razón. La libertad y la igualdad no tendrían que suponer esfuerzo alguno para nadie. Al ser humano se le deberían suponer como al soldado la valentía. La educación, el acceso a la cultura, el desarrollo de la razón, sin embargo, requieren esfuerzo. Es el derecho que más trabajo requiere. El acceso a ella tiene que estar garantizado. Hasta dónde llegue cada uno es algo que no se puede saber, medir ni controlar. En una sociedad justa debería estar sólo en nuestras manos.

La gente muere de hambre, las guerras y la violencia acaban con la vida de incontables seres humanos, las epidemias diezman la población en los países más pobres. Las injusticias, las desigualdades y la falta de libertad son el pan de cada día. La razón fundamental de que todo esto suceda es la ignorancia. La ignorancia nos es útil para imponer nuestras ideas y nuestras creencias. Moldeamos gracias a ella el mundo a nuestro antojo. Mantener conscientemente y pudiendo evitarlo a los demás en la ignorancia es el mayor de los pecados. Las élites que surgen naturalmente son inevitables aunque no sean lo deseable, las élites conseguidas a hierro y fuego y mantenidas con el  engaño son el más evidente síntoma de que el mundo está enfermo.

La educación, en estas condiciones, adquiere un papel vital si queremos que el estado de las cosas cambie. Decir esto no va mucho más allá de decir una obviedad. El verdadero problema, el más  difícil de resolver  es cómo educar. El más difícil todavía es educar a quien no quiere ser educado. Nadie rechaza para sí mismo comida, ropa y refugio, pocos se oponen a la libertad y a la igualdad  pero muchos no llegan a comprender el alcance de la educación. No hablo de la mera transmisión de conocimientos y valores. Voy más allá. Hablo de conseguir que cada uno de nosotros se considere un ser humano autónomo, libre y por tanto valiente.

Los derechos humanos están muy bien. Tal vez nunca en la historia ha habido un mejor conjunto de buenas intenciones. De poco sirven mientras la mitad de la humanidad no sabe tan siquiera leerlos. (Y la otra mitad los utiliza sólamente en discursos solemnes).

Señas de identidad

Podemos estimar que en el mundo se hablan aproximadamente unas 6000 lenguas.Una lengua diferente por cada millón de habitantes.La lengua es parte esencial de la identidad de una comunidad determinada.En ella está expresada simbólicamente la concepción que del mundo tiene cada grupo.En ella se escriben o se narran las costumbres, las tradiciones y las fantasías locales.A pesar de ello no es lo único que nos define, por mucho  que se empeñen algunos.

Cuando uno está solo en territorio extranjero, lo que más le hace sentir como en casa es, sin duda,encontrar a alguien que hable su mismo idioma.La comunicación estrecha lazos.Hablar no es, claro está, la única manera de comunicarse, pero las palabras, los conceptos y los giros peculiares de cada comunidad lingüística conforman su identidad más íntima.

Los estados  acaban uniformizando el territorio donde se han organizado.La seña de identidad de un país es su lengua.La tendencia del mundo actual es la globalización.Con el paso del tiempo y si todo sigue por el mismo camino,acabaremos siendo todos mucho más parecidos de lo que lo hemos sido nunca.¿Hablaremos todos una sóla lengua?,¿irán desapareciendo poco a poco todas las lenguas minoritarias?,¿que es lo que muere cuando muere una lengua?,¿es posible concebir un mundo unido, global,en el  que pervivan tantas lenguas diferentes?

Hasta hace pocos años, lengua y cultura marchaban  indisolublemente unidas.Las distancias y la falta de comunicación con otros pueblos y costumbres hacían de cada comunidad una isla que poco o nada tenía que ver con  los grupos vecinos o lejanos.Hoy en día, cuando vemos que ya no hay distancias, cuando tenemos información al instante de lo que sucede en las antípodas y cuando sentados en el sofá de nuestra casa podemos contemplar como vive la última tribu del último rincón del planeta,lengua y cultura ya no forman ese tandem inseparable.Las señas de identidad de las personas van mucho más allá de su pueblo, su lengua y sus tradiciones.Cierto es que es una pena que lenguas milenarias estén en peligro de extinción.Loable es que los gobiernos hagan esfuerzos por intentar evitar que esto suceda; pero cuidado, también estamos ante el peligro de idealizar nuestro propio pasado,falsificarlo a base de memorias y recuerdos trastocados.Tanto es el peligro que esa idealización nos lleva a considerar lo ajeno como extraño, como contaminante y acabamos rechazándolo sólo por ser diferente.Cuando eso sucede, ya sabemos lo que viene a continuación: fin de la comunicación y comienzo de la violencia.

Las naciones se han ido formando siempre fruto de la mezcla, las invasiones y las colonizaciones.El resultado ha sido una nueva comunidad que, a su vez, irá cambiando con el paso del tiempo y con la llegada de  otros invasores, vengan estos con tanques, con los Beatles o con hamburguesas.Resistirse a esto, buscar la identidad en un pasado idealizado y remoto no es sólo ir en contra de los tiempos sino que el resultado final es siempre el aislamiento, el complejo de superioridad,el desprecio de los demás,la ideologización de los componentes de la comunidad, la imposición de la cultura y de la lengua, la xenofobia y el subdesarrolllo cultural.

Vivir en un mundo global no tiene por qué significar vestir de uniforme con cuello mao, considerar a Bob Dylan nuestro profeta,desayunar,comer y cenar con coca cola y amar a Bill Gates por encima de todas las cosas.

Es compatible la globalización con el mantenimiento de nuestra idiosincrasia.Eso sí, tenemos que aceptar que ni lo mejor ni lo más conveniente es siempre lo nuestro.Todos pensamos que los otros son chovinistas.Ellos piensan lo mismo de nosotros.

Yo tengo una lengua materna,el español.Hablo o entiendo más idiomas pero en ninguno me expreso como en el mío.No quiero dejar de hacerlo.He leido muchos más libros de autores extranjeros que de españoles, he visto mucha mayor cantidad de películas no españolas y he escuchado un porcentaje infinitamente mayor de música de fuera que de casa.El paisaje que veo a diario no es mi paisaje preferido, me gustan más otros climas y a menudo prefiero gastronomías ajenas a la mía.A pesar de todo eso, sigo siendo de aquí y todo lo que me rodea forma parte de mi identidad.Lo único que sí nació conmigo es mi lengua y esa la llevo conmigo a todas partes, aunque sea en mi pensamiento.

Global no significa homogéneo.Global lo entiendo como que todo nos afecta a todos, lo bueno y lo malo.Global es que las fronteras desaparecen,que la comunicación es más fácil y fluida,que puedo acceder a mundos antes desconocidos, que las distancias no se recorran sólo en medios de transporte, que mi voz se escuche donde yo nunca llegaré, que conozca lo que hasta ahora estaba oculto.Global, en suma, es que todo pueda estar al alcance de todos.La globalización no ha sido una decisión tomada por alguien, no se trata de un experimento, no tiene vuelta atrás.El éxito lo alcanzaremos si  conseguimos llegar a acuerdos a través de la razón y la palabra en vez de con armisticios, si la palabra patria deja de tener sentido y si la lengua es comunicación y no enfrentamiento.Muchas de las lenguas desaparecerán como desaparecen especies todos los días.Es ley de vida.Podemos protegerlas pero no forzarlas a vivir. Eso no es vida,es artificio.

Las señas de identidad serán otras, pero serán.