My favourite faded fantasy

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Ocho años de silencio son demasiados años. Ocho años sin decir nada es demasiado tiempo. Ocho años sin nueva música es demasiada espera. Ocho años que se han terminado hoy a las ocho. A esa hora he roto el celofán que envuelve su nuevo disco. Lo he introducido en el reproductor y se ha roto el silencio de ocho años. Son ocho nuevas canciones. Ocho nuevos caminos que se abren al futuro pasando por el pasado de una vida ya vivida y ahora revivida, recordada, celebrada y lamentada. Ocho experiencias que finalmente son una y sólo una: la celebración de la música como expresión y transmisión de sentimientos. Música que se escapa por los cuatro costados. Yo escucho, él canta. Ella en el recuerdo. Yo escucho, él habla. Yo siento y aprendo. Cincuenta minutos después se hace el silencio. Me siento mejor, más lleno. Ocho años de silencio borrados de pronto. Ocho años no son nada y son todo.

Quien tenga oídos que oiga.

Hitos

Uno puede escribir su biografía de muchas maneras. Cada una de ellas puede ser cierta, pero  siempre será incompleta. Cuando echamos la vista atrás y recordamos, no sabemos lo que nos encontraremos. El recuerdo es uno de los jueces más imparciales de nuestra existencia. Si realmente dejamos que el pasado se nos acerque, si no lo provocamos, no podremos dar razón de por qué hoy me viene un determinado recuerdo a la cabeza. Algunos según vienen se van, son como los sueños que no controlamos. Otros persisten y se hacen presentes por encima del paso del tiempo. Se quedan.

Es obvio que siempre habrá alguna razón que justifique el porqué de la permanencia de unos sobre otros. Esta razón, mientras permanezca oculta, es como si no existiera y podemos llamarla azar pero no destino.

Dejo de escribir, permito que el pasado se acerque y me encuentro asomado a un viejo paisaje en el que hacía mucho tiempo que no había pensado. Salto de un recuerdo a otro; lugares y personas se me aparecen y entran en mi presente sin que yo las haya llamado. Vienen y van.

Hoy no quiero hablar de recuerdos. Hoy quiero hablar de lo que siempre está presente. Ni el azar ni la causalidad  son su causa. Me refiero a su contrario: la libre elección que yo he ejercido para destacar a unos sobre otros. Hay cosas que se olvidan y que más tarde puede que regresen vestidas de recuerdos. Las cosas de las que hoy hablo un día llegaron para ya nunca marcharse. La impresión primera, el descubrimiento, la luz entre las tinieblas ha hecho que ellas formen parte de mi como forman parte mis ojos o mis brazos. Ellas soy yo y yo soy ellas. No necesito recordar para recordarlas. Están.

La música forma parte de mi vida desde que tengo consciencia. Mi biografía también está hecha de música. Los balbuceos fueron como los de todos: palos de ciego en busca de algo que no se puede definir. Luego llegaron los encuentros y las luces. El camino se desbroza a fuerza de insistencia y el que se cansa y abandona se da media vuelta o se pierde. Hoy quiero jugar un juego. El juego de los hitos. Momentos que llegaron para nunca marcharse. Descubrimientos que dan forma a mi biografía. Sé que si me esfuerzo y recuerdo surgirán otros muchos. Esto en mi juego es trampa. Es el juego del no-recuerdo. Sólo me interesa lo que está, lo que nunca olvido, lo que me conforma.

Es duro escoger, es difícil marcar prioridades pero si no lo hacemos, el juego pierde toda su gracia. Mis diez momentos estelares de mi biografía musical son los que son y no vale que otros se escondan en los recovecos de la mente.

Ahí van:

Beside you (Van Morrison): puedo decir que esta canción me hizo descubrir que el arte es emoción. El resto es pura mentira. Yo soy antes y después de Beside you.

Solid Air (John Martyn): originalidad, sensibilidad y fuerza. Es una canción que podría durar eternamente. Te arrastra y te lleva. Es inútil oponer resistencia.

Kentucky Avenue (Tom Waits): aquí miento un poco. No es sólo una canción lo que me acercó a Tom. Es Tom al completo.Disfrazado de ser marginal se esconde la poesía  de un artista único.Nunca una voz inhumana penetró tan adentro.

Famous blue raincoat (Leonard Cohen): algo tiene esta canción que me transporta a la soledad buscada de la madrugada, al momento completo e irrepetible. Su melodía vive en mi cabeza.

I want you (Bob Dylan): dos minutos de verdad. Bob Dylan es la prueba de que el arte es insípido si lo encerramos en técnica y disciplina.

Born to run (Bruce Springsteen): el rock, la calle, la fuerza descomunal que nos arrastra. La sinceridad, la falta de artificio. Energía que da vida.

Layla (Eric Clapton): canción en dos partes. Desesperación y tristeza. Nunca nadie hizo llorar así a una guitarra.

Place to be (Nick Drake): sus canciones son como él. Tristes, huidizas y tímidas. Desde la soledad llega al alma y te hiere.

Like a hurricane (Neil Young): tiene algo  hipnótico. La canción y la guitarra.

Older chests (Damien Rice): escucharle es como volver a cuando descubrí la música de verdad. No salgo de mi asombro.

Todos ellos son como mis apellidos. Me siento más cercano a estas canciones y a estos músicos que a cualquier identidad impuesta. Me importan un carajo la tierra, la patria y las banderas. Si yo soy yo , ellas y ellos son mis circunstancias. No son las únicas y nunca deja de haberlas.

Mi vida está llena de música, de libros, de películas, de paisajes, de personas y lugares. Nunca podré contarme completo, nunca podré encerrarme del todo en un grupo de palabras pero ellas son yo, no cabe duda.

Veo las portadas de los discos que un día compré y recuerdo. Recuerdo las portadas no la música. Ella está presente.

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Así me llamo (entre otras cosas)

Damien

Era un atardecer de esos que invitan a cerrar las cortinas y mirar para adentro.Era una invitación a no hacer nada.Un rato de cine parecía una buena idea.Dejar que el mundo pase ante tus ojos y montarte en él si te apetece  y, si no, dormir plácidamente.

Busqué entre las películas pendientes y pasé un buen rato seleccionando la más adecuada.Allí apareció, una entre tantas,yo la escogí.Se trataba de  “Closer”, pero eso ya no importa.Era tan solo  un bello envoltorio para la perla que dentro encerraba.Lo que queda de aquel día no es la película sino algo que sucedió en ella.Hay una escena en la que suena de fondo una canción.Dejé de ver las imágenes y quedé enganchado a la voz que cantaba.

Closer se fue, la canción permaneció y yo con ella.Acción y reacción, causa y efecto.Atardecer despiadado, quedarse en casa, Closer, canción,internet,google,teclear el título, y encontrarme con él.Amor a primera vista.Mi nuevo amigo.Él no sospechaba que a partir de entonces no dejaría de ser  parte de mis días y de mis paseos.Otro irlandés.Y van…

Damien Rice representa algo que me gusta, que admiro y envidio.Es un artista y eso,en estos días en que esta palabra está tan desgastada, tan devaluada,en que casi todos los que la utilizan la desprestigian, me hace concebir alguna esperanza.Gracias a gente como él los ladrones de palabras quedan al descubierto y vemos lo que simple y llanamente son:vulgares ladrones, impostores de la nada,becerros de oro adorados por un mundo adocenado.

Damien es un artista independiente en una época en la que si no te identificas con algo eres transparente.Es fiel a una forma de hacer, de escribir, de componer y de interpretar que es suya, nada más.Lo tomas  o lo dejas.Conectas o no.Eres de seda o de hierro.

Hasta hace unos pocos años recorría Europa tocando por las calles.No sé si era feliz,desconozco si la necesidad le empujaba a regalar su música por la esquinas.Al menos hacía lo que tenía que hacer.Alguien confió en él, bendito sea, y le permitió  usar un estudio de grabación portátil.Así nació,artesanalmente,uno de los mejores discos de los últimos años:”O”. No voy describir ni explicar su música.La música se escucha, se siente, no se entiende.

Un año después, tras un verano de sol y campos de trigo tuve un regalo inesperado: un viaje a Dublín.Pensé que sería una buena forma de transitar  entre el sol y el otoño que asomaba.

En Dublín pasé los últimos días de agosto,recorriendo sus calles llenas de literatura.Es una ciudad alegre en medio de la melancólica Irlanda.Bullicio rodeado de silencio.Piedra entre verde.

El regalo aún no se había completado.En el bar del hotel Shelbourne,entre pintas de Guinness abrí un sobre  y allí estaba la entrada.Marlay Park, Damien Rice en concierto.

Me gustó verme rodeado de irlandeses.Yo, el único moreno entre tanto pelirrojo.Ellos jóvenes, yo no tanto. Fue una noche tibia de fines de verano.Tuvimos suerte.Allá, tan al norte,el tiempo es todo menos predecible.No sonaron arpas ni asomaron los celtas sus cabezas.Damien,pequeño y frágil,llenó la noche de sentimiento.Yo escuchaba atento y sentía que había hecho bien, que ese era mi sitio y que esa noche marcaría una muesca en mi memoria.Uno puede encontrar su lugar donde menos lo espera.

Yo, que me empeño en defender la literatura como la mejor manera de explicar el mundo, que pienso que la razón es nuestra mejor arma, caigo una y otra vez del caballo, como Pablo, para descubrir la luz,para comprender que momentos como aquél hacen por mí tanto o más que miles de palabras impresas.La música te atraviesa.No importa por donde entre.Si lo hace es inútil preguntarse algo.Via de conocimiento.Arte.Damien lleva consigo ese poder.Probablemente no lo sabe.Por eso resulta tan sincero.