Dentro de una burbuja

Siento una pereza absoluta. Pereza de la buena. No hay tema del que me interese hablar ahora. Hay momentos en los que sólo importa lo que te rodea. Lo que te rodea y lo que llevas dentro. En noches como ésta entiendo el carpe diem. Una suave luz ilumina la mesa en la que escribo. En el mundo exterior despierta el carnaval. Me siento terriblemente lejano. Prefiero sentir cómo respiro. La noche como burbuja.  El silencio elegido. Pensamientos que se escapan por la punta de los dedos. Palabras que flotan en el aire. Desaparecen si nadie las atrapa. ¿A dónde van?

Esta mañana llovía suavemente mientras caminaba. Aún no había amanecido. Recorría pesaroso la cuesta arriba de las primeras horas. El mar estaba a mi lado pero no lo he mirado. Soñaba ya con este momento, distante entonces, real ahora. Las calles estaban desiertas. Oscuras nubes invitaban al refugio. En vez de música iba escuchando las noticias. Es un ejercicio de humildad aceptar que somos parte de este circo. Sentimientos encontrados. ¿Cómo se puede sentir orgullo y vergüenza al mismo tiempo?

Miro fotografías con música de fondo. Allí está todo lo que tengo. Van pasando una a una. De vez en cuando me detengo. Mil veces las he visto pero saben diferente en cada momento. Punzadas de nostalgia, ecos de alegría pueblan ese pasado que lucha por hacerse presente. Viajar al pasado. Traerlo conmigo aquí y ahora. No dejar que se vaya de nuevo. Tristeza por saber que hemos sido felices y haberlo tantas veces olvidado. La luz que iluminó las caras que me miran permanece. Milagroso tiempo detenido. Parece mentira que en la imagen ya no haya nada. Es mi recuerdo quien le da la vida. ¿Cómo será vivir sin recuerdos?

Una alumna ha venido a mi despacho. Tenía los ojos preocupados. A su madre le operan la semana que viene. Tiene un bulto. Benigno o maligno marcará el futuro de su mirada asustada. Me he sacado un ánimo que no tenía del bolsillo y se lo he dado. Creo que lo ha cogido y por un momento sus ojos se han calmado. Estaba preocupada por los exámenes.Yo no, le he dicho. Tú tampoco debes estarlo. Me parecía ridículo hablar de apuntes y lecciones mezclado con tumores. Sorprendida, creo que lo ha agradecido. ¿Por qué el ser humano se ha vuelto tan pragmático?

He comido solo. Sentía la paz que da el tiempo por delante. Estaba sentado de cara a la ventana y mientras masticaba pasaban de largo grises nubes cargadas de amenaza. He bajado la cortina, he encendido la luz de la cocina. He pensado que cuando llega lo que esperas es siempre peor de lo que pensabas y esperabas. En cuanto hoy sea mañana desearé que vuelva el ayer que ya se fue. Llegará y ya será hoy que nunca es lo mismo de lo que fue. Círculo vicioso entre deseo y realidad. ¿Por que dejamos que el tiempo nos atrape?

Los viernes hay un ambiente distinto en el trabajo. Las aulas, las mesas, el despacho se muestran  diferentes. Por un momento el lunes parece al otro lado del mundo. Es como vivir sin futuro inmediato. ¿Cómo pueden ver los ojos una pared blanca, ladrillo y pintura, como si fuera otra cosa? ¿Cómo los papeles que llenan la mesa ayer pesaban y hoy ocupan menos espacio y menos tiempo? Al cerrar la puerta he sentido que todo quedaba dormido. He aprovechado y me he ido.

Después de comer me he sentado en el sofá con premeditación y alevosía. He cerrado los ojos y me he dormido. Así de simple. El sueño de la siesta no es sueño. Es otra cosa. Es como estar dormido y despierto al mismo tiempo, Es como saber que te estás durmiendo. Es como ser consciente del sueño que te lleva. Es como dormir despierto. Eso tiene de bueno. No te pierdes en la nada. Permaneces. Sabes dónde estás y te quedas. Los ojos se abren de vez en cuando y tu voluntad quiere regresar al dulce estado de sopor, de la ausencia provocada.¿Por qué a todo el mundo le gusta la anestesia?

He dejado encerrados en la agenda todos los problemas. Han quedado allí, aprisionadas, todas las citas, las gestiones, las clases y las reuniones. No pienso abrirte en unos días. Te he guardado, además, para no verte, en la oscuridad de mi mochila negra. Te llevas contigo todos mis deberes. Eres como mi conciencia de bolsillo. Libero mi mente en tus páginas en blanco. Aprendo el ejercicio de olvidar lo que escribo. ¿Por qué no podemos olvidar conscientemente?

A punto está de comenzar un nuevo día. Me va a encontrar sentado en mi silla negra, mirando aparecer las letras en la pantalla blanca. Palabras que no cuesta escribir, que surgen de la nada para volver a la nada. A mí me sirven. Su viaje no ha sido inútil. No están cargadas de pretensiones. No quieren sino ser por un momento. Dejarse ver y marcharse.

El otro día leí que la vida eterna sería sin palabras. Por si acaso las uso cuanto puedo. No han nacido para quedarse en el tintero.

Las palabras las he puesto yo. La música que ha llenado el silencio la has puesto tú, Bon Iver, descubierto, por desgracia, hace poco tiempo.

Quiero

Los reyes magos se han marchado sigilosos. La navidad también se fue con ellos. Bing Crosby hace ya días que no canta y las lucecitas de colores ya no parpadean. Miro ahora el calendario y veo ante mi una estepa solitaria, fría y aburrida. Igual que cuando niño, me niego a aceptar  la vida normal. Detesto que me impongan lo cotidiano. No consigo desatar el nudo que atenaza mi estómago. Permanezco clavado en momentos que hace unos  días llegaron a ser lo rutinario.

No pido mucho: levantarme sin despertador, el más atroz y pérfido invento humano, pasear, comer sin prisa, ver una película a media tarde, escribir tranquilo por la noche y no en un autobús como ridículamente estoy haciendo ahora.

Quiero leer hasta que los ojos sean derrotados por los sueños. Necesito andar sin rumbo, quedarme quieto, pensar en cosas inauditas, olvidar que existen los minutos. Quiero mirar por la ventana y sentirme ajeno a la inercia que  gobierna el mundo y la vida. Quiero ser parásito, formar parte del excedente y alimentarme de sonrisas verdaderas. Quiero no sentir jamás pereza, hastío. Quiero hacer preguntas sin respuesta. Quiero ser caracol  y llevar mi casa a cuestas. Quiero hacer fotografías de paisajes en la niebla, de hombres y mujeres abstraídos, de paredes al sol del mediodía. Quiero pasar las horas mirando los colores y luego volver al blanco y negro que me calma. Quiero tomar un café con cafeína. Quiero que me señalen con el dedo, que me llamen raro y no serlo.

Quiero quedarme aquí sentado mirando mi mesa blanca, mi lámpara de colores, mis lápices y mis rotuladores. Quiero que el sonido de las teclas me acompañe. Quiero mirar a mi derecha y sonreír al veros. Quiero ser lobo solitario pero no solo.

Diligencia

Digan lo que digan y a pesar de los esfuerzos del maligno, el silencio siempre termina por romperse. Es inevitable. De la misma forma en que uno acaba por permitir que el aire entre en sus pulmones, los pensamientos empujan por salir de su prisión, las ideas buscan, incapaces de rendirse, palabras que las lleven por los aires. Es el mismo aire; el que respiramos y el que transforma las palabras de silencio en sonido. El silencio, lo mismo que el tiempo, no existe. Lo inventamos para esconder en él nuestros miedos, para tratar de no expresar lo inevitable. El engaño siempre acaba siendo ejercicio vano. Las palabras, las ideas, los sentimientos buscan incansables el último resquicio,  la luz que les de color y expresión, el sonido que atestigüe su vida.

Yo he roto un silencio prometido. Pensé que el punto era final y no seguido. Añoré los días de contemplación callada. Creí que el tiempo ya nada curaría. Soñé con despertar a la luz del día.

Aquí me encuentro ahora, en medio de la noche cálida y tranquila, contemplando no la nada sino las letras que tras haber sido retenidas, se me escapan de los dedos doloridos, se muestran esquivas pero fuertes, llenando una página que creí blanca para siempre. Surgen del caos y crean un orden negro sobre blanco, se arremolinan unas, se separan las otras y juntas dan sentido y descanso a la mente atribulada.

No sé muy bien si soy yo quien habla, no sé tan siquiera si entiendo lo que digo y escribo. Siento simplemente paz y sosiego. Dos  hermosas palabras. Ayer parece un remoto lugar, mañana sospecho que está tras un horizonte inalcanzable, hoy, ahora, este momento que según llega se va es lo único que existe, la fuerza que me lanza hacia adelante, que me aniquila y me crea a cada instante. Soy yo, me digo, el que vive, el que habla porque callar es imposible, el que cuenta los segundos que no existen, el que cierra los ojos y sabe, porque ha visto, que la luz permanece más allá de los párpados caídos.

Soy yo, repito, el que vive, el que siente, el que habla y el que escribe. Son mis pensamientos, son mis ideas  y mis sentimientos los que  tratan de vencer, de aniquilar, de cortar la cabeza a la serpiente que llegó vestida de pereza.

Son estas palabras las únicas que quedarán atrapadas en el tiempo.

 

Un nuevo día

El despertador me ha sacado de mis sueños a las 6 y 23.He abierto un ojo y lo primero que he visto ha sido el techo blanco sobre mi cabeza.En esos momentos la vida pierde todo sentido.No entiendo cómo hay gente que es capaz de levantarse con una sonrisa.Los odio a todos.
Con el andar de un fantasma me he dirigido a oscuras hacia la cocina.Allí mi brazo, autónomo,desconectado de mi brumosa mente,se ha extendido y los dedos de la mano han atrapado un plátano.Me he preaparado un vaso de cacao y he robado un trozo de bizcocho que dormía sobre la mesa.Imagen grotesca la mía. Sentado a oscuras en la cocina, mirando a la nada y comiéndome el postre de mis hijas.
Con gran esfuerzo y el ánimo arrastrándose por el suelo he mirado el pronóstico del tiempo en el ordenador.Me gusta más mirar por esta ventana que por la real que da a la calle.Vanas esperanzas. LLuvia ,lluvia, lluvia.El país del agua.
Cabizbajo y pesaroso he encaminado mis pasos hacia el baño.Allí, inmóvil y con la mirada fija en una baldosa gris perla he dejado que el agua caliente me resbalara de la cabeza a los pies. Tan falto de energía estoy por las mañanas que por ahorrar tiempo y esfuerzo me lavo los dientes bajo la ducha,con agua caliente.
Vestirme no ha sido fácil pero lo he conseguido.La casa en silencio.Hasta el aire dormía.Me he sentido víctima y verdugo.Víctima por lo que me hace la vida, verdugo por lo que  yo mismo me hago.
Salgo a la calle.Llovizna. En el bar tres o cuatro zombies untan croissant en cafés con leche.Paso de largo.Empieza la caminata.
Detesto los paraguas,así que me resisto a llevarlo.Me coloco los auriculares de mi Creative Zen negro y ,tras darle al play, comienza la banda sonora de mi mañana.What a difference a day make me canta Dinah Washington al oído.Arrebujado en mi abrigo recorro calles vacías bajo la luz de las farolas.Juego a imaginar que estoy volviendo a casa tras una intensa noche en un recóndito Jazz Club.Quiero pensar que mi boca está pastosa por el exceso de whisky y me coloco bien el sombrero que no llevo.Un camión de la basura me saca de mi ensoñación y me transporta de nuevo a las calles de siempre, los sonidos y las luces de siempre. Dejo a Humphrey a un lado y Felipe, el mejor amigo de Mafalda, se apodera de mí. Mirando al suelo, como él, arrastro los pies por el gris asfalto.
Blossom Deary me lanza el salvavidas y al compás de su voz de niña mala mi ánimo se levanta del suelo.Aprovechando esa repentina energía hago un repaso mental de lo que me deparará la mañana que aún no llega.Tres clases con alumnos aturdidos,con la navidad todavía colgando de sus mentes,la redacción de una memoria plagada de mentiras y exageraciones con el noble fin de conseguir una subvención,una reunión con una madre indeseable que hace que ame locamente a su indeseable hija, la lectura del correo y un claustro con todos los profesores mirando el reloj como si les esperase la cita de sus vidas.Qué lejos queda el mediodía en el que al fin me quedaré solo y podré sentarme en mi mesa y mirar al vacío antes de ponerme de nuevo mi abrigo,el sombrero imagiario y cerrar la puerta de una triste mañana de enero.
Estoy a mitad de camino.Ha parado la lluvia. A mi izquierda el mar y a mi derecha los coches que vierten su vómito de humo.Suena Sabina,mi vecino de la calle Melancolía.Miro al mar y veo a un abuelo vestido de neopreno que, enajenado, trata de meterse en el agua.Cree, seguro, que un baño de madrugada se llevará con él los años que le aprisionan el alma.Hoy es trece de enero.Cuento los pasos que voy dando para tratar de quitar los pensamientos venenosos que luchan por apoderarse de mi apaleado cerebro.
Una ventana encendida en una casa a oscuras llama mi atención. Me gusta el refugio que proclama.Me detengo, saco la cámara y click, me guardo la ventana en el bolsillo. Me encanta imaginar las casas por dentro, me gustaría entrar a escondidas y espiar cómo son, cómo es la luz que las ilumina, qué libros duermen en sus baldas, cómo se ve la calle desde su altura.
Pasan dos mujeres corriendo.No sé si me dan envidia pero sí echo de menos el impulso que las lleva.Esto es duro, Chet Baker toca la trompeta y me destroza, lo imagino tirado en el asfalto,caído o tirado desde aquella ventana de Amsterdam.Almost blue.Me quito la idea de la cabeza y sigo andando.Hoy es miércoles.¿Qué sentido tienen los miércoles?Siempre habrá preguntas sin respuesta.
Maldición. Conocido a la vista.Soy como un buho, detecto cualquier cosa en la oscuridad de la noche.Le veo venir, allá a lo lejos,sé que se parará y me hará hacer y contestar preguntas absurdas,indecentes a estas horas del día.Saco un libro de mi mochila y aunque es ridícula mi imagen de lector a la luz de las farolas, camino leyendo concentrado, como si mi vida me fuera en ello.No aparto la vista de las hojas cuando siento su sombra pasar a  mi lado. No le doy opción. Continúo mi camino, no me paro y sonrío.Soy un maestro.
Coleman Hawkins me acompaña en el último trecho.El horizonte clarea y los barcos del muelle dejan ver ya sus colores.Un último intento de escapar,dar media vuelta y largarme,recorrer el camino andado y volver a casa, esconderme entre sus paredes y olvidar el tiempo, las clases,las memorias y las reuniones.
Soy cobarde y no lo hago.Siempre acabo traicionándome.En vez de eso, pongo mi mejor sonrisa en mi cara y, al llegar a la puerta del colegio, me acerco vigoroso a los alumnos que esperan resignados la hora de entrada.Con ademán de hombre despierto,me detengo un momento, les saludo y ellos atónitos me preguntan: ¿cómo puedes estar tan animado a estas horas?
Entro y pienso que tal vez el mundo perdió un actor como la copa de un pino.

Miro el reloj.Son las ocho de la mañana de un miércoles trece de enero.