Otra vez yo

Siempre que pruebo un lápiz, una pluma, un bolígrafo, siempre que relleno sin pensar un papel vacío, escribo, y no sé por qué, la verdad es que…

Cuando imagino un color, ni su mezcla ni su ausencia, cuando quiero que mi mente dispare uno automáticamente, nace un amarillo huevo, casi naranja.

Mis paisajes imaginarios siempre son llanos, inmensos, distantes. Sin árboles, sin montañas. Sin nada que se interponga entre mis ojos y el infinito. Caminos que no sé si van a ningún sitio. Creo que creo trayectos, no destinos.

Llevo toda una vida tratando de decidir cuál ha sido la más bella aportación del hombre al universo. Qué quedará cuando ya no estemos. Qué nos hace dignos de no desaparecer como motas de polvo en el tiempo y en el espacio. Sólo se me ocurre un cosa: la palabra.

La pregunta de las preguntas. La más inquietante de las dudas sigue siendo para mi, qué hay dentro de una casa vacía, qué queda cuando cerramos la puerta y nos vamos, saber si algo permanece cuando cerramos los ojos, morimos nosotros o es el mundo el que se desvanece y nos deja solos. Saber si la muerte es la soledad o nuestra ausencia.

No sé si prefiero escribir la más bella poesía o ponerle música. No sé si lo que nos transforma es la idea o la sensación. A pesar de amar las palabras sobre todas las cosas, llega la música y me deja mudo. La palabra me reafirma. La música creo que me lleva al centro de todas las cosas. Al lugar donde nada hay que explicar. Lo mismo da mirar que cerrar los ojos. Sabia quietud silenciosa.

Lo que más me cuesta es dejar de pensar, hacer que mi mente descanse un instante. Siento incluso que alguien dentro de mí me gobierna. Sus órdenes escapan a mi comprensión. Todo es actividad y yo busco paz. Calma en la que pueda escoger las palabras, palabras que pueda unir o desunir a mi antojo. No quiero que mis pensamientos escapen corriendo, no quiero sucumbir a su criterio.

Al despertar todo es oscuro. El mundo una enorme pendiente y la vida un saco enorme cargado a mi espalda. Sé que todo es mentira pero lo mismo sucede todos los días. Al acostarme, al final del día, trato de cerrar los ojos y no ver nada. Ahí está otra vez ese ser que me habita, me abre los párpados por dentro y me recuerda que los ojos cerrados nos muestran un mundo inimaginable. Casi siempre terrible.

Cada vez me gustan más las canciones tristes, los poemas oscuros, el gris, el blanco y el negro. Cada vez soy más melancolía. No es tristeza, tampoco amargura. Es sentirme bien y mal al mismo tiempo rodeado de añoranzas y decaimiento.

No puedo vivir el momento. Pesan siempre más el pasado y el futuro. Creo que soy cada vez menos real. No vivo lo que veo y respiro. Soy siempre ayer y, aveces, mañana.

Sigo leyendo todos los días, me gusta vivir otras vidas. Ver negro sobre blanco mundos llenos de colores diferentes. Ideas nunca por mí pensadas. Conocer personas que sólo se muestran, que se abren ante mi sin hablarme. Mundos que existen sólo cuando los miro.

De escoger un poder siempre escogería ser invisible. Estar sin que sepan que estoy. Escuchar sin ser escuchado. Ver sin ser visto. Entrar y salir sin tener que explicar por qué voy o por qué vengo.

Podría escribir los versos más tristes esta noche pero ya otros los han escrito. Podría pero no quiero. Soy todo lo que he dicho si me detengo a pensarlo. A veces no lo hago, no me detengo y me veo completamente diferente, simultáneo o complementario. No lo sé ni creo que nunca lo sepa.

Lo mismo que el blanco y el negro se encuentran en el gris, yo me encuentro a mí mismo entre alegrías y tristezas. En un punto medio indefinible, lleno de motivos para ser feliz pero estar triste. Hombre gris que aspira a la luz del horizonte.

La tragedia de mi vida es saber que sólo podemos hacernos preguntas, que esa es la más digna tarea humana, que es una vocación no elegida, que es mi imperativo categórico. La tragedia de mi vida es, decía, saber que casi todas las preguntas se quedarán sidaughtern respuestas. No las habrá pero no podré evitar enunciarlas una y otra vez sin descanso.

Soy, como ya se dijo, un mono gramático. Una conciencia filosófica que me obliga a indagar sin detenerme. Un preso de su propio pasado. Una mente capaz de discernir algunas verdades pero que siempre acaba cayendo en las trampas del tiempo. Un ser tendente a la tristeza acompañado siempre de motivos de alegría.

Soy yo. Tal vez sea el único caso en que la voluntad no cuenta para nada.

¿Es posible querer no ser uno mismo? ¿Tiene sentido plantearlo?

A veces pienso que me voy a volver loco. Cierro los ojos, trato de tranquilizarme. El problema es que así, con los ojos cerrados, ya no sé si existo fuera de mi mismo. No sé tan siquiera si hay algo allá donde ya no miro. No sé si existe la mesa que toco, el aire que respiro, la música que escucho.

Se está bien así, flotando en la duda. Dejando de esperar que lleguen las respuestas que flotan en el viento. Se está bien así, en silencio.

Pereza gris

Me gusta el color gris cuando tengo luz a mi alrededor. El otoño ha llegado vestido de tristeza y con la amenaza de un gris taciturno. La ventana me muestra un mundo mortecino donde la rutina pasea solitaria. Me encuentro cansado, sin fuerzas. Todo parece inmutable. El tiempo ha lanzado el ancla para quedarse. La lluvia amenaza, el agua sabe ser desagradable. La luz se esconde y no puedo ver a través de esta niebla insoportable. Espero la noche para que me acompañe, suena una música antigua en mi cabeza. Paseo y me canso. Cierro los ojos y duermo.

Pereza de levantarme y pisar un nuevo día. Trabajos de Hércules. Que pase el tiempo y se vaya la vida. Pereza de hacer, de decir, de decidir. Sueños escondidos. Qué difícil es ocultar la mirada. Pereza perpetua que anida en mi alma. Ayer más que mañana. Qué fácil perderse en la melancolía. Pereza que todo lo llena disfrazada de noche y de día. Suspendido en la nada. Qué esfuerzo transformar en palabras pensamientos inmóviles.

Me miro la mano y la veo sin vida. Los ojos se abren sin ver nada. Recorro caminos estériles. Mi cerebro es espeso y los pensamientos duelen como amenazas. El cansancio me lleva de la mano y yo, dócil, lo sigo en silencio buscando descanso y no pensar en nada. Me siento, me callo y el gris de la vida me arrastra.

La noche cae y me quedo con ella. La miro, le hablo y no recibo respuesta. Pereza que me impide hacer  nada. Silencio, oscuridad y cansancio. Adiós a los días azules.

Pereza extenuante. Pereza, espero, pasajera.

Tristeza y decisiones

PEQUEÑA NIÑA TRISTE

Es Julio. El verano se desparrama en la casa de las cerezas. Janis Joplin canta Little Girl Blue. Me acuerdo de ti. Me siento a la sombra de los chopos. El cielo es azul transparente y los campos amarillos. La brisa quiere que me quede.Se está demasiado bien. Yo sé que no eres feliz. Siéntate mi desgraciada pequeña niña triste. Siéntate conmigo y mira. No dejes que nada te distraiga. Siente la luz que se derrama por todas partes. Paisajes infinitos, marrones, verdes y amarillos, llenan tus ojos de vida pequeña niña triste. ¿Sabes lo bueno de esto? Aquí no hay pasado, tampoco futuro. Vive este momento como el único. No tienes más. Esto es todo. Pero es suficiente. Siéntate aquí conmigo, niña triste. Cierra los ojos, mira y ya no podrás ver nada. Respira el aire que ilumina este lugar. Mi infeliz, desafortunada pequeña niña triste. Sé cómo te sientes.

Ya no te enojes, aunque aprietes los puños ya no habrá más heridas. Lo hecho, hecho está. Delante de ti, la vida, la que tú decidas niña triste. Pero vida nueva, mañana empieza hoy, aquí, sentada conmigo junto al árbol que llora tus lamentos. Deja que se los lleve. Disfruta tú del agua que corre a sus pies, del sol que da vida a la vida y de la luz que a partir de ahora iluminará tu camino. Cuando ya no estés aquí, recuerda este momento y se consciente de que cualquiera puede detener el tiempo, tú también pequeña niña triste.

Cuando el tiempo ya no existe, sólo estás tú. Yo estaré si quieres, pues yo soy la luz, el chopo, el agua, la tierra que pisas, la brisa que respiras y el sol que te alimenta. Vamos pequeña niña triste, sigue adelante. Detrás no queda nada.

PACHARÁN Y DECISIONES

Sé que no te gusta mucho hablar de estas cosas. Seré breve. Prefieres la lógica y la retórica. Puedo preguntarte cómo funciona cualquier cosa, qué piensas del mundo y de sus gentes. Puedo discutir contigo de lo divino y de lo humano. Podemos incluso intercambiar nuestros papeles, decir hoy A y mañana B. Lo aburrido es estar de acuerdo. La discusión, el pacharán y sacar punta a nuestras mentes, eso es lo interesante. Puedo, en fin, hablar contigo  de todo pero me cuesta más preguntar cómo te sientes. Hoy lo hago aunque no me contestes.

Quiero que sepas que aquí no hay frentes. No hay buenos ni malos. Quien así lo piense miente. La vida esta hecha de decisiones, de opciones que tomamos. Ellas nos llevan, no por un camino marcado, sino por el que nosotros hacemos, si somos valientes. Tu has elegido, eres el dueño de tu vida y mereces todo el respeto. Sé que también llevas dolor en el costado y por eso aquí me muestro. Para que sepas que nada ha cambiado. La botella de pacharán sigue esperando impaciente.

Mientras tanto tómate tu tiempo, saca fotografías y pasea al amanecer por las calles desiertas. Es cierto también que a los demás la pena  nos embarga. Los cambios dan miedo y los recuerdos hacen dificil aceptar que las cosas puedan ser diferentes. Nos gustaría mantener aquello que tantos buenos momentos nos dio. No es fácil renunciar a un pasado  luminoso y aceptar un futuro que todavía vemos nublado. Ojalá el cielo escampe y que tus decisiones, sean las que sean, permitan mantener lo que ahora tememos perder.