Estimado señor ministro:

Le escribo para hablar de religión. La docta academia de la lengua define la religión como el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. La wikipedia, menos docta y más popular, dice que la religión es una actividad humana que suele abarcar creencias y prácticas sobre cuestiones de tipo existencial, moral y sobrenatural.

La religión católica es la escogida por usted, basándose en su gran predicamento entre la población y en la tradición de siglos en nuestra cultura, para que sea estudiada por los alumnos de primaria y secundaria. Miento. No todos tienen que estudiarla. Los que no quieran tendrán que estudiar una asignatura alternativa que varía de nombre según el nivel. O bien se llamará Valores culturales y sociales o bien Valores éticos.

La primera pregunta es obvia. ¿Por qué se ha de sustituir la religión católica por una asignatura que hable de valores? La respuesta, mi querido ministro, está ante nuestros ojos. Los que no estudien religión católica parece que carecen de valores y por ello hay que enseñarles alguno. Si estos últimos son tan importantes, ¿por qué no los van a conocer los estudiantes de religión?, ¿es que para ellos no son necesarios?, ¿es que les basta lo que diga la santa madre iglesia?

Me estrujo el cerebro tratando de hallar solución ante tanta incógnita pero acabo rindiéndome. Quiero olvidarme del tema pero no puedo dejar de pensar en el motivo por el cual el católico no necesita conocer valores sociales o éticos tan necesarios para el resto de los mortales.

Si a la religión le hace falta una alternativa es que los no religiosos carecen de algo y si ese algo es precisamente y como única opción los valores y la ética es que es eso de lo que carecen. Si sólo fuese un problema de horas lectivas, de que todos los estudiantes tuvieran el mismo horario, entonces las alternativas serían infinitas y los alumnos podrían dedicar su tiempo a jugar al ajedrez, a aprender a cocinar, a leer o incluso a jugar al noble deporte del futbolín. Pero no, a usted esto no le convence y le parece menospreciar la religión católica si su alternativa no es algo con mucha enjundia.

Otra opción, bastante lógica en un país laico, es que la asignatura de religión fuese, en todo caso, voluntaria y, por supuesto, fuera del horario escolar. Podríamos llegar al extremo de considerar la religión como algo relativo al ámbito privado y que quedase fuera de la jurisdicción de los centros de enseñanza públicos. En ese caso quien quiera profundizar en el estudio de su fe, tendría que acudir a su propia congregación para recibir enseñanzas religiosas.

Sí, ya lo sé. Llegado a este punto usted me recordará que existe un concordato con la Santa Sede que nos obliga a cumplir unos compromisos en materia de educación. Si usted me dice eso, yo también le digo que la propia constitución nos dice, por ejemplo, que todos los ciudadanos tenemos derecho a una vivienda digna. Es claro que los poderes públicos no cumplen con los mandatos constitucionales. ¿Me va usted a pedir que yo cumpla con los concordatos?

La alternativa entre valores católicos y valores sociales y éticos que usted propone parece querer decir que son intercambiables. Esto sólo puede significar que ambos coinciden. Esto no es verdad. La religión católica no representa hoy en día los valores aceptados por la mayoría y no se diferencia de la ética solamente en que además de valores tiene unos dogmas y creencias.

Pienso, señor ministro, y creo que usted lo sabe perfectamente, que todo es una trampa. Usted quiere una asignatura alternativa para que los estudiantes elijan la asignatura de religión. No quiere que el futbolín sea su alternativa porque sabe que la mayoría preferiría practicar tan bello deporte, y quiere que sea dentro del horario lectivo no porque los creyentes tengan catequesis a la salida del colegio sino porque las aulas se quedarían vacías.

No contento con eso pretende que la asignatura de religión sea evaluable (la neurona que me queda se esfuerza sin éxito en comprender cómo). Este es otro truco. Es público y notorio que los profesores de religión suelen tender a puntuar altamente a sus alumnos como reclamo para conseguir más estudiantes. Estos, atraídos por el señuelo de subir sus medias, caen en la trampa como moscas. Por si esto fuera poco se ofrecen excursiones y viajes sólo para los estudiantes de religión y así poder visitar los santos lugares de París, Madrid o Lloret de Mar por poner sólo algunos ejemplos de ciudades representativas de los valores católicos.

Así está la situación.

¿Aceptará, señor ministro, que me declare insumiso ante las alternativas que me propone?

Espero no haberle robado mucho tiempo. Miento otra vez. Espero todo lo contrario y confío que estos minutos de distracción le hayan hecho olvidarse de alguna otra genial idea.

El mundo me lo agradecerá.

Reflexiones sobre la educación

El hombre no llega a ser hombre más que por la educación. No es más que lo que la educación hace de él. Es importante subrayar que el hombre siempre es educado por otros hombres y por otros hombres que también fueron educados. Inmanuel Kant

El tema de la educación es un tema complejo. En algunos países del mundo se han hecho grandes avances. El primero, considerar la educación como una necesidad. El segundo, y más importante, considerarla una necesidad de todas las personas, no sólo de una parte. La consecuencia de esto es que el estado ha de hacer suya la obligación de ofrecer un servicio público y gratuito para que todos los ciudadanos, sin excepción, puedan acceder a él. Hasta aquí creo que no debería haber  problema en ponerse de acuerdo. No pequemos de ingenuos. El problema persiste. La educación es todavía el derecho de unos pocos en muchos lugares de este planeta. No es la falta de medios el mayor problema sino la terquedad, el fanatismo, la repugnante creencia de que no todos somos iguales, el desprecio de parte de los otros, la diferencia entre puros e impuros, dignos e indignos, ricos y pobres, hombres y mujeres como sujetos de derecho. No nos podemos refugiar en que las culturas son diferentes y que todas son respetables. Las culturas, obvio es decirlo, no son, por sí mismas, merecedoras de respeto.

Los países del mundo no se diferencian por la cantidad de habitantes que tienen sino por lo que se ha dado en llamar su capital humano. La cultura, la costumbre de aprender, la capacidad de discernir la correcta información en las fuentes adecuadas, el fomento de la curiosidad, el  grado de preparación y la cualificación profesional son los aspectos que marcan las diferencias entre unos países y otros. La autonomía personal debería  ser el principal objetivo de cualquier sistema educativo. El estado debe dejar de ser papá o mamá para ser nosotros. El estado no tiene la misión de adoctrinar sino de dar la oportunidad a los ciudadanos de alcanzar la libertad. La ignorancia y el adoctrinamiento conducen por diferentes caminos al mismo lugar: la tiranía.

Lo que no podemos evitar es que cada época tenga unos valores predominantes y que estos sean transmitidos a los que serán los ciudadanos de mañana. El único argumento que podemos esgrimir para actuar de esta manera es el consenso. No hay otro posible. La clave está en que enseñemos que eso que transmitimos ha sido alcanzado mediante el acuerdo y que de la misma manera podrá ser cambiado. Esa es la diferencia fundamental con el adoctrinamiento. Quien adoctrina no abre puerta alguna al cambio. La ética, entendamos bien el término, está basada en el egoísmo, todos queremos estar y sentirnos bien. Si conseguimos que el bienestar se extienda entre los demás  estamos garantizando  el propio.

La ilustración sostenía que sólo la razón podía conseguir un verdadero desarrollo de la humanidad. El desarrollo intelectual parece ser el único medio de hacer desaparecer la ignorancia y el oscurantismo. Para que uno sea dueño de su propio destino ha de ser capaz de tomar decisiones. Las decisiones se toman sólo en libertad. En último término es la razón quien nos puede librar de la tiranía y por tanto la que que nos puede hacer conseguir la libertad.

Las élites intelectuales han ido marcando los cambios históricos que, mal que bien y  poco a poco, nos han ido conduciendo a un mundo, no sé si mejor pero al menos con más oportunidades de extender la justicia. Durante la mayor parte de la historia las élites se formaban, no por los más dotados intelectualmente, los más preparados o los más esforzados sino por aquellos que ya habían nacido dentro de ella. Era un club privado al que no se podía acceder. La puerta estaba cerrada desde el mismo día de su fundación. La extensión de la educación es el único medio no de entrar sino de conseguir que tales clubs desaparezcan. Las élites, en cualquier campo, siempre existirán. La diferencia debe estribar en que las puertas estén siempre abiertas y  que el acceso esté permitido sin excepción. Siempre habrá mejores matemáticos, físicos, arquitectos, escritores, filósofos y políticos. Esto es cierto  como lo es que nuestra misión es que todos tengamos las mismas oportunidades de serlo si nos interesa.

La educación es, vistas así las cosas, el derecho más elemental, más allá de los considerados básicos para sobrevivir. La mera supervivencia no nos concede dignidad alguna. La dignidad humana se alcanza gracias a la razón. La libertad y la igualdad no tendrían que suponer esfuerzo alguno para nadie. Al ser humano se le deberían suponer como al soldado la valentía. La educación, el acceso a la cultura, el desarrollo de la razón, sin embargo, requieren esfuerzo. Es el derecho que más trabajo requiere. El acceso a ella tiene que estar garantizado. Hasta dónde llegue cada uno es algo que no se puede saber, medir ni controlar. En una sociedad justa debería estar sólo en nuestras manos.

La gente muere de hambre, las guerras y la violencia acaban con la vida de incontables seres humanos, las epidemias diezman la población en los países más pobres. Las injusticias, las desigualdades y la falta de libertad son el pan de cada día. La razón fundamental de que todo esto suceda es la ignorancia. La ignorancia nos es útil para imponer nuestras ideas y nuestras creencias. Moldeamos gracias a ella el mundo a nuestro antojo. Mantener conscientemente y pudiendo evitarlo a los demás en la ignorancia es el mayor de los pecados. Las élites que surgen naturalmente son inevitables aunque no sean lo deseable, las élites conseguidas a hierro y fuego y mantenidas con el  engaño son el más evidente síntoma de que el mundo está enfermo.

La educación, en estas condiciones, adquiere un papel vital si queremos que el estado de las cosas cambie. Decir esto no va mucho más allá de decir una obviedad. El verdadero problema, el más  difícil de resolver  es cómo educar. El más difícil todavía es educar a quien no quiere ser educado. Nadie rechaza para sí mismo comida, ropa y refugio, pocos se oponen a la libertad y a la igualdad  pero muchos no llegan a comprender el alcance de la educación. No hablo de la mera transmisión de conocimientos y valores. Voy más allá. Hablo de conseguir que cada uno de nosotros se considere un ser humano autónomo, libre y por tanto valiente.

Los derechos humanos están muy bien. Tal vez nunca en la historia ha habido un mejor conjunto de buenas intenciones. De poco sirven mientras la mitad de la humanidad no sabe tan siquiera leerlos. (Y la otra mitad los utiliza sólamente en discursos solemnes).

El talón de Aquiles

héroe

Existen  dos clases de héroes. Unos son los que representan los valores teóricamente compartidos por las sociedades actuales.Son aquellos valores que todos decimos y creemos defender pero  que casi nunca  conseguimos plasmar en la realidad.Libertad, igualdad de oportunidades,justicia,no discriminación,libre pensamiento y solidaridad son sólo algunos ejemplos.Quienes personifican estos valores comienzan siendo adorados pero indefectiblemente acaban destronados.Nadie quiere que se le recuerde lo que no es.La necesidad que el ser humano tiene de ser guiado hace que surjan estos héroes.Ellos representan nuestras ilusiones.La condición humana, capaz de lo mejor y de lo peor casi simultáneamente,  encuentra gran regocijo en derrumbar la estatua que antes erigió entre vítores y apalusos.Los antiguos podían soportar la presencia de los héroes  porque las proezas que éstos realizaban eran sobrehumanas.Esa distancia les hacía compatibles con la existencia de los mortales. Aquiles era divino y eso explicaba sus acciones. Los héroes modernos tienen su punto débil como Aquiles,en éste era el talón, en aquellos su humanidad.Que sean como nosotros,de carne y hueso, que nos veamos reflejados como seres llenos de defectos en el espejo que nos muestran,  provoca nuestra ira y acabamos con ellos a la primera oportunidad. La única manera de perdurar es morir a tiempo y ,aún en estos casos,el olvido y la ignorancia hacen que acaben siendo pasto de mercadillos.El otro tipo de héroe es el  que representa los valores que en realidad admiramos hoy día:éxito, dinero y poder.No se trata realmente de héroes sino simple y llanamente  de  celebridades y éstas por definición son efímeras.Vemos nuestros deseos ocultos personificados en ellos.Los deseos, casi siempre caprichosos,ejercen un poder mayor sobre nosotros que la mayor de las convicciones.Los deseos son provocados por emociones que nos hacen anhelar aquello que no tenemos.

Si alguno de ellos, héroe o celebridad, se convierte en mesías, el asunto acaba todavía peor. Los mesías, locos o no, terminan siempre siendo eliminados o abandonados por sus propios seguidores.La paradoja del que hace algo bueno por los demás , es que termina siendo  víctima de aquellos a quienes ayudó.

El héroe moderno oficial es el hombre hecho a sí mismo.Ése que surgiendo de la nada y gracias a su trabajo consigue lograr sus objetivos. Su función social es la de mostrar y demostrar a los demás que cualquiera puede conseguir  lo que se proponga siempre y cuando invierta en ello convicción y esfuerzo.El héroe anónimo, hijo de nadie y de todos al mismo tiempo.No existen barreras excepto las que tú mismo te pongas.El héroe extraoficial,el que despierta verdadera envidia, es el que obtiene un rápido éxito y celebridad. No importan tanto los medios que haya utilizado ni tampoco los méritos que presente.Lo que deslumbra es su salto a la fama.Queremos la gloria sin importarnos el precio.

La dicotomía entre convicción y deseo provoca que el combate que se desarrolla en el interior de los seres humanos sea árduo y dificil.La tentación por lo inmediato es demasiado atractiva y la perseverancia  que es necesaria para actuar según las propias convicciones hace que la balanza se incline en demasiadas ocasiones del lado de lo fácil y de lo cómodo.Seguimos anhelando el golpe de suerte,nos deslumbra el oropel de la fama y de la gloria inmediata.Si no lo conseguimos, es cuando necesitamos de héroes, guías, líderes o mesías en los que depositar nuestras aspiraciones y así abandonar en ellos nuestra suerte.Nos quedará, además, el consuelo de desahogarnos deshaciéndonos de ellos cuando lo creamos conveniente.Sus crimenes serán ser  demasiado virtuosos o demasiado humanos.No nos importa, la condena seŕa la misma y está dictada de antemano.

Sabemos todos, en lo más recóndito de nuestro ser, que la fama es pasajera y que las celebridades pasan como pasan las modas.Tan sólo son tentaciones en las que caeremos para luego descubrir lo que ya nos temíamos:El deseo casi siempre es mejor que la relidad.

En cuanto a los héroes,¿no será tiempo, pues, de olvidarnos de ellos?