Paradoja de la tecnología

Limpiar y ordenar mis espacios me ayuda a templar el ánimo y serenar mi mente.Una de las cosas más atractivas del ordenador es,para mi, la posibilidad que me brinda de tener todo en su sitio.La organización me procura concentración y dado que yo tengo la sensación de que mi cerebro constantemente se me desboca,la concentración que alcanzo ante la pantalla de mi ordenador me procura más relajación que repetir mantras durante horas.

A diario todos recibimos e-mails que ni nos molestamos en abrir.Al mirar nuestro correo realizamos un acto de purificación que consiste en mandar directamente a la papelera la bazofia que nos han enviado.Es un ejercicio que sienta bien.De la misma manera, un domingo lluvioso de invierno, es un buen momento para deshacernos de todo aquello que está de sobra en nuestras casas y nuestras vidas. La sensación que obtengo una vez que he depositado todo mi excedente en la basura y veo mi casa un poco más vacía es tremendamente satisfactoria. El minimalismo,la austeridad y los espacios vacíos son en esos momentos el feng shui que armoniza mi mente.Una mesa de trabajo ordenada es en mi vida una quimera,una vana ilusión que de vez en cuando intento conseguir.Sé que el resultado será efímero,que al día siguiente todos los objetos cobrarán vida y  se pondrán en movimiento y que yo no podré hacer nada por impedirlo, pero el mero hecho de intentarlo, de conseguirlo durante unos instantes es suficiente recompensa.Cada cierto tiempo sueño con reducir mis pertenencias a la mínima expresión y hago mentalmente el catálogo de objetos que salvaría de la quema.Hasta hace unos años pensar en desprenderme de mis discos,por ejemplo, me parecía un acto de cobardía.Hoy,por el contrario y gracias otra vez a la tecnología, me entusiasma tocar un disco duro y saber que allí dentro sin que nadie la vea, reposa toda mi discografía.Con los libros, me está costando más hacerme a la idea.Una pared repleta de libros sigue siendo más bella que cualquier acuarela.Con el tiempo ,sin embargo, creo que disfrutaré seleccionando lo imprescindible y reduciendo el resto a ceros y unos.La fotografía impresa es ya como una reliquia,esa que manoseo de tiempo en tiempo para que me lleve a lugares remotos, donde el cielo,el mar y la tierra  vestían sólo de blanco y negro.Sé que ahora me lo pierdo, pero la añoranza de espacio y orden hacen que prefiera las paredes vacías.

El budismo defiende que la felicidad se consigue eliminando necesidades de nuestra vida.Si prescindimos de todo aquello que nos sobra,si no necesitamos nada ,ya nada echaremos en falta.El minimalismo reduce la presencia de objetos a la mínima expresión.Las técnicas de concentración y meditación  pretenden eliminar todo pensamiento de nuestra mente.La tecnología,al contrario,acumula todo en el mínimo espacio,vacía nuestras estanterías pero llena de datos  el ciberespacio.Nos ofrece orden y acaba creando desorden.Nos regala tiempo libre pero al final nos esclaviza.Dependemos para todo de ella.¿Quén tiene  la fórmula mágica para conjugar zen y tecnología,datos y mentes vacías?

A mi me gustaban los domingos lluviosos para vaciar de objetos mi vida.Ahora, cuando llueve, en vez de eliminar, acumulo mucho más de lo que ya tenía.Paradojas de la tecnología.

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