El brazo cortado

Esta mañana estaba escuchando las noticias en la radio mientras desayunaba. La crisis económica, los resultados de las elecciones europeas y sus consecuencias, la gripe A, problemas laborales, el fichaje de una estrella del deporte…Entre ellas ha habido una que  ha provocado que el plátano que estaba comiendo se me atragantara. Un hombre boliviano llevaba trabajando en una panadería de un pueblo de la costa mediterránea en torno a un año y medio. Por supuesto, no tenía contrato alguno. Le pagaban 700 míseros euros por doce horas de trabajo diario. Hasta ahí todo, tristemente, normal. Esta madrugada estaba el hombre trabajando  y ha sufrido un accidente: una máquina le ha cortado uno de sus brazos. Los dos jefes de la empresa, a la vista de la situación, han decidido cortar también por lo sano: han tirado el brazo del herido a la basura, le han abandonado a doscientos metros de un hospital y le han recomendado no decir nada sobre las causas del accidente.

La opinión que me merecen estas dos personas, si los hechos son como luego ha contado su protagonista, no merece ser explicada. Imagino que toda persona decente y con al menos una neurona mostrará su repulsa y su desprecio por semejante comportamiento.

Todos los días, si cualquiera lee, ve o escucha, nos podemos encontrar con tragedias parecidas. Cambian el lugar y los protagonistas pero el drama sigue asomando a nuestros ojos y oídos.

Lo que quería comentar, lo que me ha subido la tensión y lo que me ha hecho detestar la sociedad en que vivimos es lo que ha ocurrido a continuación. Una vez expuestas las noticias, tocaba el turno a una tertulia donde expertos en todo sin saber prácticamente de nada, en eso se han convertido la mayoría de tertulianos de los medios de comunicación, debían  dar un repaso a la actualidad y valorar las noticias más importantes. Antes de dar la palabra a estos sabelotodo, el presentador ha puesto, de nuevo, encima de la mesa, los temas sobre los que versaría la tertulia. Entre ellos, evidentemente, el caso del trabajador boliviano. Al acabar de hacer su introducción el moderador ha cedido la palabra a los invitados. Ellos han ido escogiendo los asuntos que les parecían más destacados para ser tratados. He escuchado sus repugnantes voces durante media hora y en ella han hablado de un nuevo modelo de coche que se va a fabricar en Zaragoza y de cómo esto garantizará el trabajo en una fábrica que  corría serio peligro de cerrarse, han especulado sesudamente sobre si los resultados de las  elecciones europeas pueden ser trasladados a la situación política española, han abordado el tema del posible cierre de una central nuclear. Han reído, se han dado la palabra y se la han quitado y, sobre todo, se han sentido orgullosos de sí mismos y de todo lo que saben.

Yo tenía que irme pero no lo he hecho. Estaba atónito por lo que escuchaba, mejor dicho por lo que no escuchaba. Nuestro amigo boliviano no ha sido siquiera mencionado. Nadie ha dicho una sola palabra sobre él. Los tertulianos de la mesa redonda han  decidido, ellos no piensan, deciden, que el tema era baladí. El presentador y director del programa ha debido de pensar lo mismo pues no se le ha ocurrido, al menos, que  podía ser él quien  pusiera el tema sobre la mesa.

Cuando he apagado el aparato de radio, he sentido rabia, vergüenza, impotencia, indignación, desprecio, asco y, ¿por qué no decirlo?, unas irrefrenables ganas de partir varias narices.

Una sociedad que no reacciona ante hechos como éste, que considera más importante el fichaje de un jugador de fútbol por noventa y cuatro millones de euros que la situación de millones de personas explotadas y esclavizadas, es una sociedad que ha tocado fondo. Un país que está más atento en saber si un político pagó sus trajes con dinero que no era suyo que en la suerte de nuestro panadero es un país enfermo. Un oyente de radio que no se escandaliza ante el brutal silencio como el ocurrido esta mañana, no es oyente, es una piedra. Unos tertulianos que, después de su sermón matutino, han vuelto a sus quehaceres sin ser conscientes de su tropelía son tan insensibles, ignorantes, despreciables y nauseabundos como los que han tirado el brazo a la basura.

Sé que se argumentará  que no todos somos así, que también se podrían dar ejemplos de comportamientos loables donde la generosidad, la inteligencia y la bondad abren una puerta a la esperanza. Estoy de acuerdo. Lo que es incontestable es que la sociedad que nos hemos creado está enferma de muerte.

17 comentarios en “El brazo cortado

  1. por desgracia hoy en día noticias como esas ya no sorprenden ni conmueven a nadie!!!
    estamos tan devueltos de todo que ya casi nada nos afecta…
    la empatía no es algo que conozca todo el mundo…

  2. Además de la falta conmoción y sensibilidad, lo que me asombró de los periodistas fue la repugnante inconsciencia con la que pasaron por alto por este asunto. Ese desprecio es lo que me parece indignante.

  3. Rodeando el corazón del argumento, la historia de los tertulianos es tan carroñera como algunos de los asuntos que tratan. Para empezar se han inventado la profesión, puesto que no existe (Como mínimo no existía) organismo laboral que la homologue como empleo. Reuniones de sobremesa trasladadas al ámbito del espectáculo. Da igual el tema, economía, trabajo, racismo, consumo, “Llegar a final de mes” Largan como césares, con la sabiduría de los filósofos y la oratoria de los griegos. Patético. La verdad: Salen de sus casas temprano para empaparse de las noticias que los verdaderos periodistas imprimieron horas antes, llegan al estudio y mesa redonda. Sobre educación, ¿Algún docente en la sala? Racismo ¿Alguién que vive en una comunidad interracial? Drogas, ¿Algún familiar o adicto? Vivienda ¿Algún afectado de los que les derribaron la casa por ¡¿ley?! Sanidad, ¿Algún enfermo ingresado en una unidad de hospital comarcal? Y así hasta las uvas. Si bien, los tertulianos se llenan de razones las bocas, saben de lo anterior más que nadie sin necesidad de oler, ver, o tocar. Tomando un café en el bar del hotel, leyendo la prensa en el taxi que les lleva de casa a la televisión. En el fondo son de admirar, es la picaresca española, un ratito de charla sobre la actualidad, pasa por caja y hasta mañana.
    Respecto al pobre colombiano, a quien terminarán implantándole un brazo biónico para luego hacer una serie de televisión, cayó como agua de Mayo para tapar listas de espera, falta de asistencia, de médicos, de especialistas, etc. En el espectáculo de la política, vamos avanzando sin vergüenzas ni escrúpulos, a resultas de las estadísticas que den las audiencias.
    Mi padre siempre me decía: Mientras hayan burros, la gente montará a caballo.

    MOBY DICK

  4. No sé qué decir, se me ocurren algunas preguntas… ¿Cuál piensas tú que hubiera sido la suerte de ese trabajador que ganaba 700 míseros euros (casi 1,000 dólares) por 12 horas si se hubiera quedado en La Paz o en Cochabamba o en Santa Cruz… ganando 70 dólares, unos CINCUENTA míseros euros por 12 horas… y hubiera ocurrido el mismo accidente en su fábrica? ¿Qué piensas que habrían dicho los matutinos bolivianos al respecto? ¿Qué le habría pasado al mismo trabajador en tu país si hubiera sido español? ¿Qué le habría pasado (o mejor dicho NO le hubiera pasado) en Bolivia? Yo pienso que no se trata de España, no se trata siquiera de Europa, es toda nuestra “civilización” mal llamada humana. Es el resultado del individualismo mal entendido que promueven los anti-valores de la única anti-ética que permea los sistemas educativos de todas las sociedades de la Tierra desde los años 60. Sólo conozco un antídoto para la náusea: hacer algo al respecto. Por ejemplo, respecto a los derechos humanos.

  5. si que es indignante, algunos periodistas deberian quedarse en casa en vez de aparecer en la tele para decir bobadas o simplemente para comentar asuntos que no interesan a nadie más que al director de la cadena..

  6. Acá nos llegó también la nota, y parece que todos los informativos lo vieron más como la “anécdota de la semana”, que como una muestra de un mundo podrido.

  7. M,
    Respondo a tus preguntas:

    1-Le hubiera pasado lo mismo.
    2-Habría sido la anécdota del día.
    3-Le habrían reimplantado el brazo.
    4-No le habrían reimplantado el brazo.

    La conclusión de mi entrada seguiría siendo la misma.La nausea, con perdón de la víctima, no me la produjo ni el accidente ni el comportamiento de sus jefes ni tan siquiera la situación de muchos trabajadores emigrantes. Esto, tristemente, está a la orden del día.Lo que me indigestó el desayuno fue la indiferencia,la insensibilidad,el desprecio y la vileza de quienes pudiendo informar, criticar, denunciar, investigar se negaron a hacerlo y no por razones ocultas sino por que ni se les pasó por la cabeza.
    En definitiva, sumando una cosa y otra el resultado es el mismo:el mundo está podrido.

    fireinyoureyes,
    Si no se quedan en casa es porque hay gente que les escucha.

    Edgar,
    Así es, ni más ni menos.

  8. la verdadd es una histiria..k tristemente es rrepugnante saver la rrespuesta al poblema es vergonsoso saver k nosotros siendo humanos seamos tan desconcidorador….por nuestrass acciones,,,k verguensa……….

  9. hola siempre estas en faceboock y nunca sabes que hacer aperte de estar chingando la madre

  10. no entiendo la lectura pero si es impresionante q nadie hable de el pobre panadero

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