Tartufos o los impostores

La política es una actividad que tiene que tener consecuencias. Si no, cambiémosle de nombre. Las personas que se dedican a la política están obligadas a decidir y a hacer. Si no hacen ni deciden no son políticos. ¿Qué son entonces? Las respuestas pueden ser variadas pero, como los diez mandamientos, se resumen en dos: irresponsables y tartufos.

La biblia también dice que las personas que saben hacer el bien y no lo hacen, cometen pecado. Los políticos puede que no sepan hacer el bien pero si saben que tienen que hacer y si no hacen nada no pecan contra dios sino contra quien ha puesto en ellos la confianza y la responsabilidad de tomar decisiones y contra los que carecen de esperanza.

Cuando los políticos saben lo que tienen que hacer y no lo hacen son falsos, deshonestos, mentirosos, traidores e incoherentes. Los que les votamos y escuchamos sabiendo todo esto somos simplemente idiotas.

El mundo está lleno de idiotas y de personas que no cumplen con lo que tienen que hacer. Unos son abúlicos y los otros degenerados. Los unos parecen carecer de energía y voluntad, los otros son de condición moral depravada.

Después de veinte años en Afganistán los occidentales se retiran de manera vergonzosa del país dejando poco más que desolación. Veinte años prometiendo ayudar a instaurar la democracia en un país donde fuera posible vivir con dignidad y donde la mitad de la población tuviera los mismos derechos que la otra mitad y lo único que se deja es una nueva tragedia. Sabían cuál era el bien y lo han ignorado, sabían qué había que hacer para lograrlo y no lo han hecho. Me da igual llamarles pecadores, mentirosos, traidores, irresponsables o incoherentes, me da igual porque todo ello lo son.

Llenar, durante algunos días, hasta que otro acontecimiento nos haga mirar hacia otro lado, los periódicos, las noticias, las redes sociales de imágenes de algunos afganos saliendo de su país en aviones militares no es más que una excusa para llenar nuestra conciencia de podrida satisfacción. Ver solo una de las caras de los que no pueden volar, de los que no pueden escapar, de los que se quedan desesperados, es decir privados de esperanza, mirando al cielo comprobando que una vez más han sido abandonados, es más doloroso y más verdad que todos los aviones aterrizando y despegando del maldito aeropuerto de kabul.

Ver cómo ahora la unión europea negocia con pakistán para que se haga cargo de los afganos y afganas que escapan de su tierra cuando hasta hace poco daba cobijo a sus perseguidores. Escuchar al presidente de los estados unidos decir que ellos no habían ido allí para instaurar una democracia. Comprobar que china, rusia o pakistan puedan reconocer un país monstruoso por motivos espurios provoca nauseas y uno siente vergüenza de ser considerado de su misma especie.

Cada día se me hace más difícil seguir comiendo una ensalada mientras veo aviones despegando con unos pocos afortunados dentro y con la inmensa mayoría mirando como desaparecen entre las nubes. Cada día se me hace más insoportable que después de eso me digan que el precio de la luz será hoy a las nueve de la noche 0.29272 €/kWh o que el defensa izquierdo del manchester city no ha entrenado porque ha pasado mala noche.

Doble atentado suicida en el aeropuerto de kabul con decenas de muertos.

¿Y ahora qué?

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