Tiene casi cien años y está contenta en su casa. Hace buen tiempo. Sale a la terraza a leer uno de los libros que le presta el librero del barrio. No está ansiosa por un futuro que sabe que no tiene. Simplemente no le preocupa. No se deprime añorando el pasado. Está en paz y vive el presente, el hoy, el ahora, leyendo su libro en la apacible tarde de verano, sintiendo el sol de julio y a su gata que pasa a su lado en completo silencio. Tiene casi cien años y disfruta viviendo días como este. Desea seguir así el tiempo preciso. Cuando ya los días pesen, quiere dormirse una noche y no despertar por la mañana.

Es hora de regar las plantas.

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