The seven year itch

Mi pareja y yo, mi blog y yo, Jusamawi y yo llevamos ya siete años juntos. Este es el momento en el que, según Billy Wilder, debería empezar a sentir una comezón, un no sé qué que me haga dudar de lo que hasta ahora ha sido estabilidad. Ese momento en el que uno siente que lleva demasiado tiempo con el otro, ese tiempo traidor en el que uno se aburre o se cansa de estar siempre con el mismo y con lo mismo. Por otro lado, y siguiendo las enseñanzas del maestro, no es menos cierto que se trata de una sensación  engañosa. Confundimos la tranquilidad de una relación asentada con el hastío y fantaseamos con ansias de libertad, con quedarnos solos o con buscar algo nuevo y diferente.

La tentación vive arriba y yo, como me enseñó otro gran maestro, no me he resistido y he caído en ella. Sí, lo confieso, tengo una amante. Soy egoísta y no he dejado a nadie. Ahora vivo con dos y las dos me quieren. Ahí queda eso.

Llevo ya tiempo con esta doble vida pero todavía no lo había hecho público. Ella es mi otra cara y como todo el mundo sabe todos tenemos no dos sino varias. Aprovecho este día para hacer público mi pecado. Pecado que como casi todos es más atractivo por el mero hecho de serlo.

Perdón Jusamawi por no habértelo contado antes. Uno es sincero pero hasta cierto punto. ¿De qué serviría si no la mentira?

¿No dicen que  donde caben dos caben tres? 

La estela del tiempo

Después de estos años, compruebo con cierto desasosiego que la vida transcurre demasiado deprisa también en la red. No importa que tengamos delante de nosotros y ordenados cronológicamente todos los pasos que hemos ido dando en este universo. De hecho, es una peculiaridad de este mundo, eso de tener siempre a la vista todo lo que hemos dicho, visto y oído. Podemos revisitar constantemente lo que hicimos, pensamos, dijimos y hablamos ya que está antinaturalmente ordenado y guardado. No recordamos sino que volvemos a vivir. En la vida en la que un despertador nos despierta y hablamos con la boca y no con los dedos eso no sucede. La memoria es la que da razón de todo y la vida según pasa adapta mediante los recuerdos la percepción actual de lo que sucedió en el pasado. En este universo físico donde todo se solapa y superpone, el tiempo campa a sus anchas por la subjetividad y cada día somos más conscientes de que no es más que un capricho humano, a lo sumo un consenso, como tantos otros, que nos permite orientarnos. No importa que los físicos nos aseguren que tanto el tiempo como el espacio comenzaron con aquella explosión primigenia que nos ha traído hasta este momento en que escribo estas palabras.

En el universo sintético de los internautas, sin embargo, el tiempo impone su sentido y su estela nos lleva férreamente atados. Todo está controlado y ordenado y cada cosa está en su sitio. El problema es buscarla y encontrarla. No utilizamos los recuerdos ni la memoria para indagar en el pasado ni para representárnoslo en el presente. La constante utilización de fechas y horas, la importancia de la cronología y el orden que existe dentro de un aparente caos hace que el peso del tiempo sea abrumador y su constante y sentido peso marca claramente su camino inalterable.

La memoria de la red nada tiene que ver con la del cerebro. La red acumula y el cerebro olvida para sobrevivir. La red se expande como el universo mientras que nuestro cerebro tiende a encogerse. Memoria ordenada y organizada frente a selección, interpretación y olvido. Palabra e imágenes frente a memorias. Recuerdos con los ojos cerrados o con ellos bien abiertos.

A pesar de todo. A pesar de tener clara la marcha de los años y los días, uno siempre, cuando llega el momento y mira hacia atrás, siente con desvelo que el tiempo, cercano o distante, abstracto o concreto se le escapa de las manos. Siente que le huye y que todo fue tan breve como un instante. Es nuestra soberbia la que nos hace pensar que nuestro tiempo, esa infinitesimal disolución de días y horas en lo infinito, permanece y dura. Cuando nos detenemos nos damos cuenta de que, como estrellas fugaces, aparecemos y desaparecemos. Sólo unos pocos ojos nos han visto. Muchos menos nos miraron. Fuimos y no fuimos. En el tiempo nadie es porque el infinito todo lo disuelve.

A pesar de todo. A pesar de lo infinito yo no renuncio a capturar mi tiempo y llevármelo conmigo. No renuncio a recordar aún sabiendo que me engaño, no dejo de mirar con los ojos cerrados lo que un día vi en vivo y en directo. No ceso de recrearme en lo que quise y quiero seguir queriendo. No abandono las palabras a su suerte y les doto de nuevo sentido leyéndolas de nuevo. Veo piel lisa donde hay arrugas, infancia donde hace tiempo que nadie juega, colores debajo de otras capas de pintura, fotografías que pesan ya más en mí que el pasado que representan, recuerdos que pueblan cada una de las cosas que toco y miro, memoria en actividad constante.

A pesar de todo, y eso lo sabemos todos por propia experiencia, el tiempo pasa volando.

Seis años hace ya que vivo entre píxeles y teclas. Seis que es más que un lustro y menos que un decenio. Seis como cantidad arbitraria que nada representa pero que como todo número redondo nos hace reflexionar sobre el pasado y sobre el tiempo. No importa que ninguno de los dos existan. A su existencia nos agarramos porque si no seríamos piedras. Las piedras, todo el mundo lo sospecha, no albergan recuerdos y el tiempo, aunque les vaya cambiando de forma, pasa por ellas sin tocarlas.

Seis años que siento y padezco, seis que llevo una doble vida sin ser espía, seis años plagados de recuerdos aunque estén cronológicamente ordenados. Seis años de palabras dichas, de imágenes mostradas que son muchas veces mucho más yo que las imágenes que veía. Seis años de personas cercanas en la lejanía. De palabras dichas y de palabras calladas. Seis años que mirados desde ahora parecen a la vez pasado pasado y pasado presente. Parecen lejos y cerca. Parecen y son tan reales como la mano que los representa en palabras y las neuronas que los guardan en sus recuerdos.
Seis años que se van pero continúan. Todavía.

La estela del tiempo (o cómo los aniversarios nos hacen caer siempre en su trampa)

Hello world! Cinco años después

Hello world. No sé si celebrarlo. Lo cierto es que sí que me acuerdo. Hoy hace cinco años nació este blog. En este tiempo ha pasado a ser parte de mi vida cotidiana. Nunca he pensado en tirar la toalla. Lo que sí ha cambiado es mi forma de verlo. Creo que hay partes de la vida de un blogger de las que sí estoy cansado. La promoción, por ejemplo. La red está llena de consejos sobre cómo debe uno dar a conocer su blog. Al principio, como todos, esta actividad se convierte en obsesión. Lo que empieza siendo algo lógico y normal acaba convirtiéndose en una obligación tiránica. Conocer a otras personas que escriben, leerles y discutir en diferentes foros es algo vivificante. Tener la obligación de buscar más y más, dejar comentarios insulsos o simples acuses de recibo acaba siendo cansino. He comprobado además, y no deja de ser desilusionante, que uno baja en su número de visitas si no cumple con este rito de comentar en otros lugares. Gente que te lee e incluso alaba cuanto escribes, deja de hacerlo (de leerte) porque tú no cumples con el requisito de dejar tu huella escrita en sus dominios. Así, este mundo se convierte en intercambio y cambalache. Leo porque me leen, comento porque comentan y si no, me enfado y dejo de hacerlo. Eso, definitivamente, no me gusta. Sé que es tirar piedras contra mi propio tejado. Es tiempo de ser sinceros. Yo leo los blogs que me gustan. Busco nuevos y los encuentro. Algunos, es verdad, se visitan por amistad y por costumbre. Esto no tiene nada de malo. También lo hacemos con los amigos y la familia. La inercia, ya se sabe, mueve el mundo.

En el último año casi no he dejado un comentario en otros blogs. Sí los he seguido leyendo. Mi cifra de visitas ha descendido a la mitad. Ahora no me preocupa porque ahora el número de visitas no me importa como lo hacía hace cinco años. Lo que sí es descorazonador es comprobar que muchos lectores fieles se retiran dolidos por tu infidelidad.

Si soy sincero, no lo entiendo. Yo he leído y comentado en blogs de gente que nunca me lee ni deja comentario alguno. Quiero pensar que lo normal es seguir leyéndolos simplemente porque me parecen interesantes.

A parte de esto, hay otras muchas cosas que he encontrado satisfactorias. El concepto mismo de blog, la primera. Todo al alcance de todos. He leído más opiniones sobre casi todos los temas en los blogs que en los periódicos. Esto, para alguien como yo, que no tiene muy buena opinión de la prensa es altamente gratificante. He visto más fotografías estos años que en toda mi vida pasada y he descubierto intereses que ni sospechaba que tenía. Además, por supuesto, he conocido personas a las que de otro modo nunca habría conocido. Pienso en ellas como personas, como amigos que existen en mi vida real. No importa que no les ponga cara. Conozco su palabra, sus ideas, opiniones e inquietudes. Hay mucha gente en mi vida cotidiana de la que puedo decir justamente lo contrario. Y si tengo que escoger, no tengo duda.

Las estadísticas son otra cosa curiosa. Si echo un vistazo a las entradas más visitadas y comentadas no dejo de sorprenderme. No coinciden con aquellas de las que estoy más satisfecho. No me parece mal ni bien. Es curioso. Hay una entrada, por ejemplo, que ha recibido más de quince mil visitas. ¿Es la mejor? No, por supuesto. A veces el destino es tan duro que hace que tu trabajo se conozca más o menos por una anécdota. En este mundo bloggero suele suceder que un título o una etiqueta logren más que mil palabras bien escritas. Algunas de mis entradas predilectas están perdidas en el fondo del tiempo con decenas o, a lo sumo, centenas de visitas. Esto no hace más que constatar lo que todos sabemos que sucede. Vivimos bajo el imperio del marketing y el merchandising. Basta con mirar cualquier ranking y comprobar cuáles son los blogs más leídos. Uno se abochorna y consuela pensando que es mejor no estar entre ellos.

Confesaré otra cosa. Ahora que lo escrito empieza a ser abundante, me he convertido en uno de mis mejores lectores. Me resulta agradable releer lo que escribí hace tres o cuatro años. Me gusta recordar dónde y cómo lo escribí. No siempre asiento cuando me leo pero en general creo que sucribo hoy casi todo lo escrito ayer. Nunca corrijo el contenido. Tan solo alguna letra olvidada o un error ortográfico detectado. Teniendo en cuenta lo cómodo que sería reescribirlos, no sé por qué no lo hago. Algún día, tal vez. Es un reto interesante. Me da miedo, en caso de hacerlo, caer en el estilismo. Primar la forma sobre el fondo. Yo, ya lo he dicho otras veces, casi nunca preparo lo que escribo. Si tengo un tema en la cabeza, me lanzo también de cabeza a escribir. Si no tengo un tema claro me lo impongo y escribo. He llegado incluso a improvisar, a practicar la escritura automática. Cuando hablamos hacemos exactamente lo mismo. Las mejores opiniones no son siempre las más meditadas.

He dejado un hueco en el blog a la fotografía. Creo que es un trabajo apasionante. Yo que no sé nada lo disfruto. No puedo imaginar lo que será si sabes y, ya puestos a soñar, puedes vivir de ello. Esa sensación de mirar, buscar y encontrar algo que quieres reflejar o transformar es apasionante. El resultado, para uno mismo al menos, es muchas veces sorprendente. Me gusta tanto pasear, mirar y sacar la foto de un árbol solitario como captar el detalle de un lápiz sobre una mesa. Me falta probar la pintura. Para eso, me temo, tendré que esperar a otra encarnación.

Con esta, curioso el dato, son ya trescientas las entradas publicadas. Trescientas entradas y cinco años de persistencia. Todas juntas ya van tomando cuerpo. Nunca las he visto en papel impreso. Me tienta.

Antes de empezar a escribir lo escrito había pensado publicar un resumen de datos, entradas, más y menos visitadas, visitantes, lugares de procedencia, curiosidades … Antes de hacerlo quería decir algo y compruebo, una vez más, que ya he dicho demasiado. Ya se sabe, el hombre propone…

El veinticinco de marzo de dos mil ocho escribí la primeras palabras en este blog. Lo hacía sentado junto a mi ventana y frente a mi Ubuntu saludando a los que por casualidad pudieran llegar hasta aquí.

El veinticinco de marzo de dos mil trece, cinco años después, sigo haciendo lo mismo. La ventana y Ubuntu, fieles compañeros, continúan a mi lado. Algunas cosas espero que hayan cambiado. Una seguro. Empecé escribiendo con un dedo. Ahora lo hago con dos. La otra es que espero que ahora haya gente que no llegue aquí por casualidad.

Tres o 3,14159265358979323846…

El tres es el número natural que sigue al dos y precede al cuatro. Platón lo consideraba la imagen del ser supremo. Representaba sus tres personalidades: la material, la espiritual y la intelelctual. Aristóteles coloca dentro de él el principio, el medio y el fin. Para los cristianos el tres es el número celeste.

Tres por tres es igual a nueve; nueve por tres igual a veintisiete; veintisiete por tres da ochenta y uno; ocho más uno es igual a nueve; y nueve dividido entre tres, nos lleva de nuevo al tres.

Uno, dos, tres es una estupenda película de Billy Wilder. James Cagney está tres veces soberbio. Uno, dos, tres es lo que dicen los músicos antes de entrar en faena con el cuatro. Uno, dos, tres son los lugares privilegiados. El podio guarda un lugar para cada uno de ellos.

Al primero y al segundo siempre les falta un tercero. No hay dos sin tres. El tercero suele ser el de la discordia.

Tres son los colores primarios, tres eran los tres mosqueteros, tres días hay en el año que relucen como el sol, tres fueron las carabelas de Colón, tres son los magos de oriente, tres cosas hay en la vida. Hasta el mismo dios es trino.

El número pi es un tres seguido de infinitos decimales. El número pi representa la esperanza de encontrar algo más allá del tres. Un mundo que nunca acabaremos de explorar.

El jazz encuentra su lugar en el trío. Nada falta y nada sobra pero, aun y todo, no cierra sus puertas al cuatro  y al cinco.

Pedro negó tres veces.

El uno se cree completo. Cuando conoce al dos trata de cerrar el círculo pero casi nunca lo consigue. El tres representa la huida hacia adelante, la tercera vía. Ni la una ni la otra. Otro mundo es posible. En esta opción desmarcadora reside su encanto.

Tres años no son nada para una piedra del camino. Tres años son algo despreciable en el infinito transcurrir del tiempo. Tres años de blog es algo casi inconmensurable. Esperanza de vida superada. En este universo el índice de  mortalidad infantil es terrible, descorazonador. El primer año se alcanza ya la madurez, en el segundo aparecen ya los primeros achaques de desidia. Cumplir el tercero significa aceptar sin género de duda que detrás de la coma hay infinitos decimales.

Espero que no suene a condena pero mañana cumplo tres años y un día.

Time it was, and what a time it was. A time of innocence, a time of confidences. Long ago, it must be, I have a photograph. Preserve your memories; they are all that’s left you.

Desde tu ventana

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Querido Jusamawi,

Te escribo estas líneas pues acabo de darme cuenta de que tu blog cumple hoy un año. ¿Quién lo iba a decir,verdad? Recuerdo muy bien lo dudoso que estabas cuando comenzaste con esta aventura.   Escribir es algo que te ha gustado toda la vida. De hecho, yo sé que si pudieras escoger sería la actividad a la que más te gustaría dedicarte. (A este paso tendrás que  esperar a la jubilación). No sólo por el hecho concreto de la escritura en sí, sino por la libertad de movimientos y de horarios que esto te permitiría. No se me hace difícil meterme en tu cabeza y comprobar que estás contento con los resultados. Has conseguido uno de tus principales objetivos: obligarte a escribir con asiduidad. Siempre vas ahora pensando en temas que te parezcan interesantes para reflexionar.Antes también lo hacías, lo sé, pero poner todas esas reflexiones negro sobre blanco te sienta muy bien.Te ordena la mente y eso es una cosa que tú siempre has buscado.Escribir,no sé por qué, resulta ser algo íntimo y los demás lo suelen ver como algo raro o especial.Al principio  casi nadie de tu entorno sabía que tenías este rincón secreto.Con el paso de los meses se han ido enterando e incluso algunos te leen.Casi ninguno de ellos suele hacer comentarios.No te importa.Has dado un paso más importante: escribir y que no te importe que lo sepan.Hace muchos años, cuando empezaste a escribir, lo hacías siempre a escondidas.Tus poesías, malas o buenas no las leyó casi nadie. Participaste en algún que otro premio literario pero siempre bajo seudónimo. Todavía recuerdo los textos que mandabas a aquel programa de radio, donde los leían con música de fondo.Un tal Álvaro los firmaba. Sé que dejaste inconclusa una obra de teatro. Más de una vez me has dicho que hoy te daría vergüenza que alguien la leyera. Cuentos, novelas, y reflexiones han rondado siempre por tu cabeza. Has inventado historias, has tenido ideas que a ti te parecían buenas pero luego siempre olvidabas ponerlas por escrito. Ya era hora de que todo eso que te bulle por dentro se vea plasmado en algún sitio. Ahora llevas siempre contigo tú cuaderno negro. En él apuntas cosas que se te ocurren. A lápiz. Es curiosa tu manía de escribir a lápiz. Con lo literarias que son las plumas. El autobús, el parque o un rato libre en el trabajo son lugares que ahora utilizas para rellenar hojas en blanco. Hay una cosa que me llama la atención. Te he oído decir alguna vez, y no sé si creérmelo, que sueles escribir de corrido, que apenas corriges. A veces en el cuaderno y otras veces directamente tecleando. Algunos temas de los que tratas son clásicos para ti. Son recurrentes en tu vida. Otros, sin embargo, los has desarrollado como si de un ejercicio se tratara. Piensas en un tema y te lanzas a escribir. Normalmente te enrollas demasiado, perdona que te lo diga. No creo que tus lectores sepan cuáles han sido escritos a vuela pluma o cuáles han sido más reflexionados. No quiero decir con esto que mientas en lo que escribes. ¡Dios me libre! Siempre escribes de asuntos que te interesan, sólo que a veces piensas a la vez que escribes. ¿Te gusta hacerlo así o no puedes evitarlo? Los resultados, curiosamente, no guardan relación alguna con el tiempo dedicado a la reflexión y la escritura. Algunas de tus entradas más leídas han sido escritas casi improvisadamente y otras muy meditadas, están perdidas en las estadísticas. El blog para ti no es un entretenimiento, no es una mera afición. Ocupa ya un lugar importante en tu vida y los que te conocemos sabemos que no pasa un día sin que le dediques un buen rato. El rincón donde escribes en tu casa, la mesa blanca, la silla negra, tus papeles, tu ubuntu y el pequeño mac son tu santa santorum, el refugio donde te resguardas, casi siempre de noche, robándole tiempo al tiempo, para, a través de tu ventana, comunicarte. Ahora que menciono esto, no quiero dejar de señalar el aspecto que más te ha sorprendido de esta aventura. Cuando empezaste querías por encima de todas las cosas escribir. Pensaste incluso en la posibilidad de hacer que tu bitácora fuese privada. Al final,y no me engañes, te picó la curiosidad de ver si alguien te leía e, incluso, lo sé por que me lo han contado, te levantabas cada mañana y mirabas si había algún comentario y cuánta gente, al menos, se había pasado por el  sitio de tus desvelos. Decía, yo también me enrollo, que nunca se te había ocurrido pensar que iniciarías una vida virtual, con nuevos amigos, con los que hablarías, con los que te uniría una amistad que tú eras absolutamente incapaz de concebir. Hoy es el día en el que, al menos algunos de ellos, ocupan un lugar importante entre tus afectos. ¿Quién te iba a decir que personas de las que tan sólo has visto un avatar,pasarían a ser amigos tan verdaderos, y en ocasiones más cercanos, que muchos de los que ves a diario? Tú , que te las das de asocial, estás incrementado tus relaciones, salvando mares y distancias, gracias a una de las cosas que más aprecias: la palabra. El huraño aprendiz de escritor que se jacta de no necesitar prácticamente nada ni a nadie, tiene ahora nuevos amigos que le importan mucho más de lo que dice. La verdad, es que siempre se te ha dado mal eso de expresar afectos, confías siempre en que ellos ya se darán cuenta. ¿No te parece demasiado cómodo? En fin, genio y figura. Un año ha pasado y ahora ellos están allí y tú lo sabes. Ya no quieres que tu blog sea privado. Aunque cuando escribes no piensas en nadie en concreto, a veces creo que esto no es verdad, imagino que ayuda mucho saber que tus amigos están siempre allí para leerte, aplaudirte o reñirte.

Miles de palabras escritas, algunas inspiradas, otras no tanto,muchas más leídas, partes de ti desveladas, reflexiones, opiniones, pesimismo, optimismo, humor y nostalgias a partes iguales. Amigos,lectores,comentarios y silencios. Necesidad de escribir, de comunicar, de hablar, de contar, de pensar y de tranquilizar tu mente hiperactiva. Falta de sueño y ganas, muchas ganas de seguir haciendo lo que te gusta.

Como eres mi amigo, y los amigos de mis amigos  son mis amigos, no quiero terminar sin darles de tu parte ( ¡mira que eres raro!)las gracias, pues gracias a ellos estoy yo aquí escribiéndote. Como esto no es la entrega de los Oscars no voy a citarles aquí  uno por uno. Ellos saben que son parte fundamental de que sigas tecleando. (Por cierto, es asombroso que ya uses más de dos dedos.Ahora sólo te falta levantar la vista del teclado).

Se me ha hecho tarde, te tengo que dejar.Dales un beso de mi parte a Ju, Sa y Ma. (También ellas saben que son la base de todo esto. Además te soportan, en vivo y en directo).

…y que cumplas muchos más.

Tu amigo,

JLV