Lo que Heráclito no dijo

  • Los ansiosos tienen una meta: la alegría, los depresivos otra: la serenidad.
  • No hay nada que cueste más que decidir.
  • Quien medita, contempla y sólo se contempla la nada.
  • Cuando la ignorancia y la vanidad se unen siempre vence esta última.
  • La ficción,entendida como mentira, nos debe ayudar a interpretar la realidad que nos rodea,no a inventarnos la realidad que nos conviene.
  • La ambición es un arma de doble filo que siempre termina cortándonos.
  • Lo más cercano  a la felicidad es algo tan cabal como ser consecuente con uno mismo.
  • El problema de fondo es que no tratamos el fondo.
  • Lo peor de haber sido feliz es estar recordándolo  constántemente.
  • La competitividad es uno de los mayores y más peligrosos venenos que existen.
  • La muerte es la única certeza que tenemos.
  • El que pudiendo aprender no aprende es un necio.
  • Los abismos tienen sentido, no cuando caemos en ellos sino cuando conseguimos salir.
  • El pasado y el futuro no existen, son sólo conceptos que inventamos para no hablar de lo único evidente: el presente.
  • Aceptar la muerte, mirarla de frente y convivir con ella, es la única manera de ser ,en verdad,personas.
  • La vida es bella porque es breve.
  • Nuestra vida no sólo es un cúmulo de experiencias y vivencias sino que, fundamentalmente, es el camino que han ido creando nuestra decisiones.
  • La perfección, o al menos algo que se acerque a ella, suele provocar cierto rechazo.
  • El tiempo es la única cárcel de la que es imposible escapar.
  • Lo más notable que tiene el ser humano es el deseo de conocer.
  • La vida consciente, el yo, el alma, la mente, el espíritu comenzó en el momento en que alguien llamó piedra a la piedra, sol al sol y muerte a la muerte.
  • En la vida real gobiernan las disyuntivas, tenemos que escoger entre esto o lo otro. En nuestro mundo interior dominan las copulativas, queremos esto y lo otro.
  • Ni dios, ni el destino, tal vez el azar, pero decir el azar es no decir nada, nos arrebatan la responsabilidad de nuestros actos.
  • La felicidad está en el camino.
  • Una delgada línea  separa los  opuestos.
  • La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos.
  • Saber vivir es la más dificil de todas las artes.
  • Las fantasías son para tenerlas, no para vivirlas.
  • Hacer lo que nos gusta, decir lo que pensamos,sentirnos en definitiva a gusto con nosotros mismos, querernos, ser valientes y tomar decisiones es nuestra tarea si queremos vivir dignamente.
  • El uso de la violencia , aunque nos lleve a conseguir el logro que nos proponíamos, es siempre hijo de un fracaso anterior.
  • La maldición de los idiotas  es no disfrutar de las cosas a su debido tiempo.
  • El ser humano tiene una clara, tal vez innata, tendencia a preferir que los demás decidan por él.
  • Siempre sucede que tenemos más claro aquello que no sabemos  que lo contrario.
  • La existencia de verdades objetivas y universalmente aceptadas sería una buena cosa y nos facilitaría mucho la tarea, pero ,para nuestra desgracia,no existen.
  • No somos respetables por lo que pensamos sino porque pensamos.
  • El perdón, casi siempre, no es sino una versión condimentada del olvido.
  • La muerte da sentido a nuestra vida ya que la dota de tiempo.
  • Somos contradicción.
  • El terror a lo desconocido nos ha hecho crear dioses a nuestra imagen y semejanza.
  • La vida, la naturaleza carecen de valores.
  • Tener conciencia de que el tiempo pasa es tener conciencia de que existimos, de que somos y, trágicamente, de que tenemos un principio y un final.
  • En el infinito nada sucede, todo es quietud, no hay movimiento.
  • Concebimos la felicidad como un momento pleno que nunca termina. No es más que un sueño, eso nos mataría. Lo que nunca termina no existe.
  • No hay que confundir el azar con lo inexplicable.El azar es aquello que escapa de nuestro control.
  • Somos máscaras que poco a poco hemos ido tallando, que ocultan hasta el olvido la verdadera expresión de nuestra cara.
  • La actitud razonable es aquella que se plantea la posibilidad de poner todo en el aire,hacer como que lo que parece que es no lo sea, y, a partir  de ahí,ir hacia delante.
  • La duda es el motor que nos empuja.

He dicho

Azaroso destino

Aquel lunes,Eutanasio del Campo salió a la calle sin rumbo fijo. No sabía la dirección que iba a tomar. No tenía un destino definido. Echó a andar y recorrió plazas, parques y paseos sin tan siquiera fijarse en si torcía a izquierda o derecha. Empezó a llover, corrió a refugiarse en el primer bar que vio abierto. Allí, calado hasta los huesos, pidió un café para intentar entrar en calor. La lluvia seguía cayendo pertinaz. Sobre la barra del bar había un periódico olvidado. Para matar el rato decidió echar un vistazo a las noticias del día. Al extender el brazo para cogerlo chocó con otra mano que intentaba hacer lo mismo que él. Sus miradas se cruzaron. Los dos querían ceder al otro la lectura del diario. Ninguno se decidió a hacerlo y acabaron sonriendo. Se dijeron frases amables invitando al otro a quedarse con el periódico. De ahí surgió una conversación trivial: el tiempo, la lluvia y lo alta que estaba la música en el bar. No sabían ya qué decir.. Sonó entonces una canción que a Eutanasio le gustaba y que le recordaba tiempos pasados.Comentó  entonces   los años que hacía que no la había escuchado . Ahora sí, siguieron hablando de música, los dos resultaron ser grandes aficionados,y la conversación fluyó más tranquilamente. Se le  ocurrió, animado por las palabras, invitarle a tomar otro café y, para su sorpresa y alegría, aceptó. Música, libros, sus  trabajos y sus días se fueron desgranando y el tiempo pasó sin que ellos se dieran cuenta. El mundo se encerró en torno suyo y nació, tal vez, una relación que cambiaría sus vidas.
¿Quién fue el responsable? ¿La determinación de Eutanasio de andar sin rumbo fijo, la lluvia,el bar, el periódico, la canción…?
Una cosa es que podamos encontrar una explicación a cada uno de los acontecimientos que han provocado el siguiente. Toda causa tiene su efecto. ¿Había en esta historia alguna intención?

A Margarita Concejal  le gustaba pasear. Los lunes por la tarde siempre iba caminando desde su casa hasta el muelle. A la vuelta, se paraba, a eso de las 7:30, en el mismo bar para tomar un café. Ese lunes  empezó a llover a mitad del paseo pero, como era una mujer  previsora y había oído en la radio que se anunciaban lluvias por la tarde, había llevado un paraguas consigo y así pudo continuar su caminata como de costumbre. A las 7:30 como todos los lunes entró en su bar, se sentó en el taburete de siempre y el camarero le sirvió su cortado con leche fría en cuanto la vio llegar. Cuando Margarita fue a coger el periódico que estaba sobre la barra se topó con otra mano que iba a hacer lo mismo.A partir de aquí la historia continúa igual.
¿Quién es el responsable? ¿Haber seguido andando a pesar de la lluvia,el paraguas,la rutina, el café de las 7:30…?

El tema del azar es recurrente en nuestras vidas. El universo físico combina leyes y caos. El espíritu trata de poner orden en el caos. Por eso  necesita predicción. La responsabilidad y la elección constante son esenciales en ese cometido. Eso no nos libra de que el azar desbarate todo lo que teníamos previsto. Es algo grande, por inabarcable, y simple a la vez. La personas pueden ver su vida alterada en un instante. Eso no se puede controlar. Sólo nos queda aceptarlo. A unos les gusta más y a otros menos.
No hay que confundir el azar con lo inexplicable.El azar es aquello que escapa de nuestro control. Evidentemente, es imposible controlarlo todo.
El ser humano no acepta no tener todas las respuestas. Cuando por azar algo nos sucede solemos recurrir al destino para tratar de ordenar lo que no entendemos.
Un tiesto cae por la ventana si alguien lo empuja o se ha levantado un fuerte viento. Esto no es azar. Que me caiga en la cabeza justo a mí, es puro azar, aunque para consolarme quiera pensar que el tiesto me estaba esperando desde que nací.

Cada uno se encuentra en un lugar determinado en su momento presente. Es bonito pensar que siempre hubiéramos acabado aquí de una u otra manera, más tarde o más temprano. Me temo que es bonito pero no cierto.
Lo que es duro de admitir y sobrellevar es que, tras toda una vida prediciendo y eligiendo con responsabilidad ,el tiesto nos caiga en la cabeza.

Causas y azares

A Dámaso le cayó ayer un tiesto en la cabeza cuando paseaba por la calle a las doce del mediodía.El tiesto se precipitó al vacío porque no habían colocado una barra de sujeción y porque a esa hora se desató un vendaval inesperado que nadie había previsto.Dámaso debería haber estado trabajando, pero le quedaba un día de vacaciones y justo ayer se lo tomó.

Sobre las once y media de la mañana recordó que tenía que hacer un recado.Estaba muy a gusto en casa pero como a la tarde tenía intención de ir al cine, pues era el último día que se proyectaba la película que deseaba ver, decidió hacer un esfuerzo y salir por la mañana. Dicho y hecho. Se acercó hasta su coche y entonces se dio cuenta de que había olvidado las llaves en casa.Le dio pereza volver a subir y  al ver que el autobús estaba detenido en la parada se subió a él. Casi nunca solía utilizar el transporte público pero hoy lo hizo. Además no le dejaría lejos de su destino.Al bajar del autobús comenzó a levantarse un fuerte viento, en vez de ir por el camino más corto, una avenida amplia y despejada optó por tomar una calle más protegida.El semáforo prohibía el paso a los peatones.Pudo haber esperado a que cambiara de color, pero no lo hizo. Dámaso es impaciente y hoy, que iba sin su hija pequeña, aprovechó para cruzar la calle sin hacer caso de la luz roja.Continuó caminando y vio,consternado, que un ex-compañero de colegio venía por la misma calle  hacia él. A  Dámaso no le gustaban  este tipo de encuentros.No sabía muy bien qué decir. Se sentía ridículo hablando de la familia, la salud y el tiempo.  Aun a riesgo de ser descubierto se detuvo frente a un escaparate y miró atentamente los artículos expuestos. Cuando vio la imagen del compañero de colegio reflejada en el cristal no se dio media vuelta y respiró aliviado al comprobar que la imagen seguía su camino sin detenerse.Dámaso continuó caminando y treinta metros más adelante un tiesto,arrancado por el viento cinco pisos más arriba,hizo diana en su cabeza.El último pensamiento de Dámaso se lo llevó su antiguo compañero y el colegio donde estudiaron juntos.

Los vecinos del quinto no eran aficionados a las plantas. De hecho sólo tenían una, bueno ahora ninguna.Habían cenado unos días antes en casa de unos amigos.Estos tenían una amplia terraza plagada de plantas y de flores.Lo cierto es que el lugar resultaba muy acogedor y para contentar a sus amigos hablaron maravillas de los colores y de los olores. Los anfitriones, halagados, les regalaron  una preciosa doble alegría, así se llamaba la flor. Se la dieron en un pequeño tiesto de plástico pero les recomendaron ponerla en un tiesto más grande.Al día siguiente compraron un robusto tiesto de barro y allí colocaron a su doble alegría.No sabían muy bien cómo cuidarla.Supusieron que un poco de aire y de luz le sentaría muy bien  y,  sin pensarlo dos veces, colocaron, aquella fatídica mañana,la planta en el alfeizar de la ventana de la cocina antes de irse los dos a trabajar.¡Hacía un día tan bueno!

La clave está en saber si las coincidencias existen o no.Yo, por mi parte, sospecho que esta cuestión no tiene solución. En nuestra propia biografía hay multitud de ocasiones en las que nos planteamos este dilema. El azar desvirtúa el encanto de las coincidencias y nos hace sentir desarmados ante el poder que tiene la casualidad en nuestras vidas. Cuando pensamos, decidimos o queremos pensar que las casualidades no existen y que todo responde a la concatenación de causas y efectos en las que nosotros intervenimos consciente o inconscientemente, nos sentimos más seguros en el convencimiento de que somos parte activa y decisiva en el desarrollo de nuestras vidas. Lo razonable es aceptar que el azar tiene gran parte de  culpa en todo aquello que nos ocurre.Los seres racionales son muy poco razonables y gustan de escoger la segunda posibilidad.Es esa en la que el destino hace acto de presencia y en la que buscamos razones ocultas, toques mágicos, lazos que unen lo que pasó con lo que pasará.

La causalidad suena convincente  y nos hace vivir nuestra vidas en primera persona.Un hilo une hacia atrás y hacia adelante todos los hechos y todas nuestras decisiones. La casualidad nos quita el protagonismo y nos deja a merced de lo  incontrolado.

Un hecho puede ser más o menos probable. Al lanzar un dado, el tres sale porque es probable que salga pero  no es nuestra voluntad  la que lo decide.Sé que podríamos investigar la razón por la que tal número salió y no lo hizo otro. La posición en la que estaba el dado cuando lo introdujimos en el cubilete, la velocidad a la que lo agitamos y la fuerza con la que lo lanzamos sobre el tapete  determinaron su aparición. De la misma manera, un día giramos a la derecha o a la izquierda de una calle por motivos ocultos para la mente.Un color, el aire  o un determinado olor hicieron que tomásemos una dirección y no otra.¿Qué prueba esto? Que toda causa tiene su efecto. ¿Creemos que con eso nos libraremos de la casualidad y del azar? Rotundamente no.El hecho de que un estudio científico pueda demostrar por qué salió cruz y no cara  no evitará que todos relacionemos el lanzar una moneda al aire como ejemplo de azar.

Los psiquiatras indagan en la mente para buscar orígenes y explicaciones a nuestros comportamientos. Cuando no los encuentran en lo consciente señalan al inconsciente como responsable.El objetivo es lograr que el yo sea el que responda de todos los actos.

La pesada  carga de buscar razones y causas a todos nuestros actos es insoportable. Optamos entonces por hablar de suerte, azar, casualidad o destino según nos convenga.Si se trata del amor de nuestra vida nos agarramos tozudamente al destino, si , por el contrario, se trata de algo por lo que nos sentimos culpables , la culpa se la lleva indefectiblemente la mala suerte.

Tarea de héroes

La vida nos suele condenar a un ajetreo muchas veces no deseado.Pasamos las horas y los días ocupados en mil quehaceres que nos alejan  de nosotros  mismos.Frecuentemente nos lamentamos de no disponer de tiempo para nosotros.La intendencia de nuestras rutinas o el miedo a enfrentarnos a nuestros miedos hacen que nos ocupemos de asuntos que en absoluto nos interesan.Cuando es la necesidad la que nos obliga a ello no hay más remedio que respirar en ocho tiempos y tirar para adelante.Cuando, sin embargo,somos nosotros los causantes de este desvarío, no hay excusa que valga.El más inexperto de los jueces nos declararía, sin titubear, culpables de desidia.Los argumentos que esgrimamos en nuestra defensa se convertirán en agravantes que harán más dura la condena.Nos produce terror,por falta de valor y entrenamiento,quedarnos solos y sin prisas, hacer balance de nuestras vidas y contestar sin ambages las preguntas que viven en nosotros ocultas tras artificiales preocupaciones cotidianas.Detenerse y pensar, tomar decisiones sin anteojeras se convierte en árdua tarea que abandonamos con la excusa de pensarlo más detenidamente y dejarlo para mejor ocasión.Procrastinar, ese palabro, es nuestro deporte preferido, la tentación más atractiva en la que caen, caemos, todos los indecisos que en el mundo han sido.Nos refugiamos de nuevo en cuentas, crucigramas,fines de semana,recetas de cocina,ascensos laborales, incrementos salariales, programas de televisión y amigos que nos dicen aquello que deseamos escuchar.Hemos interiorizado ideas que convienen a nuestro cobarde proceder.La soledad es mala consejera, no es bueno pensar tanto,la vida son dos días, a mí que me quiten lo bailao son unas cuantas de la larga lista de  mentiras irresponsables que nos gusta hacer nuestras para justificar lo injustificable.

Bajarse de un tren en marcha y quedarse quieto en medio de la nada requiere valentía.Pararse es una acción como otra cualquiera.Hacer las cosas porque queremos hacerlas y no pensar siempre en los resultados cuesta mucho más que su contrario.Tenemos la desesperante manía de poner todo en manos de la esperanza.Esperar se convierte así en la cárcel de nuestros días.Esperar significa no hacer nada,resignarse y confiar en que ese monstruo llamado destino venga siempre a socorrernos o en su caso a consolarnos.La suerte no está echada.No estamos programados.La maldición que nos persigue, la tentación que nos seduce es aquello tan viejo de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.Dios no proveerá, está demasiado ocupado en sus asuntos cotidianos.

¿Qué nos queda?Dar más importancia al trayecto que al destino, aprender a estar solos, querer a cambio de nada, decir lo que pensamos aunque nos equivoquemos,conocernos a nosotros mismos,plantear preguntas sin respuesta,expulsar la bilis,aprender a decir no,querernos,tomar decisiones,respetar a los demás pero no a todas sus ideas,caminar, caernos y levantarnos,hablar de lo divino y de lo humano,ser pacientes pero perseverantes,ser valientes,recorrer caminos inexplorados,perdernos,dudar hasta de la duda,no aceptar más verdad que la nuestra,imaginar mundos posibles,perseguir la libertad por encima de todas las cosas,buscar el silencio,no ocultar los sentimientos, reir, llorar,gritar, no dar nada por inevitable, rechazar el destino,ser conscientes,enfrentarnos a nuestros miedos,no aceptar la vida como viene,crear algo de la nada y no perder nunca las ganas de conocer.Conocer es la única razón de la existencia.

Es,como puede verse, tarea digna de héroes.Como somos casi siempre cobardes hemos traspasado la heroicidad a seres imaginarios que por su inexistencia nos consuelan de nuestra imperfección.Nunca existirá un mundo perfecto pero hemos creado el concepto de perfección.No habrá jamás un mundo feliz, pero eso no nos impide perseguir la felicidad.Nunca estaremos seguros de conocer la verdad pero las ansias de conocer nos llevan de la mano por la vida.La belleza,que sólo intuímos,hace de nosotros unos creadores.Conocimiento,felicidad, belleza y verdad son absolutos,tal vez inalcanzables,no están ahí, a pesar de ello, para frustrarnos.No existen antes que nosotros.Están dentro,como dentro está el niño que fuimos y el viejo que seremos,el ser capaz de la mayor traición y de la mayor bondad.Conocer,aspirar a la felicidad,crear belleza y buscar la verdad, incluso sabiendo que nunca conoceremos del todo ni seremos completamente felices ni podremos plasmar la absoluta belleza ni llegaremos lo suficientemente cerca de la verdad, es nuestra tarea de héroes.Pedir lo imposible y vivir en su búsqueda.Este, querámoslo o no, es nuestro poético destino.Si somos sinceros, habremos de reconocer que quien más cerca ha estado de la verdad ha sido siempre la poesía.

¿Qué hago yo ahora?Es tarde, mañana madrugo, tengo aún que recoger la ropa,ordenar mi mesa y hacer la lista de la compra.¿Cómo hago que rimen las naranjas con un kilo de patatas?Respiraré una vez más en ocho tiempos,dejaré negro sobre blanco lo que he escrito y trataré mañana, con legañas en los ojos, de recordarlo.Así sea.

Empeños inútiles

El más inútil empeño que puede acometer un hombre es el de ponderar alternativas, el de intentar adivinar, y preocuparse por ello, la vida que hubiera podido haber vivido si las circunstancias no le hubieran orientado hacia un determinado futuro. Sin embargo, este es un error en el que, cuando somos víctimas de la mala suerte, casi todos incurrimos. (William Styron)

Es curioso que me haya encontrado con este texto justo en los días en que andaba yo cavilando sobre este tema.Yo no me considero desafortunado, a pesar de ello, maldigo las incontables horas perdidas tratando de imaginar que hubiera sido de mí si en vez de haber tomado una decisión hubiera tomado otra, si en lugar de haberte conocido hoy te hubiese conocido ayer, si hubiera nacido allí en vez de aquí o si hubiera dicho sí en lugar de decir no.

Lo que empieza siendo un entretenido pasatiempo acaba convirtiéndose en una obsesión. La duda y la inseguridad acaban aposentándose en nuestras vidas y toman el timón de nuestra nave sin que tan siquiera nos percatemos de ello. Errar es humano. Dudar también.Tomar decisiones con responsabilidad es, sin duda, el paso que marca el adiós a la infancia y da la bienvenida a la edad adulta. La madurez, sólo llega ,si llega alguna vez, cuando somos capaces de afrontar las consecuencias de nuestros actos y decisiones. Lo hecho, hecho está, y de nada vale perder miserablemente el tiempo imaginando otra vida posible, puesto que no la hay. Nuestras decisiones, buenas o malas, acertadas o no, son las que trazan nuestra biografía. Rectificar es de sabios. Nadie lo duda. Pero rectificar es tomar conscientemente otra opción, distinta de la anterior, incluso opuesta. Nada tiene que ver con lamentarse estérilmente con lo hecho.

Si hubiera sabido lo que iba a ocurrir no lo habría hecho. Yo tampoco. Pocas frases tan necias como ésta. El que no haya sido necio alguna vez que lance la primera piedra. La lección que debemos sacar de esto, es que tomar decisiones implica riesgos, pero estos riesgos son los que dan sal a la vida aunque a veces cometamos errores y la vida se nos haga demasiado salada. Podemos analizar hasta la extenuación los condicionantes que determinaron nuestra forma de actuar, podemos también, medir al milímetro las consecuencias que tuvieron nuestros actos. Lo que nunca podremos hacer es dar marcha atrás y cambiar el curso de los acontecimientos. En última instancia, si estamos arrepentidos sólo nos queda el consuelo de rectificar, si ya no es demasiado tarde. Lo que deberíamos desterrar de nuestra mente es la inútil perdida de tiempo en el lamento, en el si yo lo hubiera sabido, en el que habría pasado si.

Una vez más, la incapacidad de aceptar que somos responsables de nuestros actos y decisiones nos lleva a refugiarnos en casa del destino. Él es el responsable, él decidió por mí, yo no tuve otra opción. Desengáñate, sí la tuviste y estaba a tu alcance. Acepta que tú eres soberano en tu vida y lamenta sólo cuando tu conciencia te grita al oido y te recuerda constantemente lo que tú ya sabes, aunque juegues a no admitirlo:  que hubo razones oscuras y turbias que te empujaron a actuar de determinada manera. Entonces sí, laméntalo y sé sabio; rectifica, no tienes más opción. Y grábate con fuego en la frente que el destino lo escribes tú. El éxito o el fracaso de tus empresas no están marcados de antemano. La vida no hace trampas, las hacemos nosotros. La más grande de ellas, inventarnos el destino.

Jugar es bueno, nunca debemos dejar de hacerlo. Hacer trampas puede ser divertido. Ser tramposo es algo diferente.Tomarse la vida como un juego tiene el riesgo de que nos creamos que las reglas están ya escritas. Si nos gustan nos dan seguridad y nos agarramos a ellas como a un clavo ardiendo. No tenemos nada que pensar ni que decidir. Si no nos gustan no nos queda más remedio que hacer trampas, algo externo nos obliga a hacerlo. En ambos casos la misma conclusión:irresponsabilidad. Nada nos conforta más.

Ni dios, ni el destino, tal vez el azar, pero decir el azar es no decir nada, nos arrebatan la responsabilidad de nuestros actos. Por mucho que lamentemos que esto sea así, no nos queda otro remedio que aceptarlo y ser valientes, pues valentía es lo que hace falta para vivir. Los cobardes no viven, vegetan, a veces juegan y pierden, siempre pierden.