Coherencia y consecuencia

¿Cuántos principios ha de tener una persona? ¿Existe alguno inamovible? ¿Cuántos son los mínimos que nos es posible cumplir sin caer en contradicción entre lo que pensamos, decimos y hacemos? ¿Es posible ser coherente? ¿De qué sirven las ideas si no se actúa en consecuencia? ¿Existen las ideas si no las expresamos? ¿Hay libertad sin coherencia? ¿Puede ser feliz el inconsecuente?

¿Tienen cohesión mis ideas y mis actos? ¿Hay relación entre lo que digo y lo que pienso? ¿Es coherente prometer lo que no podremos cumplir? ¿De qué sirven los deseos no conectados a los actos? ¿Puede la inconsecuencia ser lógica? ¿Son compatibles subjetividad y coherencia? ¿Por qué no damos respuesta coherente a las necesidades?

¿Por qué acabamos por acostumbrarnos a los principios sin actos? ¿Dónde queda la conexión entre las ideas y los hechos? ¿Es posible la tranquilidad sin fidelidad al pensamiento? ¿Cómo compatibilizar mentira y respeto? ¿Existe autoestima sin coherencia? ¿Dónde queda la verdad sin ella? ¿Cómo concebir la honestidad incoherente?

¿Por qué siempre justificamos nuestros actos? ¿Por qué no actuamos como pensamos? ¿Por qué finalmente acabamos por pensar cómo actuamos? ¿Por qué nos gusta celebrar la contradicción en vez de maldecir la incoherencia? ¿Por qué tanto empeño en justificar los hechos y olvidar el pensamiento?

¿Respuestas? ¿Las tienes? ¿Dónde buscar coherencia sin valentía? ¿Dónde se esconden los valientes?

Una sociedad coherente es moral, una persona consecuente es ética. Un mundo coherente es, por lo menos, un lugar un poco más feliz.

¿Qué es la ética? El arte de saber vivir (bien). Sólo viven bien los coherentes. Sólo aspiran a la felicidad los valientes.

Sólo ellos  merecen auténtico respeto.

Memoria e imaginación

Lo peor de haber sido feliz es estar recordándolo constántemente. Esta es una frase que oí hace muchísimos años y que por mucho que lo intento no consigo olvidar. Echar la vista atrás es una tentación imposible de resistir. Idealizar el pasado es la evidente consecuencia. Pensar que ya nada será como fue o peor, como pudo haber sido, es la más triste de nuestras derrotas.

La memoria nos permite almacenar recuerdos. La memoria es el disco duro donde guardamos imágenes, acontecimientos, ideas y sentimientos. La diferencia con nuestros prácticos ordenadores es que la memoria humana deforma todo lo que guarda con el paso del tiempo. Nunca podemos acceder a la fuente original y por ello  nos contentamos con recrear el recuerdo que duerme codificado en la oscura cárcel de nuestra mente.  En realidad recordamos que tenemos un recuerdo guardado. El proceso de hacerlo consciente de nuevo pasa por el proceso de la descodificación. El hecho es que en ese proceso siempre mezclamos recuerdos con ficción y nuestra vida pasada, vista desde el momento presente,  ya no es vida propiamente dicha sino una autobiografía novelada que, dicho sea de paso, es la única forma de autobiografía posible.

La memoria guarda y la imaginación crea. Su  mezcla da como resultado un pasado ineludiblemente diferente al que realmente vivimos y sentimos. Incluso en el caso en que pudiéramos acceder a las entrañas de nuestro disco duro, una imagen allí guardada sería distinta vista con los ojos de ahora. Un objeto contemplado en diferentes momentos del tiempo es dos objetos diferentes. El recuerdo se alimenta de la imaginación y transforma la objetividad de un hecho en la creación de otro que tiende a adaptarse al momento en que lo hacemos consciente. Utilizamos la imaginación para perdernos en remotos lugares dormidos en nuestra memoria. Su misión verdadera no es esa sino la de crear, la de hacer realidad las cosas que imaginamos. La imaginación es casi siempre malgastada. La memoria es buena para no olvidar lo aprendido pero no para hacer de ella nuestra residencia. Perdernos por los vericuetos de la memoria equivale a no crear absolutamente nada y la vida es creación no memoria. Memoria y aprendizaje. Imaginación y creación.

Borges consideraba los libros como una extensión de la memoria y de la imaginación. Eso es la ficción. Disfrutarla es  casi una obligación  pero vivir en ella es una terrible equivocación. El proceso de creación sigue exactamente esos pasos. Utilizamos los recuerdos para recrearlos. Quien se queda anclado en los recuerdos o quien vive preso de la imaginación no es un lector sino un lunático. No una persona sino un personaje. El que, al menos, en su locura quijotesca, ya nunca puede abandonarla vivirá una vida completa y paralela. La mayoría, para su desgracia, sufre atisbos de realidad y acaba hundido en la miseria de  pensar que todo tiempo pasado fue mejor, que el amor fue aquello que sintió y que la felicidad quedó para siempre, y sospechosamente, en el pasado. Pasado que no es sino pura ficción.

Memoria e imaginación están íntimamente relacionadas. Las experiencias que hemos tenido permanecen en la memoria y esas experiencias nos ayudan a conocer nuevas cosas. Cuando nos enfrentamos a algo desconocido nos resulta complicado de entender porque carecemos de experiencias que nos ayuden a interpretarlo. La imaginación construye para nosotros imágenes basadas en los recuerdos y nos lanza una hipótesis que nos puede llevar al conocimiento. El conocimiento científico se basa en la experiencia pero plantea hipótesis porque es finalmente la imaginación la que creará las posibilidades nuevas de conocimiento. Tratar de probar que esa hipótesis es cierta es la tarea que pondrá punto final al proceso de conocer. La ciencia ficción utiliza la imaginación para convertir mundos imposibles en posibles. Viste su creación con fórmulas y ecuaciones que aparentan ser consistentes. Un científico loco no es el que trata de probar hipótesis aparentemente descabelladas sino aquel que se cree su propia ficción.

Experiencia, memoria, recuerdo e imaginación son las herramientas que utilizamos para conocer pero también para perdernos en el pasado, quedarnos allí  y defendernos con ellas del miedo que producen, inevitablemente, el presente y el futuro que nos toca crear.  El deprimido se refugia en tiempos felices, el desmemoriado nunca acaba de aprender porque todo lo que ve lo tiene por nuevo. El inexperto lo es porque carece de memoria donde buscar sus experiencias. Quien vive del recuerdo es, por definición, un viejo. No por lo que ya ha vivido sino por su incapacidad de crear nada nuevo, es decir, por su falta de imaginación.Quien no tiene imaginación acaba siempre pensando que la felicidad se quedó en el pasado y eso le condena, como ya se ha dicho, a estar recordándolo constantemente.

La buena vida

Vivimos para ser felices. Buscar nuestro propio bien es el objetivo. Eso es la ética. Descubrir que para que nosotros vivamos bien es mejor que los demás también lo hagan es una consecuencia, en teoría, lógica. Eso es la política.

La felicidad, lo mismo que la libertad, consiste en vivir de manera consecuente con lo que pensamos. ¿Quién piensa? Pocos. ¿Quién es consecuente? Menos.Esa es la cuestión.

La buena vida no consiste en alejarse de los problemas. Ellos solos nos alcanzan. Enfrentarlos, domarlos, atravesarlos. Ese es el reto. La ausencia de problemas no es sinónimo de felicidad sino de aburrimiento. Los problemas son nudos que tenemos que desatar. De otro modo acabarían ahogándonos. La huida es tentación pero nunca solución. Esa es la lección.

Vivir la vida  significa aceptarla en todos los sentidos. Pensar en dios, en la muerte, en el dolor, en la eternidad, permanecer mudos de asombro ante el espacio infinito, ante el invento del tiempo, ante lo desconocido es algo inevitable. Huir de ello es buscar consuelo en tonterías. El avestruz cuando esconde su cabeza en la tierra no busca nada, no tiene un nuevo universo ante él, se engaña a sí mismo imaginando que su amenaza no le verá al pasar  a su lado. Así, muchos hombres encierran sus vidas en la ligereza, en la presuntuosa seguridad de que nada les importa. Otros, peores, erigen dioses de barro que los colmen de riquezas y pasan sus vidas acumulando cosas y llenando su inmenso vacío de ignorancia.

Desde un punto de vista ético somos autosuficientes. Somos los únicos con los que tenemos que estar de acuerdo. Decido algo y lo hago. Aquí y ahora son elementos esenciales. En la política, sin embargo, nos vemos en la necesidad de alcanzar acuerdos. Los acuerdos llevan tiempo y cesiones. Hemos de aprender a pensar en mañana y en los otros. El futuro aparece en escena. La felicidad la queremos hoy y la queremos mañana. La felicidad no es un placer solitario. Necesitamos sentirnos felices pero no nos bastamos a nosotros mismos para ello. La felicidad deambula entre la ética y la política. La libertad es tener opción de decidir. La libertad es pensar por nosotros mismos. La libertad es necesaria en la ética y en la política. En una para sentirnos bien, en la otra para alcanzar acuerdos.

Ética, política, libertad y felicidad. Tantos siglos hablando de ellas para acabar luego comprándonos un coche. Tanta  sangre derramada en sus nombres para acabar identificando el cielo con las rebajas de Harrods.Tantas veces mencionadas en vano que ya suenan huecas, estériles. Tantas veces confundidas, tantas veces prostituidas que ya suenan a cuento chino.

La ética la imaginamos en boca de Platón y Aristóteles, la política se aborrece porque aborrecemos a los políticos, la libertad sigue dando miedo. Sólo queda la felicidad. A esta sólo la vemos en el cine.

El ser humano es cobarde. Sabe lo que tiene que hacer y no lo hace. Es libre de hacerlo pero prefiere que alguien se lo diga. Desea compartir pero sólo cuando le sobra. Quiere ser feliz pero siente una pereza inmensa de serlo.

La única diferencia entre el hombre y el avestruz son las plumas.

Lo que Heráclito no dijo

  • Los ansiosos tienen una meta: la alegría, los depresivos otra: la serenidad.
  • No hay nada que cueste más que decidir.
  • Quien medita, contempla y sólo se contempla la nada.
  • Cuando la ignorancia y la vanidad se unen siempre vence esta última.
  • La ficción,entendida como mentira, nos debe ayudar a interpretar la realidad que nos rodea,no a inventarnos la realidad que nos conviene.
  • La ambición es un arma de doble filo que siempre termina cortándonos.
  • Lo más cercano  a la felicidad es algo tan cabal como ser consecuente con uno mismo.
  • El problema de fondo es que no tratamos el fondo.
  • Lo peor de haber sido feliz es estar recordándolo  constántemente.
  • La competitividad es uno de los mayores y más peligrosos venenos que existen.
  • La muerte es la única certeza que tenemos.
  • El que pudiendo aprender no aprende es un necio.
  • Los abismos tienen sentido, no cuando caemos en ellos sino cuando conseguimos salir.
  • El pasado y el futuro no existen, son sólo conceptos que inventamos para no hablar de lo único evidente: el presente.
  • Aceptar la muerte, mirarla de frente y convivir con ella, es la única manera de ser ,en verdad,personas.
  • La vida es bella porque es breve.
  • Nuestra vida no sólo es un cúmulo de experiencias y vivencias sino que, fundamentalmente, es el camino que han ido creando nuestra decisiones.
  • La perfección, o al menos algo que se acerque a ella, suele provocar cierto rechazo.
  • El tiempo es la única cárcel de la que es imposible escapar.
  • Lo más notable que tiene el ser humano es el deseo de conocer.
  • La vida consciente, el yo, el alma, la mente, el espíritu comenzó en el momento en que alguien llamó piedra a la piedra, sol al sol y muerte a la muerte.
  • En la vida real gobiernan las disyuntivas, tenemos que escoger entre esto o lo otro. En nuestro mundo interior dominan las copulativas, queremos esto y lo otro.
  • Ni dios, ni el destino, tal vez el azar, pero decir el azar es no decir nada, nos arrebatan la responsabilidad de nuestros actos.
  • La felicidad está en el camino.
  • Una delgada línea  separa los  opuestos.
  • La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos.
  • Saber vivir es la más dificil de todas las artes.
  • Las fantasías son para tenerlas, no para vivirlas.
  • Hacer lo que nos gusta, decir lo que pensamos,sentirnos en definitiva a gusto con nosotros mismos, querernos, ser valientes y tomar decisiones es nuestra tarea si queremos vivir dignamente.
  • El uso de la violencia , aunque nos lleve a conseguir el logro que nos proponíamos, es siempre hijo de un fracaso anterior.
  • La maldición de los idiotas  es no disfrutar de las cosas a su debido tiempo.
  • El ser humano tiene una clara, tal vez innata, tendencia a preferir que los demás decidan por él.
  • Siempre sucede que tenemos más claro aquello que no sabemos  que lo contrario.
  • La existencia de verdades objetivas y universalmente aceptadas sería una buena cosa y nos facilitaría mucho la tarea, pero ,para nuestra desgracia,no existen.
  • No somos respetables por lo que pensamos sino porque pensamos.
  • El perdón, casi siempre, no es sino una versión condimentada del olvido.
  • La muerte da sentido a nuestra vida ya que la dota de tiempo.
  • Somos contradicción.
  • El terror a lo desconocido nos ha hecho crear dioses a nuestra imagen y semejanza.
  • La vida, la naturaleza carecen de valores.
  • Tener conciencia de que el tiempo pasa es tener conciencia de que existimos, de que somos y, trágicamente, de que tenemos un principio y un final.
  • En el infinito nada sucede, todo es quietud, no hay movimiento.
  • Concebimos la felicidad como un momento pleno que nunca termina. No es más que un sueño, eso nos mataría. Lo que nunca termina no existe.
  • No hay que confundir el azar con lo inexplicable.El azar es aquello que escapa de nuestro control.
  • Somos máscaras que poco a poco hemos ido tallando, que ocultan hasta el olvido la verdadera expresión de nuestra cara.
  • La actitud razonable es aquella que se plantea la posibilidad de poner todo en el aire,hacer como que lo que parece que es no lo sea, y, a partir  de ahí,ir hacia delante.
  • La duda es el motor que nos empuja.

He dicho

Un ocio distinguido

El letrero del campo de concentración de Auswitch rezaba: “el trabajo os hará libres”.Cuando Dios expulsó a Adán y a Eva del paraíso los condenó, sin embargo, a ganarse el pan con el sudor de su frente. Este castigo no parece precisamente  un dulce camino hacia la libertad.Sea dios el responsable o no, los humanos nos hemos visto desde siempre obligados a trabajar para conseguir cubrir las necesidades que hace mucho tiempo dejaron de ser básicas.El aumento de éstas crece y crece sin parar y nuestro esfuerzo por satisfacerlas no puede crecer tan deprisa.

Las palabra trabajar viene de trebejare (esforzarse), que a su vez  deriva de la palabra latina tripaliare (torturarse).

¿Cuánta gente está contenta con el trabajo que realiza?No sé la respuesta a ciencia cierta, pero me atrevería a decir que, sea la cantidad que sea, es un minoría.Los hombres pasan los días de trabajo anhelando que se terminen y que lleguen las fiestas, los descansos, las vacaciones.Sé que es un error no tratar de sacar partido de aquello que tenemos entre manos en cada momento.A pesar de eso, creo que la insatisfacción, la pereza, el aburrimiento, el cansancio son ingredientes fundamentales en la rutina diaria de buena parte de la humanidad.Esta inmensa mayoría trabaja por necesidad.No hay un ápice de entusiasmo ni de realización en las tareas y esfuerzos que llevan a cabo.

No somos tan crueles como los genocidas que escribieron en la entrada de Auswitch un mensaje tan hipócrita y despreciable, pero lo que subyace en la sociedad actual tiene un origen común.Queremos hacer creer que el trabajo es necesario, no sólo para obtener los recursos necesarios que nos permitan vivir con cierta dignidad, sino que se quiere extender la especie de que el trabajo, así tomado en genérico, es un bien en sí mismo, que  hace de nosotros seres más dignos y desarrollados. Esto es una mentira.El trabajo dignifica y el trabajo embrutece, el trabajo saca lo mejor pero también lo peor de cada uno de nosotros. Las condiciones  en las que trabaja  la mayor parte de la humanidad embrutecen más que otra cosa.

Es cierto que si miramos la evolución del trabajo desde la Revolución Industrial, la situación ha mejorado notablemente. Esto sólo sucede en los países industrializados, que, sobra decirlo, son los menos.La pregunta clave es si esta mejora se irá extendiendo por todo el planeta o si, por el contrario, las diferencias serán cada vez más grandes y las mejoras del grupo de elegidos serán posibles mientras haya un mayoría de torturados trabajando en condiciones deleznables.

Considerar el  trabajo,hoy en día, como decisión voluntaria, libre, como posibilitador del desarrollo de nuestras capacidades creativas, como fuente de colaboración y de resolución de problemas comunes, como desarrollo y realización personal no es más que un ejercicio de cinismo, de mala fe o, en el mejor de los casos, de ignorancia.Para una gran parte de trabajadores el trabajo sigue siendo una maldición,algo que en vez de unir desune,que en vez de potenciar el desarrollo personal lo paraliza.

La solución a este dilema la hemos encontrado en la sublimación del trabajo humano.Interesa a todos. A los poderosos para engañar y a los débiles para engañarse.Unos ponen, como la zanahoria delante del burro, los bienes materiales a los que nos dará acceso el trabajo. Los otros no tienen más remedio que creérselo para así poder seguir adelante soñando  con que un coche, una semana en la playa o un mueble de diseño les hará alcanzar la felicidad en la tierra.

¿ No es una insensatez creer que el trabajo que realiza la mayoría de las personas constituye la esencia de sus vidas, la fuente de su satisfacción? Lo cierto es que creer esto no es más que una forma de adaptación al medio.No queremos ser desgraciados y menos reconocerlo.La felicidad, todos decimos convencidos, no la da el dinero.El trabajo tampoco.Nos pasamos la vida, pese a todo, tratando de conseguirlos, en el mejor de los casos para comprar tiempo.En el intento se nos va la vida.Los hombres pasan un tercio de la vida durmiendo, y mucho más de un tercio trabajando.¿Qué queda después? Sólo nos queda descansar del trabajo.A eso le llamamos ocio.Decía Oscar Wilde, con sorna pero con toda la razón, que la única ocupación digna del hombre es un ocio distinguido.Las actividades de ocio a las que nos entregamos habitualmente pueden ser calificadas, en general, de muchas formas pero me temo que no precisamente como distinguidas.

Cuando es la necesidad la que nos empuja a un esfuerzo tremendo por sobrevivir, por sacar a nuestra familia adelante, por conseguir lo indispensable para llevar una vida digna, estamos hablando de víctimas. Estas víctimas tienen casi imposible alcanzar un desarrollo y una formación suficientes para lograr lo que el irlandés llamaba ocio distinguido.

Cuando es la necesidad de acumular la que nos mueve.Cuando el trabajo está al servicio del beneficio a cualquier precio y cuando olvidamos que hay otras muchas cosas más allá del trabajo, estamos hablando de insensatos.Suelen,estos, quejarse  de la falta de tiempo para disfrutar de todo lo que han logrado gracias a su esfuerzo.Además de insensatos, la palabra idiota se nos escapa de la boca.También dijo Oscar Wilde, y se puede aplicar a estos últimos, que el trabajo es el refugio de los que no tienen otra cosa  que hacer.

Es  peligroso, a fin de cuentas, hablar alegremente del trabajo, como origen de incontables bondades. Puede serlo, no cabe duda. Pero ese trabajo, ése que es libre, escogido y en el que desarrollamos nuestras capacidades y habilidades, ése en el que el esfuerzo siempre merece la pena, se les escapa de los dedos y de las ganas a la mayoría de víctimas que pueblan este planeta.

Reconocer cómo están las cosas no es lanzar una sentencia contra los seres humanos.Hay quien, eso siempre se puede,ve posibilidades de mejora en un futuro no muy lejano y, cuando contempla el pasado reciente y remoto , se congratula de vivir en un tiempo en el que se puede mirar al futuro con optimismo.Lo malo es la autosatisfacción de los afortunados y la aceptación de su destino por parte de los menos favorecidos.Ambas son caras de la misma moneda.

El trabajo nos hará libres cuando seamos nosotros quienes lo escojamos.Entonces,verdaderamente,el trabajo será un ocio distinguido.

Culpa y responsabilidad

La mejor manera de no sentirse culpable es hacer lo que nos mandan.El militar que provocó una masacre con su decisión siempre se defiende cuando es acusado con el argumento de que cumplía órdenes.Los niños y los jóvenes no son responsables de nada porque hacen lo que se les dice.Los seres humanos, en general,se escudan siempre en la obediencia debida a los padres, a los superiores, a los jefes o las propias leyes, para eliminar la pesada carga de la responsabilidad de sus endebles espaldas.La falta de  responsabilidad, así vista,nos libera de un plumazo de algo peor: la culpa.

La aspiración de todo ser humano es la felicidad. Partimos de la base de que todos queremos vivir.Para vivir tenemos que tomar las decisiones que creemos más convenientes para nosotros. Si hablamos de hábitos saludables llegar al consenso no suele ser muy difícil.Una alimentación sana,ejercicio y un descanso suficiente son, entre otras cosas ,elementos objetivamente necesarios y buenos para conservar la vida.Determinar que el exceso de grasa es perjudicial para el organismo no crea conflicto alguno.Si lo sabemos y la consumimos somos absolutamente responsables de las consecuencias.Nada nos puede salvar de la culpa que acarrearía la irresponsabilidad de querernos mantener sanos y vivir  y tomar decisiones, no erróneas, sino culpables.

En otro órden de cosas, tratar de dirimir lo que es objetivamente bueno y malo para todos es harto difícil. Lo que me conviene a mí puede perfectamentre no convenir a otro.Para solucionar esto nos vendrían muy bien  los diez mandamientos.Para eso se inventaron.Si tuviéramos algo objetivo e incontestable que nos quitase la responsabilidad de escoger y de decidir, todo sería más cómodo. Esa panacea no existe.El paso que hemos dado es pasar de la palabra de dios a las palabras de los hombres.De la orden al consenso. De lo subjetivo a lo colectivo.

Uno se siente culpable cuando no actúa siguiendo su conciencia.La sociedad considera culpable al que no cumple con la norma.Uno actúa responsablemente cuando cumple con su deber. Es, de la misma forma irresponsable,cuando hace dejación de sus, valga la redundancia, responsabilidades.Se puede, por tanto, ser culpable ante los ojos del mundo pero no serlo para uno mismo.

La culpabilidad tiene un componente más ético.Cada uno sabe cuando ha actuado siguiendo su conciencia y cuando no.La responsabilidad, sin embargo, tiene más que ver con el compromiso adquirido y con la capacidad misma de adquirirlo.Por eso el nazi se declara irresponsable. Ha cumplido órdenes.La relación entre responsabilidad y culpabilidad no es directa.Se puede ser irresponsable pero culpable. El niño no responde por sus actos pero eso no le exime de la culpabilidad.La sanción la pagarán sus padres, se hacen responsables de los hecho por su hijo, pero no son culpables de la tropelía que su vástago cometió.El niño pega un puñetazo y rompe las gafas de su compañero de clase. El padre las paga. El niño es culpable, el padre responsable.

Cuando nos sentimos culpables pensamos mal de nosotros mismos.Nos sentimos mal.Sin que podamos evitarlo surge dentro nosotros ese sentimiento. Cuando hemos sido irresponsables, cuando no hemos acatado una orden podemos ser culpables para los demás pero sabernos inocentes por completo.

La civilización occidental está traspasada por los valores judeo-cristianos y en ellos  la culpa juega un papel determinante.El pecado original nos obliga a sentirnos culpables desde el momento en que nacemos.La vida consiste en redimir esa culpa y alcanzar gracias a ello el premio de la vida eterna.El valle de lágrimas es el único escenario posible donde esta vida culpable es posible.La muerte de dios, la reafirmación del hombre,tal como Nietzsche nos quiso decir,es la necesaria condición para transformar ese mundo culpable y negativo en otro donde el ser humano se afirme  y consiga cambiar de valores. Esto no nos lleva a un mundo feliz donde hacemos lo que queremos al no estar bajo el mandato divino.La vida sigue siendo trágica en el sentido de que la lucha por la superación y el logro de la libertad así lo son y así lo serán siempre.

La capacidad de elección es la que nos dota de responsabilidad.Somos, por ello, responsables de nuestras decisiones pero no culpables de sus consecuencias o al menos no siempre.Caben ejemplos en todos los sentidos. Cuando yo decido libremente actuar de determinada manera soy responsable de mi decisión.Ante eso sí debo y puedo responder.Si mi decisión ha ocasionado un mal a otro, puedo o no sentirme culpable.Yo hice lo que creía conveniente para mí.La responsabilidad es de aquel que decide, la culpabilidad es de quien la siente.

La conciencia es la que determina la culpabilidad. Si yo decido conducir a 2oo kilómetros por hora y atropello a alguien soy culpable.Cuando una persona hace eso y no se siente culpable del daño causado lo consideramos enfermo o loco. Tratamos de quitarle la responsabilidad de sus actos.La persona que exhibe un collar de diamantes no es culpable de que se lo roben.El que roba para comer es responsable de sus actos pero puede perfectamente no sentirse culpable.

Culpabilidad y responsabilidad,en definitiva, son dos conceptos que se entreruzan.A veces es sencillo deslindarlos, otras, al contrario parece que son consecuencia una de la otra.Una, la culpa,requiere conciencia y sentimiento.Es algo interno, no se puede imponer y nada podemos hacer para evitarla. La otra, la responsabilidad, tiene más que ver con el compromiso y la obligación y podemos vernos sometidos a ella independientemente de nuestra voluntad.

Los jueces se empeñan en dilucidar si el acusado es culpable o inocente. Eso es imposible. Suficiente trabajo tendrían con declararnos responsables o irresponsables.

Tan complicado es este asunto, tan trágico es vivir con él a cuestas que en demasiadas ocasiones nos refugiamos en la obediencia ciega,en el dios que todo lo sabe, en las leyes intocables para no ser valientes. El animal cuando lucha por conseguir comida no es valiente, cuando cuida de sus crías no es responsable y cuando entrega su cuello al más fuerte no es cobarde. El hombre, en cambio, cuando toma una decisión que le conviene, es valiente, cuando cumple con lo que considera su deber, es responsable y cuando no es capaz de decidir u obedece porque se lo mandan no es más que un simple cobarde.

¿Qué se puede hacer cuando es posible lo uno y su contrarrio? Cualquier combinación entre culpabilidad y responsabildad y sus contrarios es posible.

¿No es suficiente tragedia?

Duración y tiempo

Todo lo queremos medir. No paramos de inventar magnitudes que nos permitan cuantificar y explicar lo que sucede. Hemos recorrido 20 kilómetros, han pasado dos horas, estamos a 26 grados, el producto interior bruto es de 160 billones de euros. Así hasta el infinito. Estas magnitudes nos permiten transmitir información. En el mejor de los casos ayudan a comunicarnos. No siempre, ya que la barrera entre lo objetivo y subjetivo es muchas veces infranqueable.

El concepto que ha determinado el desarrollo humano, el que más empeñados estamos en medir y cuantificar es el concepto de tiempo. Con él surge la duración y con ella la conciencia.

Es imposible comprender el tiempo. La idea de algo que nunca empezó y nunca terminará escapa a nuestras pobres entendederas. A pesar de ello hemos imaginado el tiempo como una línea infinita que no tiene principio ni fin. En otra versión, para tratar de agarrar con las manos lo que se nos escapa, hemos abandonado la línea recta y la hemos transformado en un círculo. Pensamos así que no hay principio ni final, que todo vuelve a suceder. La idea del círculo es cerrada, todo vuelve a empezar. Es el mito del eterno retorno. Un círculo es cerrado, todo es principio y fin. Tiempo lineal o tiempo circular. Lo acabo de expresar. ¿Alguien lo entiende?

Tener conciencia de que el tiempo pasa es tener conciencia de que existimos, de que somos y, trágicamente, de que tenemos un principio y un final. Bergson se negaba a aceptar el tiempo como una recta que viene desde el infinito y va hacia el infinito. Si esto fuera así ya todo habría sucedido. Si algo nunca empezó, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

La conclusión lógica es que es un error plantearse el tiempo espacialmente. El tiempo no es ni línea recta ni es un círculo. Todo lo más es una percepción de que las cosas ocurren, de que los objetos se mueven. Bergson por eso no habla de tiempo sino de duración. Quien no tiene la capacidad de captar la duración de los fenómenos no puede tener conciencia. La conciencia existe gracias a la duración. La conciencia surge en el momento en el que percibimos que nuestra vida tiene un principio y un final. Nacer y morir, una vez más, se muestran como elementos indisociables de la conciencia. Somos porque nuestra vida dura.

Infinito y eternidad, espacio y tiempo. En ellos nos movemos pero siguen siendo conceptos oscuros, inabordables, inabarcables. Para tratar de comunicarnos los reducimos a magnitudes primarias que nos permiten atravesar el día a día. Horas, minutos, días y años. Hablamos de ayer y de mañana. Son simples trucos con los que apañamos la posibilidad de ser conscientes.

Lo único sensato es reconocer que el tiempo se nos escapa. Lo real, lo que dota de sentido a lo que que hacemos es que dura. Dios,en su infinitud, no comienza y no termina. No puede, por tanto describirse como consciencia. La vida eterna, no nos engañemos, no es más que un infinito instante sin tiempo, sin duración. En ella seríamos como piedras inconscientes.

Quien contempla esta vida, la que conocemos, la que tiene duración, como dolor y como valle de lágrimas sueña con esa eternidad, en la que seremos todo, en la que todo es simultáneo. Parece no saber que en esa vida no habrá conciencia. El yo dura. En la eternidad el yo se disuelve en la nada..

En la línea infinita no somos. Intuimos nuestra existencia porque duramos.

El tiempo no es más que una entelequia, algo de lo que no podemos decir nada. Nos hemos de conformar con el puro devenir, con el principio y fin. Con esto no dotamos de sentido a nuestras vidas, simplemente nos permite saber que estamos vivos.

¿Por qué somos capaces de concebir cosas que no podemos entender?

El tiempo pasa. ¿Qué significa esta afirmación? Nada. Nacemos y morimos. A partir de ahí nos empeñamos en buscar sentido. Noble intento.

En un tiempo y espacio infinitos, ¿qué rayos pinta el sentido? Sin pasado, presente ni futuro ¿existe el momento presente?

En el infinito nada sucede, todo es quietud, no hay movimiento.

Cuando nos despertamos por la mañana, existimos porque somos conscientes de que ya no es ayer. Siempre es hoy, siempre es ahora. Mientras dure.

Concebimos la felicidad como un momento pleno que nunca termina. No es más que un sueño, eso nos mataría. Lo que nunca termina no existe.

Inadaptados

Estaba yo sentado a la sombra de un árbol viendo a J. jugar con sus amigos. He  echado un vistazo al entorno y he analizado a los individuos que lo poblaban.Algunos parecían encontrarse como pez en el agua, adaptados al medio.Otros, al contrario, mostraban bien a las claras sentirse  fuera de sitio, situación o contexto.De ser ese el único universo posible no haría falta ser Darwin para saber a ciencia cierta quiénes serían los supervivientes y quiénes serían siglos después estudiados como especie extinguida.La adpatación posibilita la supervivencia de los individuos.Quién lo consigue sobrevive.Cuando las condiciones no se alteran, todo permanece inmutable.Nada cambia.Las hormigas eran hormigas  y se comportaban igual que ahora desde la noche de los tiempos. Los humanos, por contra, somos como funambulistas caminando siempre al borde del abismo. Nos adaptamos, pero a medias.Vivimos constantemente luchando por ser parte del medio y por cambiarlo a nuestro antojo, por conservar y destruir al mismo tiempo.Esta esqizofrenia nos hace comportarnos de forma imprevisible y casi siempre en contra de toda lógica.La paradoja del desarrollo humano es que éste proviene de nuestra negativa a adaptarnos, a aceptar lo que una hormiga acepta sin pestañear y sin consciencia.Como pasaba el tiempo, J. no se cansaba de jugar y yo empezaba a no adaptarme he imaginado situaciones y comportamientos que apoyaran la hipótesis que quería demostrar: la contradicción, la no adaptación e incluso los comportamientos negativos y autodestructivos en apariencia colaboran en el desarrollo de nuestra especie.Hay muchos ejemplos posibles.Hoy, a mí, en una soleada tarde de parque, entre niños y ruido, se me han ocurrido tres.Habrá más.Así lo espero.

Pagar por adelantado

Es propio de quien no se ha adaptado adecuadamente a esto de vivir el agobiarse con antelación, sentir la angustia que nos apresa de antemano y que anida en nuestro estómago.No importa saberse capaz de llevar a buen puerto la tarea que se nos presenta como un reto. De nada vale que la cabeza nos diga y nos muestre lo inútil de nuestra preocupación extemporánea.Tampoco la experiencia acumulada nos ayuda. Sabemos que otras veces nos ocurrió lo mismo y que el insomnio y la úlcera de estómago fueron absolutamente inútiles. Una y otra vez tropezamos con la misma piedra.Esta piedra, más bien roca, compuesta de agobio y angustia a partes iguales, nos impide disfrutar del tiempo que media entre la pre-ocupación y la ocupación misma. Cuando el día D y la hora H llegan, el fantasma del miedo desaparece casi siempre y el resultado de nuestros actos no merecía casi nunca los desvelos con los que nos habíamos torturado.

Cuarenta y tantos

Habiendo pasado ya de la cuarentena, uno tiende a pensar,erróneamente, que nada nuevo queda bajo el sol.Comienza a resultarnos distante la nueva generación que asoma tras nuestros pasos. Miramos atrás y nos cuesta encontrar cosas interesantes, nuevas propuestas que nos atraigan. Nos sentimos en casa refugiados en nuestros asuntos.Creemos hablar un idioma diferente y vemos a los recien llegados como vulgares aspirantes.

Todo esto, no deja de ser una postura demasiado cómoda, un refugio del que no queremos salir por pereza y por soberbia. Nos cuesta mucho admitir que una idea, una canción, una película o un libro escrito por alguien más joven que nosotros pueda merecer nuestra atención.

Tener los ojos abiertos, siempre y en todo momento, es una actitud de personas inteligentes. No perder la curiosidad es no sólo un derecho sino una obligación de quien quiera considerarse verdaderamente humano.

Creación y sufrimiento

¿Está relacionada la creación con el sufrimiento? Parece ser, a las pruebas históricas me remito, que muchos de los grandes artistas cosechan sus obras después de haber sembrado sufrimiento. Voy más lejos. No es que tras el dolor surjan mejores obras, es que es el dolor quien parece provocar su nacimiento.Quien se siente feliz no siente necesidad de crear nada. En momentos de plenitud no echamos en falta cosa alguna y la propia vida satisface nuestras necesidades.No hay lugar, por tanto, para lamentar aquello que  no tenemos y que deseamos. Cuando, al tiempo, algo nos es arrebatado,sea la paz, el amor o la calma, comienza a dolernos el alma y tratamos de expresar y de explicar lo que nos pasa. Queremos entonces explicarnos, desahogarnos y ser oidos.Anhelamos dejar una huella en el tiempo. No importa que nos dirijamos a todos, a alguien o a nosotros mismos. Queremos conjurar la ausencia, llenándola de palabras, trazos, música, imágenes o pensamientos desbordados. La obra de arte es, en esos casos, un grito que quiere ser oido. No queremos morir, queremos recuperar lo perdido o conseguir lo ansiado.No nos basta casi nunca lamernos la herida como un perro.Igual que los suicidas que al anunciar su propia muerte  desean en el fondo evitarla, el artista sufriente se expresa para ser escuchado, no olvidado.El suicida verdadero se suicida, no pierde el tiempo avisando.El desesperado auténtico, está vacío de deseo. El artista crea porque, en el fondo, está asido a la esperanza de volver a sentirse lleno.

De forma paralela, en nuestra vida cotidiana,tendemos más a hablar de aquello que no nos gusta. La crítica es más rápida que la alabanza. Nos motiva más el descontento que la alegría.Estar contento paraliza la espada del pensamiento. Las palabras fluyen más rápido cuando atacamos, nos sentimos heridos y nos defendemos. Sería idóneo y deseable ser agradecido y cantar las alabanzas, pero nos guste o no acaba siendo cansino y hasta empalagoso.

Tarea de héroes

La vida nos suele condenar a un ajetreo muchas veces no deseado.Pasamos las horas y los días ocupados en mil quehaceres que nos alejan  de nosotros  mismos.Frecuentemente nos lamentamos de no disponer de tiempo para nosotros.La intendencia de nuestras rutinas o el miedo a enfrentarnos a nuestros miedos hacen que nos ocupemos de asuntos que en absoluto nos interesan.Cuando es la necesidad la que nos obliga a ello no hay más remedio que respirar en ocho tiempos y tirar para adelante.Cuando, sin embargo,somos nosotros los causantes de este desvarío, no hay excusa que valga.El más inexperto de los jueces nos declararía, sin titubear, culpables de desidia.Los argumentos que esgrimamos en nuestra defensa se convertirán en agravantes que harán más dura la condena.Nos produce terror,por falta de valor y entrenamiento,quedarnos solos y sin prisas, hacer balance de nuestras vidas y contestar sin ambages las preguntas que viven en nosotros ocultas tras artificiales preocupaciones cotidianas.Detenerse y pensar, tomar decisiones sin anteojeras se convierte en árdua tarea que abandonamos con la excusa de pensarlo más detenidamente y dejarlo para mejor ocasión.Procrastinar, ese palabro, es nuestro deporte preferido, la tentación más atractiva en la que caen, caemos, todos los indecisos que en el mundo han sido.Nos refugiamos de nuevo en cuentas, crucigramas,fines de semana,recetas de cocina,ascensos laborales, incrementos salariales, programas de televisión y amigos que nos dicen aquello que deseamos escuchar.Hemos interiorizado ideas que convienen a nuestro cobarde proceder.La soledad es mala consejera, no es bueno pensar tanto,la vida son dos días, a mí que me quiten lo bailao son unas cuantas de la larga lista de  mentiras irresponsables que nos gusta hacer nuestras para justificar lo injustificable.

Bajarse de un tren en marcha y quedarse quieto en medio de la nada requiere valentía.Pararse es una acción como otra cualquiera.Hacer las cosas porque queremos hacerlas y no pensar siempre en los resultados cuesta mucho más que su contrario.Tenemos la desesperante manía de poner todo en manos de la esperanza.Esperar se convierte así en la cárcel de nuestros días.Esperar significa no hacer nada,resignarse y confiar en que ese monstruo llamado destino venga siempre a socorrernos o en su caso a consolarnos.La suerte no está echada.No estamos programados.La maldición que nos persigue, la tentación que nos seduce es aquello tan viejo de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.Dios no proveerá, está demasiado ocupado en sus asuntos cotidianos.

¿Qué nos queda?Dar más importancia al trayecto que al destino, aprender a estar solos, querer a cambio de nada, decir lo que pensamos aunque nos equivoquemos,conocernos a nosotros mismos,plantear preguntas sin respuesta,expulsar la bilis,aprender a decir no,querernos,tomar decisiones,respetar a los demás pero no a todas sus ideas,caminar, caernos y levantarnos,hablar de lo divino y de lo humano,ser pacientes pero perseverantes,ser valientes,recorrer caminos inexplorados,perdernos,dudar hasta de la duda,no aceptar más verdad que la nuestra,imaginar mundos posibles,perseguir la libertad por encima de todas las cosas,buscar el silencio,no ocultar los sentimientos, reir, llorar,gritar, no dar nada por inevitable, rechazar el destino,ser conscientes,enfrentarnos a nuestros miedos,no aceptar la vida como viene,crear algo de la nada y no perder nunca las ganas de conocer.Conocer es la única razón de la existencia.

Es,como puede verse, tarea digna de héroes.Como somos casi siempre cobardes hemos traspasado la heroicidad a seres imaginarios que por su inexistencia nos consuelan de nuestra imperfección.Nunca existirá un mundo perfecto pero hemos creado el concepto de perfección.No habrá jamás un mundo feliz, pero eso no nos impide perseguir la felicidad.Nunca estaremos seguros de conocer la verdad pero las ansias de conocer nos llevan de la mano por la vida.La belleza,que sólo intuímos,hace de nosotros unos creadores.Conocimiento,felicidad, belleza y verdad son absolutos,tal vez inalcanzables,no están ahí, a pesar de ello, para frustrarnos.No existen antes que nosotros.Están dentro,como dentro está el niño que fuimos y el viejo que seremos,el ser capaz de la mayor traición y de la mayor bondad.Conocer,aspirar a la felicidad,crear belleza y buscar la verdad, incluso sabiendo que nunca conoceremos del todo ni seremos completamente felices ni podremos plasmar la absoluta belleza ni llegaremos lo suficientemente cerca de la verdad, es nuestra tarea de héroes.Pedir lo imposible y vivir en su búsqueda.Este, querámoslo o no, es nuestro poético destino.Si somos sinceros, habremos de reconocer que quien más cerca ha estado de la verdad ha sido siempre la poesía.

¿Qué hago yo ahora?Es tarde, mañana madrugo, tengo aún que recoger la ropa,ordenar mi mesa y hacer la lista de la compra.¿Cómo hago que rimen las naranjas con un kilo de patatas?Respiraré una vez más en ocho tiempos,dejaré negro sobre blanco lo que he escrito y trataré mañana, con legañas en los ojos, de recordarlo.Así sea.

Acuerdos y desacuerdos

La realidad la percibimos a través de los sentidos. Los sentidos no son objetivos. Conclusión: no podemos percibir la realidad objetivamente sino subjetivamente. El asunto se complica al darnos cuenta de que no somos los únicos que percibimos la realidad. Cada uno lo hacemos subjetivamente pero al final mi percepción se ve afectada por la que otros tienen y acabamos aceptando como real aquello en lo que diversas subjetividades coinciden. Esa coincidencia es el acuerdo al que llegamos y que permite que todos tengamos un similar concepto de realidad. Salta a la vista que esto puede facilitar la comunicación, pero es claro también que la realidad que se describe de esta manera es una realidad artificial.
El instrumento más importante que utilizamos para describir lo que nos rodea es el lenguaje. El lenguaje se sirve de símbolos que tratan de dar una idea cabal de aquello que expresan. Otra vez nos encontramos con la comunicación como único medio posible de llegar a un acuerdo sobre la descripción de los fenómenos que nos rodean.
Si lo dicho hasta aquí es así, los problemas que se plantean no tienen fácil solución: ¿es posible, entonces, un conocimiento verdadero y objetivo de lo que  hay en el mundo natural? ¿Tenemos que contentarnos con ese acuerdo intersubjetivo que permite que nos entendamos y comuniquemos? ¿Hemos de aceptar, por tanto, que el acuerdo al que hemos llegado hoy, puede variar en el futuro? ¿Es la realidad cambiante según los símbolos que se utilicen para percibirla?…
Los seres humanos vivimos en el tiempo. Este es otro concepto acordado por los hombres para poder entender nuestra existencia. No podemos concebir la realidad fuera del tiempo. Si éste no existe y la realidad natural no podemos conocerla, ¿qué nos queda?.
Los caminos seguidos a lo largo del tiempo han sido fundamentalmente dos:ciencia y religión. La segunda es sabido que ha optado por revelaciones y dogmas que no son alcanzables por medio de la razón sino por el de la fe. La primera se ha afanado en basar la descripción del mundo apoyándose en la lógica y la razón. Si somos estrictos tampoco la ciencia garantiza el real conocimiento pues no puede evadirse de las percepciones, que por definición son subjetivas. Incluso en el mundo de la ciencia hace falta acuerdos para dar algo como válido. Nunca salimos del atolladero. Parece que existe algo real más allá de nuestra percepción y del tiempo que nunca podremos conocer pues los instrumentos que utilizamos para ello se sitúan en el tiempo y son necesariamente subjetivos. Curiosa especie la nuestra , que a pesar de todo, sigue empeñándose en alcanzar lo inalcanzable. Esta peculiaridad de la que hablamos es la  que nos ha ido alejando del mundo natural y nos ha adentrado en el mundo simbólico. Este último, por contra, nos ha llevado a intentar conocer la realidad. Los que permanecen inmersos en el mundo natural no son conscientes de ello y no sienten necesidad de conocer. No evolucionan. La especie que gracias al símbolo, lenguaje y pensamiento fue capaz de ser consciente de su existencia no puede por contra alcanzar el verdadero conocimiento. Sólo queda ante nosotros la posibilidad de describir la realidad social. Esa es la que constantemente tratamos de conocer y para ello sólo ha sido posible basarse en los acuerdos.
En este campo ninguno de los acuerdos a los que se han llegado puede ser tenido por definitivo, inclusive en la ciencia. La historia nos demuestra a las claras esto. Todo lo que en un momento dado fue considerado como cierto se ha desmoronado después con otro acuerdo por mucho que se haya querido disfrazar de verdad objetiva y perenne. Parece, así, que todo es relativo. ¿Tiene esto demasiada importancia? Depende de cuál sea nuestro objetivo. Si lo que queremos es lograr una descripción objetiva y fuera del tiempo del mundo natural, lo tenemos bastante complicado. Por el contrario, si lo que buscamos es asentar una realidad social en la que lo simbólico tenga  vida propia y nos permita el desarrollo de las capacidades humanas encaminadas a lograr un acuerdo en el que conceptos como libertad y justicia sean aceptados como la única base posible en la que pueda descansar nuestra existencia, lo relativo de nuestros conocimientos del mundo natural pasaría a estar en un segundo plano.

El ser humano ha alterado el orden natural de las cosas, queriendo o sin querer, ésta ha sido su gran proeza.Una civilización que sitúa a la libertad por encima de la felicidad, que no abandona nunca el ansia de conocimiento, sabiendo incluso lo iluso de su tarea, que considera la voluntad individual como indispensable para conseguir acuerdos y que es capaz de crear los instrumentos necesarios para lograr que se de la comunicación es, vista así, sin bajar a lo particular, algo grande. La experiencia acumulada nos demuestra que hemos de abandonar vanas seguridades  y lanzarnos en pos de un mundo en el que aquél que piense diferente no sea tachado de loco. Lo mismo que hemos de aceptar que los conocimientos del mundo natural no son objetivos pero a pesar de ello aceptamos el método científico como medio de mejorar nuestra comprensión del entorno, hemos también de basar nuestra mejora y conocimiento de la realidad social en los acuerdos, aceptando que la comunicación sólo se da cuando hay libertad. La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos. Lo debemos hacer gustosamente.