El camino del corazón

He tardado mucho tiempo en encontrar un lugar en el mundo, pero hace unos años al fin ocurrió.Yo nací en una ciudad con mar,el cielo gris y rodeada de verdes montañas. Toda mi vida la pasé allí.Sin embargo yo no encontraba mi sitio.El mar impone, el gris entristece y el verde acabó por cansarme.Algo por dentro  me hacía buscar otro lugar.Poco a poco descubrí que los valles me angustiaban,que las montañas eran obstáculos y que la falta de luz no me dejaba ver el mundo a mi alrededor.Cada vez que abandonaba el verde y el gris, y el paisaje se transfomaba en amarillo infinito yo sentía que volvía a nacer.Andar por senderos de tierra, rodeado de trigo y sin más horizonte que el horizonte me hacía sentir bien.Un día la descubrí.El azar me llevó hasta alli, pero al instante supe que la había encontrado.Una casa,que hermosa palabra,rodeada de azul y dorado sin más trabas que árboles frutales y tal vez dos nubes, no más.Silencio,campanas de pueblo y olor a trigo segado.Sol,luz y un inmenso mar de cereal.Mi lugar en el mundo pensé.Yo lo sentí como una iluminación.Eso es saber,las dudas desaparecen y la certeza se instala dentro de uno para siempre.No hay que preguntarse por qué.Es bonito sentirse seguro.En esos momentos uno no duda, el camino del corazón es el único que al final siempre tiene razón.

Yo no vivo allí,pero el lugar y la casa permanecen.El tiempo se detiene cuando la puerta se cierra, y cada vez que vuelvo,el trigo, las cerezas,las ciruelas y las almendras se dejan caer.Las miro, las cojo, las toco y siento la paz que tanto busqué.Es duro marcharse de allí, pero uno se impregna del aire,del sol y de ese olor a sarmiento que viven conmigo mientras el tiempo está detenido.Aunque esté lejos, ya no importa,ese lugar permanece dentro de mí y sé que el camino del corazón me llevará hasta allí cuando en los días plomizos cierre los ojos para no ver.

La luna y el sol

Hay dos tipos de personas: ansiosas y depresivas. Las primeras se van marchitando según acaba el día. La falta de luz les hace sentir fuera de sitio y sólo quieren refugiarse y dormir. Por la mañana, sin embargo, se levantan optimistas y ven todo color de rosa. Los depresivos, al contrario, tienen su peor momento al comienzo del día. No se les puede hablar, todo lo ven negro como el carbón. Aunque sepan que esa sensación se repite día tras día y que se les pasará en dos o tres horas, no pueden evitar que esto les suceda a diario. A medida que llega la noche se sienten renacer y aunque el día haya sido duro, el sueño desaparece y llega su momento de claridad. Se encuentran bien. En ese momento de aislamiento y concentración, de soledad tal vez, llevan a cabo sus mejores obras y sus pensamientos fluyen con frescura y seguridad.

Un ansioso no puede tomar decisiones a la luz de la luna y un depresivo se sentirá incapaz de tener iniciativas al amanecer.

Los ansiosos tienen unas meta: la alegría. Los depresivos otra: la serenidad.

collage11.jpg  collage14.jpg

http://jusamawi.deviantart.com