Yo, me, mí, conmigo

Cada vez me apetece menos escribir sobre las cosas que pasan. Lo que no sucede es mucho más interesante. Mi vida pasa según la vivo y lo que queda es aquello que no cuento, que sólo yo y yo sabemos. Somos dos en uno. Uno que habla, que camina, que se relaciona, come y duerme. Cada vez menos pero duerme. Al otro no se le oye. Está demasiado adentro. Nadie lo ve, nadie lo siente excepto yo. Creo que la locura es desconectarse de ese otro yo que nos habita. Como nunca hablo de él, no sé si los demás lo sienten. Veo mis manos, toco mis manos, cierro los ojos, siento unas veces dolor y otras alegría. Disfruto y padezco. Siento. El tiempo pasa cuando siento. Agazapado pero siempre atento estoy yo dentro. Cuando estoy solo, aparezco. No aparezco, surjo. Entonces hablo en silencio y no puedo callar. Veo con más verdad y soy sincero, no por virtud sino por necesidad. No existe opción. No escojo, no decido. La verdad se manifiesta. Blanca o negra, gris o roja pero entera. Cierta. Las palabras nacen sin esfuerzo. No las digo, las pienso. No las puedo retener. Se pronuncian solas. Salen de mi pero no son mías, no al menos propiedad. Son palabras que no hacen ruido. Mi yo externo habla, el otro, el que vive dentro, escucha. Lo externo ocurre, provoca reacciones en cadena y cada vuelta a la esquina cambia la historia del mundo. La isla en la que vivo cuando estoy solo y en silencio no ocupa espacio y no sé si tiempo. Allí dentro no existen los puntos y aparte. No soy allí más yo pero no existe el engaño. Sé con claridad lo que pienso. La mentira no tiene espacio. Eso debería ser suficiente. Es imposible engañar o engañarse. Hacerlo sería cosa de locos o necios. Sabes sin duda ninguna algo tan sencillo como que si eres bueno o eres malo. No hay excusas que puedan vestir de duda la respuesta. No hay ruido que distraiga, ni prisa que nos aleje de la certeza. No hablo de la conciencia. En absoluto. Hablo sin duda de mí. No de una reflexión sobre mi comportamiento. Hablo de algo real, más incluso que la imagen que de mí tiene el mundo. El mundo sí está lleno de vericuetos, de ruidos y de trampas. El mundo necesita ser consciente para verse. Por dentro todo está oscuro. No importa. La luz no es necesaria. Veo incluso mejor con los ojos cerrados. No hablo de sueños. En absoluto. Hablo simplemente de mí. De ese que nunca cuento. De ese que soy yo. Yo, yo, yo. El que existe aunque nada pase, aunque nadie hable, aunque nadie escuche. Si no miro por la ventana no sé si está allí lo que antes estaba. Cuando me miro adentro no veo, no miro, no hablo ni escucho. No me muevo. Soy. Simplemente soy y nada puedo hacer por evitarlo. Soy y además soy transparente. Ni conciencia ni sueño, ni verdad ni mentira. Ni tiempo ni espacio. Sólo yo en una isla desierta.

Yo quisiera

Yo quisiera ser trompetista de jazz y tocar en locales llenos de humo. Quisiera abrir los ojos, entonces, y ver pequeñas mesas redondas, lámparas que apenas iluminan y unos ojos que me miran interrogantes.

Yo quisiera ser fotógrafo de cuadros de Hopper. Detenerme entre sus gentes quietas y sentarme a la luz de sus ventanas. Quisiera ver el sol que salió de sus pinceles.

Yo quisiera escribir por las noches, cuando todos duermen y se respira silencio. Liberar palabras de su cárcel de grafito y verlas adquirir sentido. Nombrar con ellas lo innombrable y tenerlas ante mí recién nacidas.

Yo quisiera vivir lejos del mar, pisar la tierra caliente y olvidar el monótono ruido de las olas. Ver el campo desde mi ventana, recorrer caminos y sentarme a la sombra del único árbol.

Yo quisiera leer una novela interminable, dejarme llevar por la vida de los otros. Verlos, conocerlos y amarlos. Cerrar el libro cada noche y saber que allí me esperan, dormidos, hasta que mi mano traiga a sus vidas un nuevo día.

Yo quisiera construir mi propia casa. Pintarla de blanco y contemplarla desnuda de todo recuerdo. Pisar descalzo la madera de su suelo y, poco  a poco, vaciar las cajas llenas de mi vida.

Yo quisiera vivir en una inmensa ciudad que a nadie conoce. Recorrer una tras otra todas sus calles. Mirar, oler, ver sin ser visto y perderme entre infinitos colores.

Yo quisiera escapar de la sombra que me ata y me persigue y, como Peter Pan, vivir sin ella, sin ese recuerdo constante que me dice que estoy aquí, que estoy ahora.

Yo quisiera ser yo con todas las consecuencias. Ser yo por la mañana, ser yo por la tarde y por las noches estar solo sin estarlo.

Yo quisiera  tocar la trompeta delicadamente ante un cuadro de Hopper en una noche oscura. Mirar después por la ventana los caminos quietos, las calles llenas de luz y movimiento.

Yo quisiera estar en mi casa blanca buscando entre los libros el libro de mi vida y escribirlo lentamente en un tiempo sin prisas.

El hombre que subió al tren

Dadas estas seis palabras, se trata de escribir una historia con la condición de no empezar de nuevo jamás.Lo mismo que la vida empieza y no para, las palabras dichas permanecen.Podremos luego decir otras pero nunca borrar las ya pronunciadas.El hombre subió al tren.Eso no lo podemos cambiar.viatren2

El hombre que subió al tren no quería saber nada.Recorrió el pasillo lentamente y ocupó el primer asiento vacio.Permaneció cabizbajo hasta que el tren se puso en marcha, entonces levantó la vista y miró por la ventana.Sabía que era la última vez que vería esos árboles,esa tierra húmeda y el infinito gris que todo lo envolvía.No sintió nada.Ni pena ni alegría, ni ansiedad ni nostalgia.Eso le gustaba.La falta de sentimientos le proporcionaba la calma que necesitaba.Poco a poco fue sabiendo dónde estaba.La decisión había sido tomada.Sacó un cuaderno de su bolso de viaje.Lo abrió y pasó una a una sus hojas en blanco.Ese gesto  repetido le tranquilizaba.Tomó un lápiz en su mano,pensó por un instante y comenzó a escribir de forma pausada:Yo era yo hasta ayer, pero ya no quiero serlo.Creo que tengo derecho.Escribo estas líneas a quien corresponda para hacer constar que no quiero ser buscado y menos encontrado.No me escapo, nada malo he hecho.Ninguna obligación me retiene.Tan sólo quiero ser yo.Yo nunca escogí ser lo que fui.Pero he decidido dejar de serlo.Todo lo que viví me es ajeno.Voy a empezar desde cero.Reivindico el derecho de crearme, de  ser yo mismo, el que sin infancia escoja el camino,el que sin escuela aprenda por sí mismo,el que sin ayer invente su mañana.Quiero ser un hombre despojado de recuerdos.Necesito conocer la vida por mí mismo.

Tan absorto estaba en sus palabras que no escuchó la voz del revisor que le reclamaba el billete.Cerró el cuaderno.Buscó en su bolsillo y extendió el papel al hombre que de pie junto a él esperaba.Otra vez solo y en silencio, observó a la gente que lo rodeaba.No conocía a nadie.Podía ser quien quisiera.Podía incluso entablar conversación con otro pasajero y  reinventarse. Llamarse Andrés, vivir en Londres y ser astrofísico.Estar casado y tener dos hijos que ansiosos esperan su vuelta.Ha venido a un congreso.Estará sólo unos días y luego volverá a Inglaterra.También sus ideas pueden ser diferentes, y sus gustos y creencias.Tendrá tiempo para pensar cómo quiere ser y qué cosas le gustarán.Este vacío absoluto en el que se encuentra le fascina. No quiere de momento certidumbres.Se queda pensando y al rato abre otra vez  su cuaderno: La verdad no está en ninguna parte.Yo era mi pasado y mi pasado ya no existe.Sólo quedan recuerdos y esos,  sin duda, me pertenecen.Los recuerdos no pueden ser compartidos.Haré con ellos lo que quiera.Los voy a tirar por la borda. No los necesito.Quiero ser yo sin pasado.Seré una página en blanco.Estas últimas palabras le dejan pensativo.Relee las líneas que ya lleva escritas y se da cuenta de que ya se ha creado un pasado.Un pobre hombre que escapa de la vida, que juega a inventar un futuro que no existe, que se refugia en un tren en un viaje a ninguna parte,que escribe en un cuaderno lo que otros mil veces ya han escrito antes. Quiere ser página en blanco y las palabras escritas ya llenan su memoria.El tren atraviesa en ese momento una pequeña ciudad.Calles, casas y personas que le recuerdan a todas las  ciudades.Se ve ahora ingenuo, impotente.Igual a todos los iguales.No quiere saber nada más. Cierra los ojos e intenta no pensar en nada.Quiere dormir un rato y no soñar.Desearía despertar después y no recordar nada.Quiere que su cuaderno,el testamento de su otro yo sea leido, respetado y olvidado.Necesita desaparecer para transformarse en algo diferente.No pienses, no recuerdes, se dice.

Un ruido seco le despierta.No sabe qué ha pasado y tarda unos instantes en ser consciente de dónde está.El tren  se encuentra detenido.Pregunta qué ha sucedido. El revisor tranquiliza a los pasajeros explicando que se trata de una pequeña avería  que será arreglada rápidamente.Él vuelve a sus asuntos y retoma sus pensamientos.Al cabo de un rato comienza a preocuparse pues el tiempo pasa y siguen allá detenidos en medio de la nada.Trata de seguir escribiendo y no puede.Mira su reloj y descubre con horror que son las once de la mañana.Falta aún un buen trecho del trayecto y el congreso de astrofísica comienza a las doce.

Cuando llega por fin a su destino, se apresura, es demasiado tarde.Se levanta, se pone su chaqueta y coge su bolso de mano.Antes de abandonar el tren deja sobre su asiento el cuaderno cerrado.En el se encuentran su pasado olvidado y su futuro en blanco. Baja del tren y se pierde en el presente.

Copulativas y disyuntivas

Todos queremos ser únicos, de una pieza, originales, distintos.Todos deseamos decir y hacer cosas diferentes.Todos necesitamos sentir que nos conocemos,que sabemos como actuaremos y lo que opinaremos en cualquier situación o sobre cualquier tema.

En las entrevistas de trabajo, por ejemplo, somos capaces de contar nuestras experiencias, desvelar nuestras ambiciones y mostrar la presencia de ánimo suficiente como para no dejar traslucir nuestros miedos y nuestras inseguridades. Tenemos respuestas preparadas para todas las preguntas imaginables.Las únicas cuestiones en las que todo el mundo duda y se azora son aquellas en las que simplemente nos piden que nos definamos en dos palabras, que destaquemos nuestras virtudes o enumeremos nuestros defectos o,  sencillamente, que busquemos los calificativos que mejor nos definen.¿Por qué sucede esto siendo como somos cada uno de nosotros nuestro principal tema de reflexión y al que más tiempo dedicamos a lo largo de la vida? Respuesta:no somos únicos ni de una pieza, más bien todo lo contrario.Dentro de nosotros hay varios nosotros. ¿Cuántos? Tantos como podamos imaginar.No siempre salen todos a relucir. El destino, el azar, las relaciones, los afectos hacen que nos manifestemos de diferente manera según sea el devenir de nuestra vida.No hay un yo de verdad y otros de mentira. No somos hipócritas necesariamente.Todos pueden ser verdaderos. Hay gente que pasa la vida fingiendo ser lo que no es. Esos desarrollan una coraza que les hace enfrentarse al mundo desde una posicíón estudiada. Ellos, desdichados, llegan a creerse que son como se manifiestan y nunca llegan a conocer el universo que tienen en su interior. Estamos hechos de contradicciones. Uno puede jugar a pensar en cómo reaccionaría en determinada situación. Nunca lo sabrá con certeza hasta que esa situación llegue, si es que alguna vez llega. Esta incertidumbre nos produce inseguridad y esto se nos hace incómodo.Con mucha frecuencia deseamos cosas contradictorias. Día a día descubrimos que nos gustaría poder vivir vidas diferentes, que nada tienen que ver entre ellas.No podemos decidir, pues todos son deseos verdaderos y sinceros.De la misma manera que nuestro ánimo varía constantemente, a veces tan sólo hace falta una canción, unas palabras o la cambiante luz del día para pasar de comernos el mundo a encerrarnos en nuestra concha preferida. También  nuestra forma de mostrarnos al mundo, de actuar, de ser, varía o puede variar según las circunstancias. Nadie “es” valiente.Somos valientes hoy, tal vez mañana y quién sabe pasado mañana. Así mismo, nadie es alegre, sincero, generoso, bueno o malo siempre. Somos todas las cosas a la vez. Yo no soy yo, soy muchos y todos habitan dentro de mí. Si me quiero definir necesitaré más adjetivos de los que conozco y el que me escuche acabaría por aburrirse o dándome por imposible. Cuanto más pensamos en nosotros mismos más profundo se hace el abismo. Esto no es malo ni bueno, es así. Nuestro valor está en mostrar voluntades. Nunca llegaré a ser bueno. A lo más, tendré voluntad de serlo. Esto no es moco de pavo. Los abúlicos, los carentes de voluntad, son los auténticos enfermos del alma. Los que cambian de opinión, los que quieren a dos mujeres ( o a dos hombres) a la vez, esos, no están locos ni enfermos. El problema, como siempre, es que las dos mujeres ( o los dos hombres) no nos suelen querer a nosotros. Nos quedamos con la que sí lo hace y ,tontos de nosotros, creemos que hemos elegido, que hemos optado.Quiero vivir en el campo y quiero vivir en la ciudad. Quiero tener hijos y no tenerlos. Deseo ser un gran escritor tranquilo y sedentario y sueño también con el nómada aventurero. Ansío que mi trabajo se reconozca y ser respetado y por qué no admirado y al mismo tiempo quiero ser el ciudadáno más anónimo entre los anónimos. Todo es verdad y nada es mentira. En la vida real gobiernan las disyuntivas, tenemos que escoger entre esto o lo otro. En nuestro mundo interior dominan las copulativas, queremos esto y lo otro. De ese enfretamiento entre copulación y disyunción surgen muchos de nuestros conflictos. Por eso anhelamos ser un ser que no duda, hecho de una pieza y al que se puede definir siempre con las mismas palabras. Esos seres sólo existen en la imaginación de los niños (algunos) cuando en su más tierna infancia creen que sus padres son lo que ellos quieren que sean. Afortunadamente para los padres, el velo cae pronto de los ojos  de sus hijos.

P.D.: Juro que sólo quería anunciar mi cambio de tema en mi blog. Algo tan simple como pasar del negro al blanco, de lo complejo a lo simple, del más es menos al menos es más. Lo quería negro y lo quería blanco. Una “o” se ha interpuesto en mi camino. Mi voluntad entre el negro o el blanco ha optado por el blanco.¿Qué querrá ella mañana? Qui lo sá.