Y ahora que estoy bajo tu sombra, debo abrir los ojos, llenarme de amarillo y no olvidar lo que es indigno olvidar. Debo sentir en mis manos abiertas la brisa que pasa entre los dedos, cerrar el puño y apretar el aire solo. Debo guardar en la memoria el sonido de las hojas, las luces, las sombras y los pasos que alegres llegan corriendo a mi espalda.
Y ahora que estoy bajo tu sombra, debo tomar el cuaderno que descansa a mi lado, recorrer sus páginas en blanco y llenarlas con palabras que a borbotones se me escapan de los dedos. Debo tocar la hierba seca, la tierra caliente y las almendras que esparcidas por el suelo resisten el paso del tiempo. Debo ver las piedras a lo lejos y recordar siempre el calor que guardan dentro, misteriosamente retenido.
Y ahora que estoy bajo tu sombra, debo permanecer quieto y en silencio, olvidar todo lo olvidable y mirar solo los ojos que merecen ser mirados. Debo acallar las dudas, ahogarlas hasta la muerte, sentir certezas como piedras y olvidarme de ese otro yo que me envenena.
Debo simplemente vivir, ahora que estoy bajo tu sombra.
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