El juez y la zorra

Sobre las leyes se dicen muchas cosas. Casi siempre para mal. Todos (o casi) las aceptan como algo necesario o inevitable pero siempre (o casi) tras la aceptación viene la crítica. Nunca llueve a gusto de todos. Criticar las normas es fácil, hacerlas no. Un ejercicio altamente interesante sería que todos tuviéramos la obligación de participar en la elaboración de alguna ley. No pretendo hacer una defensa ni un elogio de legislador. Trato, simplemente,  de poner las cosas en su justo punto.

Quien trabaja pretende siempre (o casi) obtener un buen resultado. La tarea de legislar casi nunca lo consigue si nos atenemos a las críticas que siempre (o casi) reciben los resultados. El problema de las leyes es que nunca (o casi) logran encerrar dentro de ellas todas las posibilidades de aquello que legislan. Es imposible que exista una ley diferente para cada uno de los casos susceptibles de ser legislados. Detrás de un asesinato puede haber agravantes o atenuantes. Absurdo es pensar que el legislador prevea todas y cada una de las posibilidades que puedan ser consideradas atenuantes o agravantes. Lo mismo sucede en otras muchas ocasiones. Ante esta situación no tenemos más remedio que poner sobre las espalda de los jueces la responsabilidad de interpretar con buen juicio, nunca mejor dicho, el espíritu de la ley. El hecho de que una persona conduzca bajo los efectos del alcohol y que eso sea considerado atenuante o agravante puede ser discutible. Unos piensan una cosa y otros justo la contraria. Al final, una vez más, sólo el consenso nos puede sacar del apuro. En otros casos no es tan sencillo y es el juez quien, solo, con sus conocimientos, experiencia y conciencia tiene la difícil tarea de interpretar una norma para luego decidir en consecuencia. Este es el punto al que quería llegar.

¿Está la resolución del juez impregnada por su ideología? ¿Es posible ser neutral ante la imprecisión de una ley? Probablemente la respuesta a la primera pregunta sea siempre (o casi) afirmativa y negativa siempre (o casi) para la segunda.

Aceptamos que las leyes son interpretables. Aceptamos, también, que son los jueces los encargados de interpretarlas. Lo que es más difícil de asumir es el hecho de que la justicia pueda ser arbitraria.

Si una ley clara y concisa que no deja lugar a dudas es frecuentemente criticada, ¿qué pasará con la interpretación que de una norma más amplia y oscura haga una persona reunida tan sólo consigo misma?

En estos días todo el mundo habla de la sentencia de un juez en la que argumentaba que llamarle zorra a una mujer no podía ser considerado un insulto puesto que con tal vocablo lo que en verdad se quería resaltar era la astucia de la susodicha y no otra cosa que sólo mentes calenturientas podrían pensar. El juez, por lo que parece, ha dictado sentencia y se ha quedado tan ancho.
La primera conclusión es que semejante hombre de zorro no tiene ni un pelo. La segunda es que tiene muy buena opinión de las zorras. La tercera es que no hay que ser muy zorro para darse cuenta de que jueces así derriban con su ignorancia, desvergüenza y machismo lo que tanto esfuerzo ha costado construir: el endeble entramado de la justicia. Si ésta no despierta confianza no hay nada que hacer, y los sueños de una vida en pie de igualdad donde los ciudadanos acaten las reglas del juego es imposible (o casi).

Lo triste de todo esto es que de haber sido un hombre el que hubiera recibido el apelativo de zorro se habría ido a su casa tan contento al ver la alta estima en la que es considerado. La mujer, por contra, tiene que aguardar a que un sabio juez le informe y le explique que debería sentirse halagada por haber sido calificada de zorra.

¿Existen atenuantes o agravantes en este caso? ¿Es la buena voluntad del juez, su ingenuidad la que le ha llevado a interpretar el caso de esta manera? ¿No será más bien todo lo contrario y lo que subyace tras la sentencia es una ineptitud, una incapacidad y una despreciable ideología que nos impone abusando del poder que la toga le confiere?

En fin, con estas dudas me quedo y, en mi imaginación, veo pasar astutos zorros zorras que ven en este juez su particular Francisco de Asís.

Si vemos, en la cartelera cinematográfica, el anuncio de una película titulada El Zorro, todos (o casi) (el juez no) pensaríamos en aventuras, espadas y antifaces. Si la película se titulase La Zorra todos (o casi) (el juez no) pensaríamos en cualquier cosa menos en la astucia.

15 comentarios en “El juez y la zorra

  1. El juez no es solamente un cretino, sino que como la mayoría de los cretinos es una persona altamente peligrosa para el bienestar ajeno, más en esa posición. Yo lo investigaría a fondo. Seguramente tiene una cola muuuuuy larga que pisarle…. y no de zorro. EB

  2. Está bien lo de cretino. A veces nos devanamos los sesos para buscar calificativos enrevesados cuando el adecuado está ante nuestras narices. Lo peligroso es que un cretino pueda llegar a ser juez. Tenga o no tenga cola.

  3. La cuestión pone en duda incluso la relatividad… Que ese juez es un cretino, salta a la vista de todos quienes tengan un dedo de frente, sean del género que sean. De su machismo nadie que esté en su sano juicio puede dudar. El problema es que no hay “escáneres” (como en los aeropuertos) para detectar las armas secretas que ocultan los jueces bajo sus togas, que a menudo son sus propias frustraciones, su ideología (que deberían dejar colgada del perchero antes de salir de casa) o los favores que deben a “otros”, sean éstos estamentos políticos, religiosos, sociales o de cualquier índole. Muchos jueces son sectarios, no pasarían “la prueba del algodón”, y que una sociedad no lo proclame a voces (y no sólo en blogs como este), me parece, por lo menos, una dejación de funciones que nos afecta a (casi) todos. Sin embargo, cuando un árbitro de fútbol “interpreta” una falta, el desvaforecido le salta a la yugular entre los aplausos o los silbidos fervorosos de una nutrida parte del público, y la cuestión se debate airadamente en los medios de comunicación. Quizá sea que tenemos lo que nos merecemos (pan y circo), que somos así de poca cosa, aunque nos deprima reconocerlo.

  4. ¡Hola Albert! Ya que reclamo con el calificativo de cretino una insignificante contribución a la entrada de nuestro amigo, me atrevo a contestarte directamente, aunque no sin la breve reverencia previa que ante un caballero se impone a las integrantes de mi ingrato género (al igual que la posesión de [casi] un dedo de frente).

    Sólo quería diferir de tu criterio. No creo que el problema sea la falta de escáneres en sí, sino algo mucho peor: el convencimiento profundo que existe en (casi) todas las mentes que se autoconsideran pensantes de que tales escáneres no podrían existir por principio de cuentas. Y aún si técnicamente pudieran ver la luz (es difícil en esta era de portentos tecnológicos dudar de que podrían), la certeza total de que su uso no podría llegar a ser de ningún modo pertinente, conveniente o tan siquiera útil. Ningún inventor se sentaría a su mesa de trabajo dispuesto crear un artilugio cuya existencia resulta a todas luces imposible y de cuya validez existen tantas dudas, entre tantos orgullosos dueños de amplias y relucientes frentes. Indudablemente, una verdadera lástima.

    ¿Qué es la prueba del algodón?

  5. M.: si me he referido a los escáneres de los aeropuertos lo he hecho, sencillamente, por crear una imagen, ya que esos artilugios me parecen sencillamente repugnantes, y más aún el uso que se hace de ellos, pues nos convierten en sospechosos de algo (seguramente de eso que llaman “terrorismo” quienes lo practican a diario desde el poder, aunque se trate de terrorismo psicológico, peor a veces que el que produce daños físicos). Vaya esto por delante, para que no se malinterprete el trasfondo de mis palabras. Pubiqué incluso un post en mi blog denunciando esos medios de control indiscriminado y lo ilustré con alguna imagen que proclama su indignidad.
    En cuanto a la prueba del algodón (no sé dónde vives), se refiere a un conocido anuncio que se divulgó por la televisión española hace pocos años, de un producto de limpieza, donde un personaje calvo y de aspecto, para mí, algo mefistofélico, pasaba un trozo de inmaculado algodón en rama por un mosaico doméstico blanco para demostrar que no quedaba ni una sola partícula de suciedad. La expresión “prueba del algodón” se popularizó así en España, donde tanta gente ocupa su tiempo libre boquiabierta ante esa “caja paralelepipédica de las mil maravillas” (me permito emplear un verso de un poema, referido a los alemanes del Este cuando veían la televisión del otro lado del muro, que traduje exactamente así).
    Por supuesto, a mí tampoco me parece deseable ese artilugio que se emplea para el control de pasajeros sospechosos (¡todos, excepto los “vips”, los políticos y los miembros de la realeza, civil, militar o religiosa!) y de los que soy víctima cada vez que viajo en avión, algo que hago con frecuencia. Sin embargo, aplicados a las mentes enfermizas de algunos de esos entes que dicen impartir justicia, quizá cumplirían con un cometido mucho más digno. Pero te lo repito, es sólo una imagen que me vino a la mente mientras leía el texto de nuestro amigo. Más contundente me parece la comparación con la justicia que se aplica a los jueces deportivos, que ni siquiera tienen tiempo para reflexionar sobre sus decisiones y están mucho más expuestos a equivocarse (aunque bien es cierto que, a veces, se equivocan intencionadamente, movidos también por su propia “ideología deportiva”, que suele trascender el ámbito del deporte).
    En cualquier caso, pese a no ser perfecto y estar convencido, como miembro del género masculino, de que los hombres llevamos el machismo en nuetsros genes (¡han sido muchos siglos de ejercicio de superioridad!), intento ser muy respetuoso con el otro género y me he manifestado repetidamente no a favor de ese feminismo erróneo que “odia al macho”, sino por aquel que reclama igualdad, paridad y reconocimiento. Porque también pienso que la mayoría de los hombres seríamos muy poca cosa sin una mujer al lado, ya que ella es portadora y transmisora del equilibrio y el razonamiento que a nosotros suele faltarnos (en este caso, por falta de ejercicio secular).
    De ahí que me enfureciera el juez de la zorra, para quien prefiero ahorrar más calificativos que el que tú has usado con acierto, precisamente para no descalificarme a mí mismo.
    No sé si he replicado adecuadamente a lo que me escribes. En todo caso, quede clara mi actitud y queden en evidencia mis ideas con respecto a esta sociedad tan enferma a la que pertenecemos, querámoslo o no, con la que cada uno de nosotros comparte no pocos errores y muchísimas injusticias, consciente o inconscientemente.
    Gracias, en cualquier caso, por haberte molestado en dedicarme unos minutos.

  6. Albert,
    Si nuestro cretino personaje hubiera sido una blanca baldosa, el algodón, como escáner artesano, habría mostrado a las claras restos de negras manchas.
    La toga confiere a los jueces autoridad pero no nos garantiza imparcialidad alguna. Tomar decisiones incluso en contra de las propias convicciones es la única prueba del algodón que demostraría la capacitación necesaria para ejercer una profesión tan complicada.

    Un juez no puede ser cretino pero menos aún puede dictar una sentencia a sabiendas de que no se atiene a la norma que él mismo no ha creado. Podríamos tener conmiseración con un cretino pero no con quien se aprovecha de su situación para imponer su ideología.

    En este caso además duele más por el hecho de que lo que trasluce tras su sentencia: una ideología despreciable que no se justifica, no importa los siglos que haya convivido con nosotros.Las ideologías,las culturas y las costumbres pueden ser, y muchas veces lo son, despreciables y no merecen el más mínimo respeto. Con respetar a las personas ya tenemos suficiente.

    Lo más triste de todo es que este juez no es una excepción o un error. Donde pone juez póngase lo que cada uno quiera. Dices bien al señalar que, más que probablemente, tenemos lo que nos merecemos. Siguiendo con tu símil futbolístico, lo que más nos gusta es echar balones fuera.

    M,
    A este paso tendré que acabar cambiando el título a la entrada. El cretino y la zorra sería además más general y podría aplicarse a otras muchas perofesiones, personas y situaciones.

  7. Por supuesto que si hiciéranos una nómina más exhaustiva, habría muchos, muchísimos, con nombres y apellidos repetidos diariamente en la prensa que merecerían la descalificación. No es algo nuevo, es un pequeño paso más en la historia de la humanidad, otro paso en falso (aunque premeditadamente en falso y además… con alevosía).

  8. Querido Albert, nuestro anfitrión es testigo de que a veces me entran unas ganas irrefrenables de molestar a sus invitados (a él, ni se diga), sólo por el placer de bromear un poco. Estoy convencida que el machismo habría dejado de existir hace muchísimo tiempo si las propias mujeres hubiéramos genuinamente dejado de estar de acuerdo con su existencia, por lo que en general no se me ocurre culpar seriamente a un hombre por una programación mental de este tipo, menos si es un amigo y menos aún si es un amigo que claramente hace un esfuerzo por deshacerse de esas tontas ideas. Cuando se trata de bromear, sin embargo, me encanta molestarlos en ese tema en particular. (Sí, soy mala, lo sé.) Todo esto es la explicación de mi primer párrafo. Espero sonrías, aunque sea levemente y puedas perdonarme.

    Sobre los escáneres de los aeropuertos, este año pasé por primera vez por esa indignidad, como le llamas. Francamente, la palabra se queda corta. Y me temo que el futuro nos depara cosas aún peores en cuanto al control indiscriminado.

    Sin embargo, la idea que te empeñas en defender como una imagen, de descabellada no tiene nada, al menos como yo la veo. Yo también entendí los escáneres como una imagen, pero son imprescindibles si es que esperamos sobrevivir como especie. Llámale sexto sentido, llámale conocimiento de la mente y el espíritu humano, llámale predicción de la conducta, llámale perceptividad científica, el caso es que es una habilidad (que no un instrumento mecánico) que todos, absolutamente todos necesitamos desesperadamente y no sólo para los jueces. Dicen que los perros huelen el peligro y cosas como las malas intenciones de los humanos. De los animales hay historias increíbles de habilidad para “escanear” e interpretar nuestras humanas emociones. Sin embargo, cualquier humano que pretenda algo parecido es tildado instantáneamente de loco o de charlatán. Y en muchos casos lo son. En otros no.

    Mi punto es que no podemos seguir pensando, como si estuviéramos viviendo en un oscurantismo ilustrado, que la mente, la conducta y las emociones son algo insondable, y tan complejo que están fueras de un estudio funcional, o más allá de la comprensión más elemental. Menos aún podemos seguir dándonos el peligrosísimo lujo de abandonar este tema en manos de supuestos especialistas que jamás han logrado producir otra cosa que zombies químicos. La mente y las emociones se pueden comprender, se pueden por tanto predecir y es sumamente irresponsable y peligroso ignorarlo todo al respecto, para empezar. Más aún que no saber nada sobre cosas como medicina alternativa, nutrición o cuidado del medioambiente y dejarle todas estas cosas que nos afectan TAN directamente, a los “especialistas”. Existen los escáneres de los que hablas, en otras palabras. Lo llevamos integrados. Es cosa de aprender dónde está y cómo funciona.Y, naturalmente, enseñárselo a los demás.

    Gracias por tu detallada explicación sobre la prueba del algodón, vivo en la isla más hermosa de El Caribe, un poco lejos de ustedes, pero podría haber sido aún peor. Me parece impresionante la guerra mercadológica que se produce en torno a las pastas dentales y a los detergentes. ¡Cuánto talento y cuánto dinero desperdiciado!

    Finalmente, entiendo completamente tu furia contra el mentado juez. A mí me enfurecen otras cosas, por lo que puedo imaginar cómo te sentiste. Tu réplica es inmejorable y yo también te agradezco que te tomes el tiempo de una larga respuesta. Pocas cosas son para mí más apreciadas que una respuesta y si son largas…. uf! La Gloria total. Y sí, nunca he dejado de tener claras tus ideas sobre el machismo y cosas como ésas, no leo todo lo que escribes, pero sí he leído unas cuantas cosas. Me gusta particularmente todo lo que escribes en casa de nuestro amigo.

    J, el título que le has dado a esta entrada es perfecto. No se te ocurra cambiarlo. No te equivoques, los cretinos no merecen conmiseración de ninguna clase. Como dije, son en general, peligrosos y a menudo malintencionados. No me creas, échale un vistazo a un par de cretinos que conozcas y verás. Naturalmente, el grado de peligrosidad que tienen es directamente proporcional a su esfera de influencia. Cuando llegan a ser Jefes de Estado…. la cosa es grave.

  9. Albert,
    La lista, en efecto, es desmesuradamente grande. Esa es la prueba de que no puede ser casualidad y de que es nuestra entera responsabilidad. Prueba evidente de esto es, por ejemplo, la constante crítica a la clase política y la sospecha permanente hacia su integridad. Sin embargo luego todos participamos de la aparente farsa y acudimos como corderitos a votarles una y otra vez. Como este ejemplo podríamos desgranar docenas.

    M,
    Si un cretino llega a jefe de estado es que hay muchos cretinos detrás. Te pueden engañar una o dos veces. El engaño perpetuo es síntoma de que no sólo es cretino el jefe de estado.

  10. M., creo que empiezo a conocer el trasfondo de tus mensajes, y pienso que muy bien podrías ser algo así como un alter ego de J. a modo de antagonista. Te agradezco el mensaje de respuesta al mío y, además, el que no te moleste que a veces mis soliloquios sean largos (serían sin duda más breves si tuviera más tiempo).
    Yo tambien me he considerado un cretino muchas veces y me he avergonzado de ciertas actitudes irreflexivas. Lleva razón J.: si un cretino llega a jefe de estado, es porque muchos cretinos lo han (hemos) hecho posible, a menudo atraídos ingenuamente por sus cantos de sirena. Si Ulises, que me parece un personaje mítico y literario sabio, cayó en tantas trampas, y de tantas otras supo salir, es porque Homero (o quien fuese el autor, singular o plural, de sus aventuras) conocía muy bien al género humano. Su ceguera también es una imagen, muy reveladora, además. Grecia creyó en la democracia con espíritu filosófico, y hasta ético, y nosotros pensamos que ésta es una necesidad, cuando de aquélla sólo conserva el nombre adaptado a todas las lenguas.
    Tan imperfectos somos que no escarmentamos, porque ni siquiera tenemos el instinto de los animales; es decir, hemos perdido algo esencial para sobrevivir. Vamos a votar porque nos han convencido, o nos hemos autoconvencido, de que tenemos voz, sin darnos cuenta de que no es así, de que nuestra vocecita la oye muy poca gente, y la escucha muchísima menos. Así es, somos “masa”, y continuaremos siéndolo pese a los intentos que se hagan para intentar evitarlo. Cioran, que aun siendo ateo admiraba a los místicos y creía firmemente en el pecado original (jamás he leído a un autor que tuviera tanta capacidad para justificar sus contradicciones) quizá es de los pocos que han entendido algo, a pesar de no haber sabido encontrarse (ni entenderse a sí mismo, creo yo). No es que yo sea un seguidor de Cioran, siempre lo he leído distanciádome de su letra, casi como un “divertimento”, y sin embargo me ha dejado un extraño poso, no sé por qué. Seguramente porque sus extravagancias me han hecho reflexionar.
    Sobre lo que afirmas, M., sobre la culpa de la mujer, discrepo. La mujer NO HA PODIDO con el machismo por la sencilla razón de que siempre ha sido tratada como un ser inferior. El dios de las religiones monoteístas fue concebido hombre (a imagen i semejanza del iracundo Zeus), y se ideó un estraño mito en el cristianismo para justificar “la pureza” (¡qué bobada!) del nacimiento del profeta que tuvo más éxito, Jesús, donde la mujer ni siquiera tuvo derecho a disfrutar de una concepción y una maternidad como es debido. Si nos fijamos, es la imagen de una maltratada, y eso lo expresan muy bien algunas imágenes de la Virgen de los Dolores, donde aparece herida por armas blancas (¿el subconsciente del artista?).
    Han pasado los siglos, y las religiones (y buena parte de la sociedad) continúan relegando a la mujer a un papel secundario (¡y suerte que la sociedad laica supo reaccionar en su momento, y fue por necesidad!). No puedo alejar de mi memoria las imágenes de la consagración del templo de la Sagrada Familia de Barcelona por un señor alemán a quien han dado vara de mando: después de que éste ungiera el nuevo altar con no sé qué óleos, en medio del fausto religioso, civil, político y militar, apareció una monja para limpiarlo y dejarlo reluciente. Ahí se vio cuál era el papel de la mujer en la ceremonia, además de cantar en el coro. Y es que yo sigo estas cosas por televisión, no porque sea masoquista (o tal vez sí que lo sea un poco), sino para poder opinar luego con conocimiento de causa. A la mujer rebelde se la condenaba por bruja y se la quemaba en la hoguera por decisión de otros jueces, peores aún que el de la zorra: los de la llamada Santa Inquisición. Porque ¡ay de la que confesaba ciertos pecados! Y si no los confesaba, alguien había que la delataba. Me parece que eres muy injusta, M., con las mujeres.

  11. Albert, comienzo de atrás para adelante.

    Puede que tengas razón en calificarme de injusta. Y ya que es el tema inicial de esta entrada, pienso que por otra parte no la tienes.

    En primer lugar, porque al decir lo que dije me refería a los tiempos modernos, no a la época de la Inquisición, aunque hay que tener en cuenta también que entonces no sólo las mujeres íbamos a parar a la hoguera, como bien sabes. La caza de brujas que se instituyó entonces sigue existiendo hoy y tu artículo sobre la Wikipedia italiana (que traté por enésima vez de comentar sin éxito en tu blog –se me borró un comentarios de unas dos páginas….) es un ejemplo, si bien quizá no el mejor. Sin embargo, a partir de mediados del siglo XIX hombres y mujeres hemos ido teniendo oportunidades mayores para despertar, para abrir los ojos y para ver cómo son realmente las cosas. A mediados de los 60, el movimiento feminista comenzó a vivir su edad de oro y pienso que no lo supo aprovechar como movimiento institucionalizado. Si te digo, por ejemplo, que la agencia de las Naciones Unidas que se encarga de los asuntos de la mujer está prácticamente paralizada por falta de un presupuesto adecuado, entenderás a qué me refiero: ¿Cómo es posible que la clase de mujeres que trabajan en una institución como esa PERMITAN que se reproduzca a ese nivel de influencia global los mismos patrones de discriminación económica que se dan en otros estratos mucho menos importantes? Si me dices que una mujer de un barrio marginado en nuestro país “tiene” que aguantar un salario menor por un mismo trabajo o “tiene” que aguantarle los golpes al marido, porque si no no tiene cómo sobrevivir, ya que no pasó de 2° de primaria… podría quizá estar de acuerdo hasta un punto, pero nunca cuando las desigualdades se producen a ese nivel. Y a eso es que me refiero. Pero incluso sin ir tan lejos, cuando una mujer común y corriente “sabe” qué es lo correcto, lo ético y conoce sus derechos y aún así aguanta vejaciones y discriminación y educa a sus hijos e hijas de manera diferente y no pone en práctica en su vida ese conocimiento que tiene, esa mujer es aún MÁS responsable que su marido de legitimar y perpetuar el machismo, ya que no sólo está dando un pésimo ejemplo a sus hijos, sino que está reproduciéndolo en la siguiente generación. Debería ir a la cárcel. O MUY mínimamente, cerrar la boca y jamás atreverse a quejarse de “este sistema patriarcal”.

    En segundo lugar, porque Jusamawi tiene, en efecto, razón con respecto a la elección de un cretino. Y si lo que él dice es cierto, como estamos todos de acuerdo, ¿por qué no habría de serlo lo que yo digo, si es lo mismo? Y lo que él dice y lo que yo digo es sencillamente “somos responsables”. ¿O es que realmente las mujeres somos tan inferiores que no podemos ser responsables de lo que nos sucede como individuos, como miembros de una familia o de una sociedad y necesitaremos concesiones especiales (como las cuotas de género para candidaturas en las elecciones) per omni saecula saeculorum a fin de “facilitar el logro de la equidad”?Si el que tal cosa me parezca indignante es ser injusta, pues lo soy de muy buen grado. Nadie, absolutamente nadie obliga a una mujer a ser monja, excepto su íntima convicción. Nadie la obliga a casarse o a convivir con determinado individuo. Nadie la puede obligar a aceptar un trabajo bajo determinadas circunstancias. Ni a prostituirse física, ética o emocionalmente. Ni a no usar anticonceptivos. Gracias al trabajo de décadas de nuestras abuelas, madres y hermanas feministas, ya tenemos leyes en la mayoría de los países llamados civilizados. El que las desconozcamos o ELIJAMOS no tomarnos el trabajo de hacer que se respeten es un asunto totalmente diferente.

    Por otra parte, no creo que seamos tan malos o indignos como humanos como a veces pareces pensar. Ni pienso que tengamos nada que envidiarle a los animales, excepto quizá la fuerza, velocidad o belleza de algunas especies…. Pienso que nuestro gran pecado, como plantea la inefable vecina de nuestro anfitrión, se reduce a que nos parece mejor negocio escuchar y creer las opiniones ajenas que mirar y descubrir las propias, basadas en hechos que a menudo se divierten bailando y haciendo muecas frente a nuestras propias narices.

    ¿¡¿Yo, un alter ego?!? ¡Podría usar esta loca idea en tu contra por el resto de la eternidad para demostrar lo machista que eres y divertirme a tus expensas, Albert! Pero no lo haré…. en parte porque no estoy completamente segura de comprender lo que quieres decir con esta consideración. Si es una broma, te confieso que me hizo sonreír.

  12. Bueno M., con matices (muchos o pocos, pero al fin y al cabo matices), estamos de acuerdo en lo esencial. Si te refieres a la mujer “moderna” (es decir, a la que conoció los inicios del feminismo en el último tercio del siglo XIX), puedo estar de acuerdo contigo, pero he de matizar que no todas las mujeres de todos los países y todas las sociedades tuvieron acceso a las ideas feministas, y muchísimas aún no lo tienen. Otras, además, no se enteran, y esas son las peores, las auténticas culpables, en efecto, y no tienen derecho a considerarse víctimas, aunque lo sean.

    Lo del “alter ego”, por supuesto, era una broma (¿o una provocación?), y si así lo has entendido, me alegro, más aún si te ha hecho sonreír.

    En cuanto a la bondad o la maldad de la especie humana, volvemos a la relatividad, porque del mismo modo que no se puede medir a todas las mujeres del planeta por el mismo rasero, tampoco se puede hacer con la multiplicidad de pueblos y creencias (y niveles de educación y libertad) de la especie humana.

    Admito, en los términos que lo explicas, la culpabilidad de las mujeres como colectivo (si es que puedo emplear esta palabra, que no sería la más adecuada), pero siempre matizando, porque las realidades sociales, económicas, educativas, religiosas y políticas tienen mucho que ver con las actitudes, tanto de mujeres como de hombres. Bajo regímenes represivos, poco se puede hacer que trascienda lo suficiente para concienciar a la colectividad. Conozco bien la situación de las mujeres iraníes (que pertenecen a uno de los pueblos más cultos del mundo): su lucha es constante, diaria, desesperada, pero el poder las acalla -a veces a sangre y fuego- y les impide difundir sus mensajes. Aunque teóricamente el uso de internet es libre en Irán, en la práctica se restringe a las personas sospechosas de “infidelidad”, tanto al islam como al régimen (que se entremezclan). ¿Cómo puede llegar a la mayoría de las mujeres iraníes el éxito -que lo es, aunque nos resulte invisible- de su lucha por la libertad y la igualdad? Te invito a leer el texto sobre la lucha de los iraníes que publiqué en otro de mis blogs, “Impedimenta” (a través del enlace http://impedimentatransit.blogspot.com/2010/08/el-dificil-camino-de-los-iranies-hacia.html). Dificil me lo pones… Aunque el que te explico sólo sea un ejemplo (que me parece importante e ilustrativo), forma parte de la realidad cotidiana del mundo en que vivimos. Jamás me atrevería a culpar a una mujer iraní de sumisión, aunque sea sumisa. Nada tiene que ver con una mujer magrebí, aun habiéndose producido en el Magreb ciertos -y tímidos, incluso poco creíbles- avances sociales (otra cosa que publiqué recientemente en “Impedimenta”: mira http://impedimentatransit.blogspot.com/2011/08/poesia-y-compromiso-en-malika-assimi.html). [Me excuso por hacer propaganda de lo mío.]

    La vida es una lucha constante (ya lo sé, es un tópico). Cuando no por las libertades políticas y de expresión, por las que impide la pobreza y la marginación (de mujeres, niños, niñas y hombres; de personas jóvenes, maduras y ancianas). Lo más triste, para mí, y supongo que también para ti, es ver a una mujer culta y sin problemas económicos sometida a un hombre por el simple hecho de serlo, o sea, por “fidelidad a la tradición cultural”. Pero también se da, lamentablemente, el caso contrario (conozco ejemplos bastante próximos): el de mujeres que han conseguido éxito profesional, económico y social y someten descaradamente a sus parejas, menos afortunadas. Digo no a las actitudes vengativas, en todos los casos.

    Debatiríamos durante horas, días, semanas, meses, años, ya que el tema da para más de lo que quizá imaginamos. Creo que hemos dejado sentados nuestros puntos de vista y que, como digo al principio, salvo en los matices, me parece que estamos de acuerdo. Otra cosa es que podamos actuar más allá de estos muros virtuales, que aunque amplios, siempre serán estrechos.

    Lamento que no hayas podido dejar tu comentario en mi blog. Siempre tienes la opción de hacerme llegar tus comentarios por correo electrónico, y los reproduciré anónimamente, con absoluta discreción, o como te parezca oportuno. Si algo busco cuando publico una denuncia o cualquier texto que se preste a ello es, precisamente, el debate.

  13. Albert, dejé un corto “espacio de tiempo” [somos incapaces de concebir el tiempo independientemente del espacio, como ves, otra prueba de su inexistencia, al parecer] con la esperanza que nuestro anfitrión dijera pío, la verdad es que me siento ligeramente incómoda parloteando interminablemente contigo en la sala de SU casa, sin saber siquiera si él anda por ahí y nos acecha tras las cortinas, si ha instalado un sistema de micrófonos y cámaras ocultas detrás de los cuadros y debajo de la mesita del centro, si está francamente desinteresado y algo impaciente por todo este asunto, o si enfundado en una bata blanca y habiendo echado mano los anteojos especiales de gruesos macos negros corre alguna clase de experimento sicológico para averiguar hasta donde llegamos con las palabras….. la verdad es que me siento un poco como ratona de laboratorio y esa sensación no es demasiado agradable ¿será un ataque paranoico en ciernes? En fin, supongo que nunca lo sabremos con certeza.

    Me alegra comprobar el acuerdo en lo esencial.

    Fue, en efecto, muy provocativa (y urticante, lo confieso), la alusión al alter ego.

    De las poquísimas cosas que tenemos en común el dueño de casa y yo [como ves, insisto en incluirlo en la conversación, espero que funcione, aunque te confieso que tengo mis dudas] es en preferir el concepto responsabilidad al de culpa. Yo nunca hablé de culpabilidad de las mujeres. Y la razón para ello es doble: básicamente la responsabilidad es algo que uno asume la culpabilidad es algo que generalmente se nos asigna y se nos llega a asignar tanto que terminamos autoasignándonosla, que no asumiéndola realmente; por otro lado, ser responsables, nos permite hacer algo al respecto, la culpabilidad sólo nos lleva a la cárcel, sea literal o figuradamente; en otras palabras, al ser responsables somos esencialmente CAUSA, como culpables, sólo podemos ser EFECTO, aunque sea de nosotros mismos.

    He visto ambos enlaces, los cuales disfruté muchísimo. Me avergüenza un poco decirte que es la primera vez que leo a autores de tan lejanas latitudes (aunque dada mi ubicación geográfica, debería decir longitudes). Te agradezco la amabilidad de compartir estas letras tan exóticas conmigo. Como te decía en el comentario que por fin logré publicar, la imagen de un león propio que ruge de amor me cautivó.

    Conozco, cómo no, algunos casos de mujeres que someten a sus parejas. No pienso que se trate de venganza en absoluto, más que como un lamentable intento de justificación para el abuso. Es posible que haya alguna mujer tan estúpida para “vengarse” como una Jane-la-destripadora moderna, de los abusos sufridos de un género en un sólo individuo, pero se trata, además de estupidez (¿cretinismo?), de alguna clase de demencia. Otra prueba de lo peligroso/a que puede resultar un/a cretino/a.

  14. Quizás sea por mi vinculación a la posible carrera judicial que vaya a tener. Quizás porque me parece un mundo fascinante. Pero no puedo dejar de darte la enhorabuena por esta entrada. A medida que he ido leyendo los dos primero párrafos del texto me sentía más y más reflejada en él.
    Odio lo comentarios fáciles. Sobre todo el comentario facilón y comunmente extendido que la gente repite sin cesar: ”la ”ley tal” debería ser derogada”; ”el legislador no pensó en la realidad”.
    Siempre he pensado que antes de criticar hay que pararse a pensar no solamente en qué es lo que queremos quitar, sino en lo que pretendemos colocar en su lugar.
    No critico las críticas, sino la manera que muchos tienen de hacerlas.

    Chapó Jusamawi, chapó por ti.

    Aparte de esto me gustaría contarte el resumen de una conferencia a la que asistí la semana pasada donde la ponente (Presidenta de la Sala de lo Social del TSJPV): Nos comentó su experiencia profesional como jueza, y al fin de su ponencia, no pude evitar preguntarle por la dificultad de decidir de manera imparcial separando los hechos de la ideología personal de cada uno.
    Ante mi asombro, me contestó que era algo inherente a la condición de juez. Que claramente había casos en los que la imparcialidad podía brillar por su ausencia, pero que en su carrera no había tenido problemas con ello. Cito literal ”comienzo una sentencia pensando que resolveré A, pero a lo largo del proceso me doy cuenta de que no puedo hacerlo, y de que la justicia y legalidad me hace sentenciar B”.

    Mi asombro fue absoluto, creo que la magistratura no es mi sino. No puedo sino estar contigo respecto a la imparcialidad y la ideología. Somos seres racionalmente irracionales.

  15. Tiempo hacía auniveau. Hoy tengo día guerrero y discutidor pero tengo que admitir que no puedo disentir de lo que me cuentas.No me refiero a la enhorabuena y el chapeau, que te agradezco, sino a la reflexión que haces.
    Yo también odio los comentarios fáciles y los comentaristas que los hacen. Destruir es fácil, construir nos cuesta la salud y, al cabo, la vida.
    Hay mucho energúmeno que no se ha parado un segundo a pensar lo que está diciendo. Con las leyes y todo lo que rodea este asunto se ve fácilmente. Todos aceptamos que son necesarias pero si sumamos las que no nos gustan a cada uno no quedaría en pie ninguna. Como bien dices, a cada persona que critica una ley habría que obligarle a poner otra en su lugar. Las sentencias de los jueces, algunas son bochornosas, como lo son también las clases de algunos profesores o la atención médica que a veces recibimos por citar sólo algunos ejemplos, las buenas, son un verdadero ejercicio de precisión y discernimiento. Eso no quita para que nos detengamos a pensar en la dificultad que entraña tanto hacer leyes como luego juzgar su cumplimiento.
    La situación que le planteas a la jueza es real y es un perfecto ejercicio para comprender la dificultad que entraña ser imparcial y no dejarse llevar por lo que uno piensa o siente. Creo que es un ejercicio al que todos deberíamos someternos.
    De todo lo que estás estudiando, espero que en el derecho encuentres el lugar donde situarte. Hay mucho por hacer, por pensar y por decidir. Espero que te toque hacerlo.

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