El camello, el león y el niño (recordando a Nietzsche)

Nietzsche se volvió loco. Eso le ha dejado marcado. Cuando alguien le refuta, saca pronto a colación su locura. Algunos han querido ver en el superhombre de Nietzsche la inspiración de Hitler en su concepción de la raza nueva que debería conquistar el mundo. Cuando quieren criticarlo se sacan también de la chistera al impresentable Adolf.

Mucho escribió Nietzsche antes de volverse loco. Lo que nos ha dejado escrito es terriblemente cuerdo. Si leemos su obra caemos en la cuenta de que, de una u otra forma, nos habla siempre de lo mismo. Lo que dijo, molestaba cuando lo dijo. Cuando alguien es oscuro es mejor aceptado. Él no lo era. Lo que pensaba era claro y conciso. Que le digan a uno la verdad a la cara suele ser elogiado pero pocas veces aceptado.

Hoy, con la distancia y con las mentiras que nos han contado, tenemos una imagen de Nietzsche desdibujada. Desenfocada.

Ha pasado ya más de un siglo, pero su pensamiento sigue vivo. Ahora, además, podemos leerlo con la distancia que nos regala el tiempo.

Nietzsche  habla siempre de ética. Es el punto central de toda su obra. Para él la ética no consiste sólo en saber vivir sino en saber vivir con valentía. Eso es lo que nos conviene. Para conseguirlo debe derrumbar los valores que, paradójicamente, los débiles impusieron a los fuertes. La resignación, el dolor merecido, el sufrimiento, el mundo como valle de lágrimas, la aceptación de un destino impuesto, la fatalidad, la esperanza en una vida mejor pero futura. Todo esto entorpece el nacimiento de un nuevo hombre que sepa vivir, que sea valiente, que peque, si pecar es ir en contra de los antiguos valores, que acepte y viva esta vida como la única. Una vida hecha por y para el hombre, una vida en la que dios no determina nuestro destino. Jugaba Nietzsche a llamar a este nuevo ser el superhombre. Esta creación no era más que la representación del abandono y la negación de los antiguos valores enquistados. Este nuevo hombre puede repetir una y otra vez sus decisiones y sus acciones. Por eso el hombre retorna siempre al origen. No porque no tenga dónde ir sino porque cuando escoge libremente, cuando disfruta de la verdadera vida repite acciones. Ese es el retorno, no una vuelta sin sentido. Hoy decido, y como me gusta lo que he decidido, vuelvo a decidir lo mismo. Lo mismo que el eterno retorno, visto así, se nos presenta elegido y no condena. Lo mismo que la muerte de un dios representa no su muerte sino la de los valores impuestos, esos que nos mantenían mudos y sumidos en la tristeza, buscando el sentido de esta vida en otra, así debemos abandonar la desesperanza de la falta de valores. Eliminar los anteriores no significa retozar en la nada. Ese no es nuestro destino. Levantarnos de ella, vivir siendo protagonistas de nuestras vidas, autores y no actores. Eso es el nihilismo positivo. Partimos de cero. El cero como inicio y no como destino. La vida como meta y único sentido. Partimos de cero para ser, de una vez por todas, humanos.

Nietzsche nos habla del camello que soporta la carga del pecado, del león que lucha y se desembaraza de esa losa pesada. Queda por fin el niño nuevo, el único que sabrá vivir con valentía. Ese simple niño, ese es el superhombre que tanto miedo nos daba. Ese ser, que Nietzsche representa con la imagen de un niño, es el símbolo de un nuevo hombre. Ese es el ser que empieza de cero y que para no quedarse en él tendrá que decidir valientemente.

6 comentarios en “El camello, el león y el niño (recordando a Nietzsche)

  1. Jo, no sé, siempre he tenido sentimientos encontrados con este hombre. Por un lado su nihilismo es liberador pero por otro da miedo enfrentarse a la nada asi con las manos vacías. Prefiero la comodidad del eterno agnóstico 🙂

  2. Puedes estar tranquila. El nihilismo de Nietzsche no es el nihilismo que supone vivir en el vacío. No es desidia ni abandono. Él utilizaba la expresión sólo para simbolizar la ruptura con los valores anteriores. Era sólo un punto cero lanzado directo hacia la vida.

  3. Vecino, lamento decir que la ignorancia no sólo es atrevida, sino muchas veces selectiva e incluso predeterminada.

    Leyendo el comentario de mi querida Charlotte, compruebo de que no sólo para mí Herr N ha sido por décadas un auténtico cuco. La nada es un asunto que le pone los pelos de punta al espíritu más aguerrido y me refiero literalmente al espíritu, no a la persona, porque ahí es que al final vamos a parar, al espíritu que somos y que teme visceralmente al concepto de la nada. Aunque un espíritu, por lógica y por definición, no tenga pelos ni vísceras, el miedo es una emoción que se acerca bastante a lo físico por lo amplia que puede llegar a ser su longitud de onda.

    La entrada, maravillosamente bien escrita, y convincente, no es, sin embargo, suficientemente tranquilizadora, al menos para mí. No tanto por lo de la nada, sino por lo aquello de que “los amigos de mis enemigos….” en este caso, “los líderes de opinión de mis enemigos….” Aún así, reconozco que mi ignorancia es inmensa en cuanto a Herr N., por lo que he conseguido una copia de Zaratustra, para comenzar y está ahí en fila entre mis próximas lecturas, que son excesivamente numerosas. Después de todo, el dicho también debe funcionar a la inversa: “los líderes de opinión de mis amigos….”, muy especialmente cuando se trata de amigos profesionales en la materia.

    PS: Adoro los tipos condensados.

  4. Lo peor de Nietzsche es que te contentes con lo que te expliquen. Hay demasiadas versiones maquilladas de lo que este hombre decía. Ni el superhombre es el superhombre que se nos cuenta ni la nada es la nada que nos quieren vender ni el eterno retorno es un sinsentido. Por eso es una buena idea tener a Zaratustra en tu mesa, en tu estantería o en tu mesilla. Llegará su momento.

    PS: Yo adoro demasiados tipos. Ese es el problema.

  5. Sí, eso le pasa a más de un autor…. lo sé por experiencia. Espero que el momento no tarde años, pero no te puedo prometer nada. Estoy al borde de un cambio total en el área de trabajo remunerado, lo que me tiene bastante nerviosa y el tiempo parece escurrírseme entre los dedos más rápido que nunca. Los tipos son, genéricamente adorables. Creo que escribiré una entrada al respecto o, mejor, le pediré a M que la escriba, ya que los tipos son su fuerte, no el mío.

  6. Pasa con muchos, es cierto. Por eso es importante, en la medida en que podamos, forjar nuestra propia opinión sobre las cosas.
    Suerte con los cambios radicales. Cruzo los dedos.
    Dile a M que la escriba. Los que se pasan las horas y los días diseñando tipos se lo merecen.

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