El renacido: aparición y fantasma

La flecha le atraviesa el corazón, la sangre fluye viscosa y caliente. Asistimos estupefactos a lo que parece una colección de hermosas fotografías. La imponente naturaleza por encima del diminuto ser humano que se pierde en ella. Pues no. Precisamente ese ser pequeño y oscuro, apenas un punto en medio de la inmensidad, es el terrible protagonista de esta terrible historia. No es la epopeya personal de un hombre que resiste los embates del frío, el hambre, el agua y el hielo. No, lo que hiela la sangre no son los sobrecogedores paisajes, no es la blancura inmaculada, fría y enorme que nos envuelve, lo que de verdad nos atraviesa como aquella flecha es contemplar cómo es el mundo cuando lo único que importa es sobrevivir, comprobar cómo se pudre el alma del homo sapiens, constatar la animalidad que todavía escondemos a pocos milímetros de la superficie en cuanto escarbamos bajo la piel de la civilización hace tan poco lograda, cuando contemplamos que sólo el odio y la sed de venganza son los motores que empujan a la vida, a la resistencia, a la supervivencia. Ser testigos de todo eso es lo que nos sacude por dentro.

Ayer, antes de salir de mi casa, apagué sus cálidas luces y programé la calefacción para que estuviera caliente a mi vuelta. Paseé luego por las calles de la ciudad civilizada, me detuve ante un semáforo en rojo y observé a otros ciudadanos que bien vestidos y peinados se dirigían pacíficamente a sus asuntos.

Abandoné la ciudad tranquilizadora y me introduje en una sala oscura donde sin opción a mentalizarme me vi en segundos perdido entre inmensas montañas heladas, sentí que el frío que desprendían las imágenes helaban poco a poco mi corazón. La majestuosidad del escenario, la naturaleza desprendida de adjetivos se adueñaba de mis ojos y de mi consciencia. No podemos culparla a ella, la naturaleza no es ni mala ni buena, áspera o suave, dura, terrible o miserable. La naturaleza es la casa en la que ellos viven y donde se muestran como lo que son: seres fríos, distantes, violentos; movidos sólo por el egoísmo. Sobrevivir a toda costa, por encima de todo y de todos. Cuando la misión del hombre es sobrevivir, y así ha sido durante casi toda su historia, no existe la esperanza. No hay opción alguna al sentimiento.

El personaje principal de la historia conserva algo que parece hacerlo humano: la paternidad entendida más allá de la procreación, la paternidad como sentimiento que nos saca de nosotros mismos y nos lleva al otro. Por un momento atisbamos en su mirada algo humano. Otra mentira. Sólo es la venganza la que hace que sus piernas se muevan, que sus pulmones respiren y que su corazón siga latiendo.

Una vez saciada la sed de venganza, en broche terrible y de oro, el protagonista queda solo y desnudo de toda esperanza, de toda posibilidad de vida. Cuando la pantalla se funde en negro, seguimos oyendo su respiración entrecortada pero sabemos que no sobrevivirá, que sólo se le concederá el consuelo de la muerte.

Historia que se envuelve de imponentes imágenes. Bellas y terribles. Son sólo el envoltorio de algo más terrible: el espectáculo del hombre al que únicamente le queda la supervivencia. El espectáculo de la vida donde las montañas, los ríos, el agua, la nieve y los árboles son mas amables que los fantasmas que por allí transitan.

6 comentarios en “El renacido: aparición y fantasma

  1. Wow. La vi exactamente una semana antes que tú. Fue una tortura de tal magnitud que me vi en el punto de estar rogándole a, no sé, la Fuerza de los Jedis, al Infinito, a alguien… que terminara de una vez ese suplicio o que al menos ya no le pasara nada más a Glass o que al menos menos ¡no se volviera a mojar! Mi súplica no fue escuchada, porque la película no terminó nunca y eso fue lo peor de lo peor. La última vez que había visto a Leo en pantalla grande, mediana, chica o de cualquier tamaño fue siendo Jack, en el Titanic…. lo odié tanto y odié tanto esa condenada película que mira todo el tiempo que pasó, sin importar que oyera, leyera y supiera —porque debo reconocer que ya lo sabía— que se había convertido en un magnífico actor. Naturalmente que recuperé el respeto por él, con reverencia incluida y todo lo demás; investigué algo y efectivamente el verdadero Revenant, Glass, no murió en ese río, sino muchos años después a manos de no recuerdo cuál tribu, y conocí –o reconocí mejor dicho– a una bestia peor que la osa aquella: Lubezki.

    Hay Glasses y hay Lubezkis, J. Ambos son bestias, bestias de naturaleza muy diferente. Por sus flechas les conoceréis. Ninguna te habría atravesado a ti el corazón si no fuera por la “colección de hermosas fotografías” que ni son colección ni son hermosas. Son flechas envenenadas dirigidas al alma.

  2. La película es desagradable, sombría, dura,,,Sí, pero al día siguiente seguía pensando en ella y con la distancia comprendí que había una gran narración en ella. Narración sin casi palabras. Desgarradora historia de supervivencia.

    Es duro constatar que estamos siempre cerca de comportarnos como ellos. Lo grandioso es que podemos ser también civilizados a tan sólo unos milímetros de distancia.
    Ya han pasado días y mi opinión permanece inalterable. La recuerdo y la admiro.
    Siento que para ti fuera un suplicio.

    De Leonardo qué decir que no se haya dicho ya sobre su trabajo en esta película. Él si que tuvo que descansar cuando acabó el rodaje.

    5 Baftas, Globos de oro, Sindicato de actores, Sociedad Americana de cine….. Por una vez no me importa estar de acuerdo con el mundo.

    Espero que llamar bestia a Lubezki sea, en este caso al menos, un halago.

  3. Bueno, un suplicio para un masoquista cinematográfico es un gran placer. Lo cual espero responda lo de Lubezki también. (¡Tu comentario es tan bueno como el post!)

  4. Ser masoquista es peligroso e incluso no recomendable. Ser masoquista cinematográfico es a veces necesario. El cine debe, al menos a veces, herirnos como el rayo.
    Lubezki además de bestia es un monstruo.
    Gracias.

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