Paradoja del cuarto vacío

El nido vacío fue siempre un concepto lejano. Algo cursi ta vez. Hablar y pensar sobre él tenía la ventaja de hacerlo sobre un futuro siempre incierto. El futuro, por definición, nunca debería llegar, pero llega y lo hace para quedarse y dejar de ser futuro y ocupar así todo el presente. El nido vacío era pasado y ahora se ha hecho patente.

Donde había voces, pasos, ruidos, donde había música, palabras, risas y movimiento ahora hay solo recuerdos y silencio. Silencio que pesa y que se palpa, recuerdos que todo lo impregnan. Donde todo estaba lleno ahora todo está vacío. Hay no solo silencio sino un exceso de orden.

Ellas no están, ellas se han ido. Primero se fue una, ahora le ha tocado el turno a la otra y por primera vez se siente más su ausencia que su presencia. Los cuartos vacíos, los armarios cerrados, los objetos quietos sobre las mesas. Las camas siempre hechas, las luces apagadas, las fotografías en las paredes parecen cobrar la vida que antes no tenían. No son imágenes, son recuerdos vivos de tiempos que se han ido, recuerdos de un pasado que en la soledad de la tarde, hieren, escuecen, emocionan y permanecen.

El nido vacío, a pesar de ser alentado, a pesar de transformarse en nueva vida en la distancia, impresiona. Fin de ciclo, fin de etapa, círculo cerrado que no puede ser reabierto. Volver a entrar es ya imposible, nos obliga a seguir hacia adelante.

Cuando vives en otros y por otros se da la doble circunstancia de ser feliz e infeliz al mismo tiempo. De decir y callar, de compartir alegrías y sentir tristeza por el mismo motivo. Paradoja de quien da sin pedir nada a cambio. No se es héroe por ello. A los hijos se les da porque se les quiere dar. No hay ningún sacrificio en ello. Se viven, se sienten, se disfrutan y se padecen sus alegrías y sus tristezas. Cuando están lejos, la distancia multiplica la intensidad del sentimiento. Cuando están lejos, cuando se están construyendo su vida, te sientes orgulloso del impulso que tu has ayudado a tomar y te sientes triste de que lo hayan tomado.

Todo va bien y se siente pena. Todo alegría y todo tristeza. Qué dificil conjugar ilusión y nostalgia, proyectos y recuerdos. Qué dificil aceptar cuando el tiempo nos alcanza.

Cómo iba yo a pensar que la casa me parecería grande. Cómo iba a imaginar que el silencio sonara tan fuerte. Cómo iba a saber que las alegrías pudieran doler tan hondamente.

Sé que estoy en la frontera entre el recuerdo y el presente. Sé que todo lo hecho merece la pena porque gracias a ello podemos seguir adelante. Sé que un día me veré a mi mismo mirando cuartos vacíos y sonreiré al saber que la vida salió de allí dando pasos de gigante.

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