Tu cuerpo en la piel de la yema de mis dedos. (Podría seguir, pero la imagen se cierra en un círculo que no quiere que me entrometa).
Llevo años escribiendo lo mismo: el mismo texto con diferentes palabras, con el propósito de saber un poco más de mí o de tu universo.
Me gustaría que esto fuese una canción, pero no lo es. Ninguna música la acompaña, solo palabras.
Yo soy todo lo que recuerdo y tú todo lo que has olvidado. Quiero ser lo que he reído, no solo lo que sufrí. Lo que te da terror te define mejor. (Gabo Ferro). (Estas sí son canciones llenas de palabras que cantan la verdad que yo también quiero escribir, tocar y cantar).
Ética y estética en el mundo animal. Imposible la una y la otra. Imposible la una sin la otra… (Punto de partida que acaba siempre en el mismo principio, no importan las vueltas que des).
Somos consciencia; sin ella no somos (nada). Quien no tiene consciencia sufre, padece, pero no es.
El futuro nunca llega; simplemente no existe.
La hermandad humana ha sido solo el engaño de un dictador, y la hemos destruido con otro dictador. La hermandad religiosa es obra también de un dictador: dios…
El rincón derecho del sofá rojo sabe siempre que estás tú. La biblioteca que miras, que ordenas y desordenas, es porque estás tú. Los ruidos de la cocina se oyen porque estás tú. La casa en la que vivo tiene nombre de casa porque estás tú.
Quien controla el pasado controla el presente y el futuro.
La memoria nos puede dar lo que la realidad no nos dio.
Lo que nos puede mantener esperanzados es que lo que vemos en el futuro no está decidido.
Todo lo que aprendemos pertenece al pasado.
Solo nos podemos entender mirando hacia atrás. Por delante no se ve nada; quizá entrevemos, imaginamos.
Yo, como humildísimo Wittgenstein, llego ahora a escribir lacónicos párrafos de engañosa apariencia aforística.
Que Dios y Ludwig me perdonen la osadía.
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